Beni

El Obispo del Beni, Julio María Elías, nos cuenta cómo celebró San Francisco Javier, patrono de las misiones

Ayer, 3 de Diciembre, fiesta de San Francisco Javier, patrono de las Misiones junto con Santa Teresa del Niño Jesús, fuimos, por carretera, las Hnas. Rosalba y Griselda y yo, con un grupo de jóvenes, a la comunidad de San Borja, a orillas del río Blanco. La visita fue para bendecir su nueva iglesia, en la que se venera a su patrono, San Francisco de Borja. Después de dos horas y media, transitando una carretra desde Magdalena a San Borja, en mal estado y sin mantenimiento, llegamos a esa comunidad a las 3:15 p. m., siendo acogidos con mucho cariño por los pobladores católicos, especialmente por D. Angel y Dª. Antonia, que nos esperaban con un lindo almuerzo.

Después de los tres toques de rigor de su particular campana y reunida la comunidad, tuvimos la bendición de la nueva iglesia, con agua bendita e incienso, habiendo hecho previamente la siguiente oración de bendición:

“Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida, que tanto amas a los hombres que no sólo los alimentas con solicitud paternal, sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza; y así has querido en tu designio misericordioso, que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal, mueran con Cristo y resuciten inocentes, sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno; santifica con tu bendición esta agua, creatura tuya, para que rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia, sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templos de tu Espíritu; concédenos a nosotros y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios llegar a la celestial Jerusalén. Por Jesucristo nuestro Señor”.

Antes de la bendición les recordé cómo los jesuitas, al crear una población bajo la protección de Dios, de la santísima Virgen María o de un santo, lo primero que construían era la iglesia por ser la Casa de Dios y Puerta del cielo de dicha población. Y en la entrada, bien visible, colocaban esta frase, en latín, del libro del Génesis 28, 17: “Hic domus Dei et porta coeli”, traducida al castellano:

“Aquí la casa de Dios y puerta del cielo”.

Se debe, por tanto, tener muy presente que, como morada de Dios y puerta del cielo de la comunidad, debe ser embellecida y cuidada por todos los sanborjeños y llegar a ella para encontrarse con el Señor, escuchar su Palabra y celebrar los sagrados misterios.

Una vez bendecido, entramos a la nueva iglesia, cantando: “¡Qué alegría, cuando me dijeron vamos a la casa del Señor! ¡Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén!”

Al final de la Eucaristía y, antes de impartirles la bendición, les dije que en la Asamblea del Consejo Pastoral Ampliado del Vicariato, celebrada del 25 al 29 de Noviembre en Trinidad, expresé la necesidad de que toda comunidad rural del Vicariato debe tener sus “animadores religiosos”, que reúnan a la comunidad en la iglesia el día domingo, y presidan la celebración dominical, en ausencia del sacerdote, de la Palabra de Dios, y preparen a los fieles para los sacramentos, de forma que cuando llegue el sacerdote se puedan tener los sacramentos, que sólo el sacerdote puede administrar: la Eucaristía, la Reconciliación o Confesión y la Unción de los enfermos.

Manifesté mi gratitud a las Hnas. del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada y a todas las familias de San Borja, como a personas e instituciones del Beni y del exterior, que han hecho posible tener un templo tan hermoso y acogedor.

Ya de vuelta a Magdalena, donde me encuentro, y a Bellavista para los bellavisteños, el Señor nos regaló con una atardecer que he querido compartir con ustedes, junto con fotos tomadas en San Borja.

Julio María Elías 

3 de diciembre 2019

Foto galería compartida para los lectores de Infodecom. (fotos tomadas con el permiso desde el “fais” de mons. Julio)

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