Análisis

Hijos e hijas de migrantes

Cinco padres de familia perdieron la custodia de sus hijos en Murcia, España, por dejarlos solos. Esos niños, de entre ocho meses a 9 años retornaron a Bolivia. Se suman a miles que tienen que vivir con sus progenitores. En España, los migrantes bolivianos viven atemorizados ante la posibilidad de perder la custodia de sus hijos. La falta de tiempo por el trabajo, el abandono por compromisos sociales o la delegación de la responsabilidad paterna a otro menor son causales para la pérdida de la custodia.

Una bebé de aproximadamente un año puede ser entregada a sus abuelos que residen en Cochabamba, porque sus padres incumplieron en su atención. Si el Estado español descubre abandono asume la custodia. Los padres pueden solicitar la tutoría de la familia extendida o incluso de amigos. Si es que las autoridades los declaran hábiles, pueden hacerse cargo de los niños, de lo contrario puede ser adoptado.

En España se ha acuñado el término de niños “decomisados”, quienes tienen informes médicos, sociales y escolares al momento de ser reinsertados en su familia o un hogar. Si deben regresar a Bolivia llegan acompañados por un funcionario consular. También pueden regresar con sus padres si se solucionan los motivos del cese de tutoría.

Si se aplicara esta norma en Bolivia, el Estado no podría atender a los miles de niños y niñas abandonados por sus progenitores.

El Informe Especial de Domingo del 1-6-14 refleja las tristes historias de los hijos e hijas de migrantes y el fenómeno social que ha generado el éxodo de bolivianos al exterior.

Los millones de remesas que llegan cada año a Bolivia, equivalentes al 10 por ciento del Producto Interno Bruto, son billetes empapados en lágrimas porque los hijos abandonados sufren demasiado y las madres también. Los niños se enferman, son víctimas de violencia, abandonan la escuela, se enrolan a pandillas o delinquen. Los adolescentes asumen el rol de madre y padre, desilusionados con la promesa de la madre o el padre que año tras año promete volver en Navidad y luego los olvida.

Las llamadas telefónicas aceptan mentiras y cuando los padres llegan descubren la cruda verdad. La soledad y la frustración son sentimientos permanentes en los hijos de los migrantes.

La Pastoral de Movilidad Humana del Arzobispado ayuda a los estudiantes cuyos padres están fuera de Bolivia y ha logrado mejorar las relaciones filiales. Su labor es loable, pero todavía no llega a todos los niños, niñas y adolescentes que lo necesitan.