Análisis

EVALUACIÓN DE 58 AÑOS DE LA REFORMA AGRARIA

El 2 de agosto se cumplieron 58 años de la fecha en que se dictó el Decreto de Reforma Agraria del MNR en la localidad de Ucureña, centro del valle de Cochabamba, medida que, elevada a categoría de Ley por el Congreso Nacional en 1956, fue y sigue siendo objeto de diversas críticas y, finalmente, sustituida por la Ley INRA dictada por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, la misma que con algunas modificaciones de forma, se convirtió en la Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria, dictada por el gobierno de Evo Morales.

Dejando de lado aspectos secundarios y tomando su contenido esencial, la Ley agraria de 1953 se caracterizó por los siguientes aspectos: primero, liberó a los campesinos de las haciendas feudales de toda forma de servicios esclavistas gratuitos, como ser el pongueaje, mitanaje, isleño, etc. y de servidumbre feudales, como el colonato, aparcerías, etc. La abolición de esas formas de producción fue seguida de la implantación de un nuevo régimen de producción, mediante el cual todo trabajo que realicen los campesinos deberá ser pagado en dinero en efecto, vale decir un sistema de trabajo capitalista, “salto” de extraordinaria importancia en el desarrollo social. Eso en cuanto al trabajo.

Segundo, consistió en que los campesinos (o indígenas) que hasta entonces únicamente eran meros tenedores y usufructurarios de pequeñas parcelas (sayañas, pegujales) dentro de las haciendas latifundiarias (de las cuales podían ser echados en cualquier momento y cuya producción pasaba en su mayoría a poder del hacendado), fueron convertidos en propietarios de sus parcelas, con derecho absoluto de propiedad.

Por esos aspectos, los campesinos empezaron a cultivar sus tierras propias y, por tanto, su producción ya no pasaba a poder del hacendado que antes se la arrebataba. El campesino pudo en esa forma gozar de las diversas formas de renta territorial que hasta entonces sólo favorecían al latifundista. Así mismo, el campesino quedó libre de comercializar su producción y, al mismo tiempo, dejó de practicar el trueque, aprendió a utilizar el dinero y dejó para el pasado la práctica de producir únicamente valores de mera subsistencia. Al mismo tiempo, el nivel de consumo de la población rural empezó a subir rápidamente.

Por otro lado, los campesinos fueron favorecidos por el voto universal y al mismo tiempo pudieron organizarse libremente en sindicatos e inclusive milicias.

LA CONTRA REFORMA AGRARIA

A partir de noviembre de 1964, dicho proceso empezó a ser modificado por una contra reforma agraria que fue anulando paulatinamente varias de las conquistas alcanzadas hasta entonces. En primer lugar se arrebató a los campesinos el derecho absoluto de propiedad, por lo cual dejaron de obtener algunas formas de la renta territorial; se les limitó el derecho a organizarse, se hizo recortes al voto, se empezó a retroceder a sistemas feudales de producción; se fue anulando el sistema de trabajo asalariado, se retrocedió al trueque; inclusive se empezó a privarles de la misma propiedad.

Esos pasos de la contra reforma agraria se fueron agudizando con el paso del tiempo y los nuevos sistemas fueron siendo legalizados, a partir de la legislación conocida como Ley INRA, dictada en 1996. Más aún, esa legislación fue todavía modificada más a fondo y, en cambio, se dictó la llamada Ley de reconducción comunitaria de Reforma Agraria (2007) que profundizó los alcances neofeudales de la Ley INRA y que está en plena aplicación, determinando la anulación de nuevos modos de producción, privación absoluta del derecho de propiedad y hasta de la misma propiedad a los campesinos, retroceso al pago del trabajo en especie y al trueque, parcelación de la tierra, abandono de la producción, etc. En esa forma, al presente el país enfrenta un retroceso ya no sólo al feudalismo y al esclavismo, sino a relaciones de producción aún más antiguas. La contra revolución agraria está en marcha.