La Paz

Entrevista. El cardenal Toribio Ticona fue compensado con el amor de dos madres

Cardenal Toribio Ticona

El cardenal fue compensado con el amor de dos madres

Toribio Ticona se apuró a entrar al cuartel porque en su casa a veces no tenía qué comer. Con su madre adoptiva probó los manjares más deliciosos.

Para que nadie se diera cuenta que aún no tenía la edad reglamentaria, el joven Toribio Ticona se paró encima de una piedra para igualar a los otros reclutas. Fue aceptado en el regimiento Colorados, primero de Infantería de Potosí, donde aprendió a manejar ametralladoras pesadas y pudo escapar de la pobreza, al menos por un tiempo.

“A veces no teníamos para comer”, dice el flamante cardenal de Bolivia, para justificar su apuro por enrolarse en el cuartel.

No conoció a su padre, pero pudo gozar del infinito amor de su madre, a quien evoca en cada tramo de la conversación.

Ella fue “padre y madre”, ella le esperaba con comida caliente, ella dormía en el suelo junto a él y su hermano, ella le contaba cuentos en quechua, ella le cantaba dulces melodías, para ella compró un terreno en el cementerio Concordia de Cochabamba, donde él también quiere ser enterrado. Él junto a ella.

No quiere que sus huesos descansen en la Catedral como corresponde a su rango. Quiere pasar a la eternidad con ella y con su hermano que ahora vive en El Alto, junto a cuatro hijos.

A falta de un padre, Toribio tuvo dos madres. La segunda fue una mujer belga que lo adoptó “de cariño” cuando él ya era religioso. “Esta señora quería tener un hijo sacerdote, pero era estéril”, cuenta sin perder las sonrisa. Mientras estudiaba, vivió con esa familia por tres años, aunque luego iba de visita cada año y aprovechaba para recorrer otros países europeos del brazo de su madre belga que, orgullosa decía: éste es mi hijo obispo.

Con su madre belga pudo saborear lo más fino de la gastronomía europea y, por qué no, degustar los más exquisitos licores, “aunque poco”.

Pero no son esos sabores los que vienen a su mente cuando habla de sus gustos culinarios. Sus recuerdos parecen saborear la lagua, el pito, “el pancito”, el arroz… Para quien a veces no tenía nada, todo está bien.

El Cardenal, que nunca soñó ser cardenal, fue un sacerdote de vocación tardía porque antes él estaba muy ocupado sobreviviendo. Qué iba a pensar en estudiar.

Fue lustrabotas, voceador del periódico Rebeldía de Potosí, jefe de una sección de la Cervecería de esa ciudad, ayudante de albañil, ayudante de mecánico, minero, misionero, sacerdote, obispo y ahora cardenal. De todos esos trabajos, recuerda como “el más duro” el de la mina, donde estuvo cinco años.

En esas andaba cuando unos sacerdotes belgas llegaron al pueblo y le ofrecieron ser misionero en Atocha. Se fue para allá para ser campanero, secretario y director de obras de la casa cural hasta que le ofrecieron estudiar para cura.

Tenía 25 años cuando fue enviado a un centro de vocaciones tardías en Chile. Dos meses después desertaría porque sus conocimientos de historia y geografía chilena eran muy escasos. Con todos sus oficios no había tenido tiempo de leer casi nada, aunque “la escuela de la vida”, le estaba enseñando mucho.

Regresó para ser formado en el seminario San Cristóbal de Sucre, donde estudió tres años de filosofía y cuatro de teología. Entonces sí tuvo que leer muchos libros.

Ahora, a sus 81 años recién cumplidos (su carnet dice 82 por eso del cuartel), tuvo que volver a leer mucho porque quiere estar preparado para encarar su nuevo desafío como cardenal de Bolivia y “no hacer quedar mal” a la Iglesia.

Cuenta que se levanta a las 4:30 ó 5:00 de la mañana a leer y orar. Pero, no faltan las noches en que no puede dormir y entonces toma una ducha a la 1 de la madrugada como sucedió el día en que Página Siete lo entrevistó.

Pese a ser un obispo jubilado, Toribio Ticona trabaja como presidente de la unidad educativa Santa María, de los padres diocesanos, donde controla la llegada de los profesores y de los alumnos, firma cheques y vela porque todo funcione bien.

Eso sí, no empieza su día sin tomar su cápsula de prolopa, para hacerle una gambeta al parkinson y mantener sus manos quietas. Pese a eso, está muy saludable y lúcido, aunque él cree que sus neuronas están muriendo y que los cuatro idiomas que sabe (español, francés, quechua y aymara) empiezan a mezclarse en su cabeza.

Hace un par de años, al ser entrevistado por José Rivera, de la Conferencia Episcopal, Ticona dijo que sólo aceptó charlar de su vida para que quedara un testimonio antes de su muerte. Ya parecía haber cumplido con todos los designios de Dios.

Sin embargo, desde el domingo pasado, cuando supo que el papa Francisco lo había nombrado cardenal, no ha parado de dar entrevistas y de recibir llamadas de felicitación. El 29 de junio recibirá en Roma los signos cardenalicios. Volverá a la ciudad en la que ya estuvo cinco veces, pero esta vez lo hará como cardenal.

La primera parte de su vida, Toribio Ticona se la pasó huyendo de la pobreza con sus mil oficios, y una vez ordenado sacerdote, hizo todo lo contrario, fue detrás de los pobres para ayudarles en lo que pudiera.

En ese afán, recuerda aquellos años en que fue párroco del municipio de Chacarilla, en la provincia Gualberto Villarroel de La Paz, donde además de ejercer las funciones eclesiásticas, fue nombrado alcalde durante 13 años. Lo mismo daba misa que cobraba impuestos. Durante las efemérides se ponía la indumentaria de cura para el servicio religioso y de inmediato se calzaba la banda de alcalde para presidir los actos cívicos.

No faltó entonces el minero “machito” que lo consideraba un cobarde por el solo hecho de ser cura y Alcalde. Para demostrarle que podía medirse codo a codo con él, Ticona lo desafió a trabajar en la mina. En respuesta recibió una contraoferta: “mejor tomaremos cerveza”. Aceptó el reto y al declararse ganador de la competencia pudo exigir que  reconstruyeran la iglesia.

Ya siendo obispo de Coro Coro, le tocó acoger y recibir a las muchas marchas que pasaban por Patacamaya rumbo a La Paz. Fue ahí donde conoció al ahora presidente Evo Morales, a quien considera su amigo.

Pero, de la labor humanitaria pasaría en octubre de 2003 al papel de mediador cuando, en media carretera se interpuso entre militares y manifestantes para evitar que se derramara sangre. Logró entonces que se abriera el cerco militar y él, como un minero más, llegó a La Paz aquel 17 de octubre, cuando Gonzalo Sánchez de Lozada ya había escapado del país.

No fue la única vez que se involucró en revueltas populares. Participó en otras refriegas en Potosí, en Calamarca y hasta participó de la marcha por la vida. Al fin y al cabo, antes de ser obispo había sido minero y dirigente sindical.

Toribio Ticona es un hombre agradecido por Dios por todo lo vivido. Incluso cuenta que tiene unos buenos ahorros que piensa invertir en un centro para acoger a los niños pobres de Potosí, su tierra natal. Recuerda que en una ocasión, fue invitado a dar una charla sobre la realidad campesina y minera de Bolivia en la Unión Europea y que por esos 10 minutos de discurso le pagaron mil dólares. “Cuando necesiten llámenme nomás”, recuerda entre risas haberles dicho.

El flamante cardenal, que se formó en el cuartel para la guerra, se pasó el resto de la vida buscando la paz. Sin embargo, ni siquiera de esa experiencia militar se arrepiente, pues dice que le ayudó a forjar el carácter. Es un hombre feliz y agradecido con Dios.

Fuente: Página Siete – Mery Vaca  / La Paz

 


Entrevista de Mery Vaca al Cardenal Toribio Ticona publicada en Página Siete

“Le diré que tenga cuidado, que no exagere ni ataque a la Iglesia”

Ticona se pregunta por qué el Presidente sigue siendo dirigente de los cocaleros.

Nunca había dado tantas entrevistas. Nunca tanta gente lo había saludado en la calle. De hecho, Toribio Ticona dice que nunca había soñado ser cardenal de Bolivia. Para él fue una sorpresa, como lo fue para el resto de la comunidad católica. Nunca un indígena quechua, un potosino que encaja en los índices de extrema pobreza, un obispo de Coro Coro, un hombre de vocación tardía había sido nombrado en ese alto cargo.

El día que fue presentado ante los medios de comunicación en la sede de la Conferencia Episcopal (CEB) dijo, sin tapujos, que le parecía que el palacio que mandó construir el presidente Evo Morales representa “mucho lujo”, cuando existen tantas otras necesidades en el país.

“Me parece que es demasiado lujo porque en nuestra patria faltan hospitales, educación y hay tantas necesidades”, dijo.

Días después cuida un poco más sus declaraciones y envía mensajes de diálogo y reconciliación al mandatario, pero lo hace sin empeñar su voz. Dice, por ejemplo, que le parece una contradicción que Morales sea presidente de los bolivianos y dirigente de los cocaleros, cuya producción se destina al narcotráfico. Sin embargo, reconoce avances en materia de lucha contra la pobreza en el gobierno del MAS.

¿Cuál es el reto que le toca cumplir a partir de ahora que ha sido nombrado cardenal de Bolivia?

Lo primero es que quisiera ir a mi tierra natal, Potosí, a mi barrio, estar con los mineros y campesinos, y recordar mi niñez, subir al cerro. Además, con lo que tengo ahorrado quisiera hacer un instituto o un centro para los niños pobres.

¿Cuáles son los planes de la Iglesia respecto a las actividades que usted cumplirá en adelante?

Como yo soy emérito, obispo jubilado, se reduce a poco, no tengo jurisdicción, no soy arzobispo de La Paz, no soy obispo de Coro Coro, más bien tengo que ser misionero para con mis hermanos mineros y campesinos, sin hacer discriminación de la gente de la clase media y pudiente porque todos ante Dios son sus hijos y son mis hermanos.

¿Qué mensaje habrá querido dar el Papa con su designación? Francisco dijo en una ocasión que los sacerdotes deben tener olor a oveja. ¿Qué habrá querido decir con eso?

Tenemos que ser honestos e hidalgos reconociendo que muchos sacerdotes y posiblemente obispos se quedan en sus oficinas, su relaciones son con ciertas familias, se olvidan de su misión de pastor. Seguramente el Papa se da cuenta de eso y dice que no hay que quedarse en el despacho, hay que salir, salir por todas partes. Si nos damos cuenta, nuestra gente, nuestro pueblo, quiere olvidarse de su Dios y faltan evangelizadores, vocaciones, sacerdotales, religiosas, y es por eso que yo no quisiera tener una casa permanente, aunque viviría en Potosí, recorrería minas, campo, pero también la ciudad.

¿Su base va a ser Potosí o La Paz?

El Arzobispo y el señor Alcalde me han pedido que sea La Paz. Sucre ha tenido su cardenal Clemente Maurer, Santa Cruz ha tenido al cardenal Julio Terrazas, y este humilde servidor (tendrá su base) en La Paz, que es parte del eje económico, social y político, sin olvidarme a mi tierra natal, Potosí.

¿Cómo ha visto la relación entre el Gobierno y la Iglesia y las acusaciones de las autoridades  en sentido de que los obispos son jerarcas, colonialistas y opositores?

Como yo soy de extracción campesina, a mi no me hace mella. Pero les cuento que (Evo Morales) es mi amigo. Cuando sus marchas pasaban por Patacamaya, le he ayudado, me ha visitado, y a los marchistas les he dado plátano, pancito. Todas las marchas pasaban por ahí y queriendo sin querer teníamos que estar. Por  eso somos amigos. Es verdad lo del ataque, pero quiero decirle, es la historia, es el pasado. Yo nunca me he sentido jerarca, no me hace mella que diga eso.

¿Usted cree que el Presidente ha cambiado desde aquellas veces en que era dirigente y lo que es ahora?

A veces decimos que somos de extracción campesina minera,  pero tenemos que demostrar con signos, porque la gente ya no cree en lo que hablamos, quiere ver señales, signos de lo que creemos y criticamos. Es difícil, pero no imposible.

El Presidente ha dado la bienvenida a su nombramiento, ¿ha tenido algún acercamiento con usted o se va a reunir?

Solamente por teléfono, pero me va a visitar y yo también lo voy a visitar.

¿Qué le gustaría decirle al Presidente?

Le voy a decir que tenga un poco de cuidado, así como a mí me piden que no hable del Palacio, o de la Casa del Pueblo, que tampoco exagere ni ataque a la Iglesia. La historia tiene un pasado, nosotros somos hijos de obreros, hijos de la clase media, muy pocos obispos deben ser ricos, para qué ofender, más bien  busquemos la unidad, el diálogo, el perdón, el entendimiento entre los bolivianos.

¿El papa Francisco le ha encomendado alguna tarea con Bolivia?

Todavía no, tengo que ir el 25 y el 29 es el consistorio, el Santo Padre me dará los signos de cardenal, ahora soy el cardenal nombrado.

¿Cómo es su relación con el Papa Francisco? ¿Desde cuándo se conocen?

Dios me ha dado un signo increíble. Soy quechua, pero era misionero en Buenos aires, cada año iba por Cáritas, lo he conocido allá cuando él era cardenal. Como todo hijo de un minero, no tengo miedo a nada, ni a la muerte, el minero entra al socavón y no sabe si va a salir vivo o muerto; por eso he aceptado, porque yo podía descansar nomás ya. Pero veo que va a ser una transición para que busquen un cardenal más joven y dinámico porque ya tengo 81 años.

¿Cree que la pobreza en el país ha disminuido o todavía faltan cosas por hacer?

Siempre falta y faltará todavía, pero ha habido mejoras, hay que ser honestos. Quizás la canchas de pasto sintético no era lo primero (que se necesitaba), pero nuestra tierra es amante del fútbol. Creo que hay hospitales, ha regalado casas a los pobres, quisiéramos que haya más, pero hay que ver la economía. Gobernar no creo que sea fácil.

Los obispos han expresado su preocupación por el tema del narcotráfico en una carta pastoral. ¿Cuál es su opinión al respecto?

La cocaína es el veneno para nuestra juventud. Yo he pensado por qué el Presidente no deja de ser dirigente de los cocaleros. Cómo te explicas esa lógica, queremos que no haya narcotráfico, sin embargo, él es el Presidente o secretario de donde producen materia prima.

¿Le parece una contradicción?

A mi manera de ver sí.

La Iglesia también se ha manifestado contraria a una nueva reelección de Evo Morales. ¿Cuál es su opinión al respecto?

No puedo hablar del tema. Tengo que cuidarme porque sólo soy un cardenal nombrado.

La Iglesia pasa por una crisis por las vocaciones y la pederastia. ¿Qué opina al respecto? ¿Qué se debería hacer para recuperar la credibilidad?

Nunca podemos aceptar eso. Cómo es posible, no solamente en sacerdotes, sino papás, personas profesionales violan hasta a sus hijos. Y los sacerdotes en su vida deberían haber elegido o el matrimonio o la vida consagrada a Dios. Yo me acuerdo cuando era jovencito todavía, a un arzobispo y a un nuncio les dije que el sacerdocio debe ser opcional, que aquellos que quieran casarse que tengan su familia, y los que de verdad tienen el carisma, mantengan el celibato, pero el nuncio me contestó: “Tú quieres fundar otra Roma”. En mis tiempos yo era sindicalista, pero era también defensor de los campesinos, mineros y estaba  inclinado a los sacerdotes del tercer mundo, por la pobreza.

¿Cómo hacer para cambiar esta situación y acercar más la Iglesia a la gente?

Primero, dar signos de credibilidad, porque tanto hablamos o escribimos, pero seguimos viviendo igual. Que la gente vea que sus pastores evangelizan, que sus pastores anuncian el reino de Dios, anuncian el evangelio de la alegría, charlar  sin tratar de imponer nada, dialogar.

¿Qué opina sobre la ola de acusaciones sobre el tema de la pederastia que al parecer ya se ha vuelto un tema global?

En América Latina, EEUU y Chile; que tenga conocimiento en Bolivia, no tanto. Como cardenal para Bolivia, quisiera decir a mis hermanos sacerdotes y obispos, que sea un punto de nuestra pastoral. La Iglesia es santa, inmaculada, pero es de hombres pecadores, todos nosotros somos pecadores, pero también nos invita el señor a la conversión en nuestra manera de hablar, de pensar, y en nuestra manera de vivir. Pero también quisiera que utilicemos el método de la vida, de un cardenal obrero, fundador de la juventud obrera católica, ver la realidad a la luz del Evangelio. Voy a ser un cardenal de transición, haré lo que pueda porque amo a mi Iglesia, al Santo Padre y a la Virgen.

Aparte del trabajo en los templos, la Iglesia tiene mucho trabajo social.

Algunas iglesias pertenecen a las Fuerzas Armadas de la nación porque la Virgen del Carmen es generala, pero la capilla, la iglesia del Carmen, donde vivo, se está arruinando poco a poco, cómo es posible. Los militares deberían dar una cuota de 10 bolivianos y los soldaditos a un boliviano para que todos hagamos de nuestra Iglesia una cosa más presentable, mientras que los ingresos deben ser para el mantenimiento. Ahora buscamos cada uno lo nuestro y aunque nuestra Iglesia se caiga. Sé que me van a atacar, pero la verdad es la verdad.

En general las iglesias están muy descuidadas.

El Alcalde (Luis Revilla) ha prometido que nos va a ayudar para mejorar. Y todos los cristianos deberíamos ayudar. Para la fiesta del Gran Poder van a gastar millones y ¿nuestras iglesias? La fe no consiste en eso, ni la devoción, si bien hay un sincretismo, un rato están con Dios y otro rato están con el mal.

El Gobierno ha tomado medidas económicas, como el doble aguinaldo, ¿cómo está afectando eso a las obras sociales de la Iglesia?

Cuando me encuentre con el Presidente le voy a pedir que ayude a las obras sociales, pero también que la Iglesia no saque su bandera para decir “yo he hecho”, sino, todos deben trabajar para hacer el bien a nuestra patria.

¿Una forma de ayudar sería que se libere del pago del doble aguinaldo o cuál sería la forma?

Exactamente, pero, cuidado, que trabajamos con personas que necesitan comer y vestirse, más bien debería ayudar en el tema impuestos.

Como un hombre de lucha, como un sindicalista, ¿cómo ve al papa Francisco? ¿Cree que Francisco es un papa progresista?

Los últimos papas se han acercado más a los pobres, han visto la necesidad, todos los problemas. Nos dicen que somos burgueses, colonizadores, pero la Iglesia está trabajando en otro sentido gracias al Papa que da también el ejemplo. No hay que olvidarse la acción de Dios en el mundo, es tiempo de renovación espiritual. Pero falta sacerdotes y religiosos, pero la Iglesia somos todos, nosotros seremos ministros, pero ustedes son la Iglesia.

El Papa ha abierto un debate sobre la familia, el divorcio y otros temas polémicos, ¿qué puede decir al respecto?

No admitiría mucho yo. Cómo es posible que un hombre y una mujer que un día han manifestado que se quieren para toda la vida, que después se divorcien, cómo es posible, que lo que Dios puso en el corazón del hombre y la mujer, lo rompan, no puedo entender eso. El divorcio no debería haber, porque la mujer no es un objeto. Cuando era sacerdote en la mina de cobre de Chacarilla, sabía que algunos obreros tenían dos mujeres, iba a visitarles y decirles, “hermano, vengo como sacerdote para decirte que no está bien que tengas dos mujeres, te voy a hacer botar de la empresa”. Pasa un tiempo, nos encontramos en El Alto y me dice: “tata, comeremos un fricasé con bicervecina, ya no tengo dos mujeres”. El diálogo, la pastoral pueden hacer cambiar, tenemos que atacar el mal, tenemos que buscar la felicidad en el matrimonio. Por eso soy defensor de las mujeres.