Análisis

Hay vida desde la concepción, el resto es ideología

Por José Luis Rinaldi y Juan Marcos Pueyrredón

El proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (rectius: ley de legalización y facilitación del aborto) aprobado por la Cámara de Diputados, es mucho más que lo que su título enuncia.

Debe el ciudadano lector saber que el proyecto admite que se puede abortar hasta el día anterior al parto; la distinción entre las catorce semanas de gestación (sin invocar motivo alguno) y los meses siguientes es tan poco precisa, lábil y falta de rigor jurídico, que lo menos que cabe decir es que es deficiente y no superaría ningún examen de técnica legislativa. Hablar de “salud integral de la persona gestante” como pauta para permitir un aborto después de la semana catorce es tan genérica que no es pauta alguna. Además, si no hay vida como sostiene los abortistas, ¿por qué efectuar esa distinción? Y si la vida aparece en la semana catorce, ¿por qué permitir el aborto después de ese plazo? ¿O se trata de la falsa antinomia entre el derecho a la vida y el proyecto de vida de la madre?

También el ciudadano lector debe saber que quienes han aprobado la media sanción, han transgredido la Constitución Nacional, los tratados internacionales a los que ha adherido la Nación y el mismo Código Civil y Comercial de la Nación de 2015.Han sido transgredidos de tal forma que se han debido ocupar expresamente de decir que el aborto se legisla para estar de acuerdo con toda dicha normativa y otras más.. El respeto y cumplimiento de la Constitución Nacional es un mínimo de exigencia que todos los ciudadanos debemos reclamar de nuestros representantes. Hoy es el aborto, mañana será la eutanasia, y luego una planificación familiar según sus propios caprichos; con esa actitud, ¿en qué consiste el respeto a la ley?

Desde que el dato científico nos dice que hay vida con la unión del ovulo y el espermatozoide, ya no se trata de lo que la mayoría quiera, sino de partir de una mínima exigencia ética

El ciudadano lector debe saber que con el proyecto aprobado, todos los gastos derivados de la práctica abortiva serán asumidos por el Estado o bien por la obra social o la prepaga o por quien en definitiva la realice; esto es suficiente para darse cuenta que con los impuestos de todos, aún de aquellos que nos oponemos por razones serias de conciencia, se va a abonar la práctica abortiva, y en el caso de obras sociales y prepagas, significará un aumento significativo de la cuota del asociado.

El ciudadano lector debe saber que si bien se dice que se reconoce lo que se llama la objeción de conciencia profesional, sin embargo el profesional, conforme al art. 10, no puede negarse a practicar el aborto en caso que la salud de la estante esté en peligro; y esa objeción no alcanza a los demás agentes de salud, que afortunadamente también tienen conciencia y sin los cuales no podría practicarse el aborto.

El ciudadano lector debe saber que si bien se reconoce la objeción de conciencia institucional, sin embargo se le impone al establecimiento la obligación de prever y disponer la derivación a un “efector” que realice la prestación, debiendo hacerse cargo de los gastos de la derivación; se lo obliga entonces a convertirse en un colaborador del aborto, por la derivación obligatoria como por los gastos que debe asumir. Si mañana la autoridad les exigiera que habilitaran consultorios oftalmológicos, por ejemplo, ¿nos parecería bien o lo veríamos como un atropello a la libertad individual? Con mucha más razón se da un atropello si lo que está en juego es la vida y se obliga a colaborar con la muerte.

El ciudadano lector debe saber que el tema de la vida no es una cuestión opinable o de mayorías, propias del sistema democrático; desde que el dato científico nos dice que hay vida con la unión del ovulo y el espermatozoide, ya no se trata de lo que la mayoría quiera sino de partir de una mínima exigencia ética. Precisamente han sido los regímenes totalitarios quienes las más de las veces se han cobijado bajo el falso principio de la mayoría para legislar aberraciones; ¿o acaso cree el lector que las persecuciones de que nos habla la historia fueron siempre movidas por un líder carismático sin apoyo de las mayorías?

El ciudadano lector debe saber que los señores senadores representan a las provincias que los han elegido. Y la mayoría de esas provincias todavía conservan valores y principios a los que “lo políticamente correcto” no los ha contaminado, y por lo tanto, aún dentro del juego democrático, los señores senadores se deben a los habitantes de su provincia por sobre sus propias convicciones personales o las conveniencias del gobernador de turno, sea por sus compromisos o su dependencia económica del poder central, o con movimientos foráneos que quieren cambiar nuestra idiosincrasia. Y si su respeto a sus comprovincianos los lleva a enfrentarse con las autoridades locales, sepan que su mandato estará cumplido y sus electores los volverán a elegir, sólo si respetan las dos vidas.

Ya no escribimos para el ciudadano lector; escribimos a ustedes, señores senadores, pues de ustedes depende ahora que la Argentina afirme su identidad defendiendo la vida desde la concepción, y que sean ustedes quienes den un ejemplo de respeto a la vida y al mismo mandato recibido. Es una oportunidad única que tienen ante el mundo y para con nuestra patria; sabemos que es más fácil decir sí al aborto y más difícil decir sí a las dos vidas, pero lo justo y debido es esto último.

Señores senadores: ustedes pueden, y deben.

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