Análisis

EL DÍA DEL ÁRBOL

Tuve que retornar de Cochabamba “con dispensación de trámite y voto de urgencia” al ser llamado por mis amigos yatiris y mis amigos del Movimiento Al Socialismo (rama de El Alto) para celebrar “El Día del Árbol”, acontecimiento muy importante en la vida de quienes gozan de la felicidad de quienes están en el poder.

Cuando le comuniqué esta decisión a mi Transportadora Oficial, mi comadre se opuso con sabias palabras y me dijo: “no, pues, compadrito, cómo vamos a dejar Cochabamba, que es un valle lleno de árboles y nos vamos a trasladar a El Alto, tierra altiplánica donde no hay un solo árbol, abandonando –además– la tierra donde nació Man Césped, el boliviano que más amó a los árboles y pidió a Dios que lo convirtiera en árbol…”

Dije a la cochabambina que yo admiraba su sabiduría, pero que en El Alto no celebraríamos al Hermano Árbol, sino al árbol del Poder, donde se posan los pájaros más felices de Bolivia y lanzan sus trinos y donde también hacen sus nidos, donde cuidan sus huevos, de donde saldrán muchos polluelos.

Comprendió mi decisión la abnegada mujer y dijo: “Ah, compadre, ahora recién entiendo que se está usted refiriendo al famoso árbol del Poder al que el doctor Paz Estenssoro describió como a un enorme peral donde querían subirse todos los compañeros y donde las peras no alcanzaban para todos…”. Quise abrazar a mi comadre por su buen discernimiento, pero ella no se dejó abrazar y me dijo: “¡Guarda, guarda, compadre que yo no soy ninguna pera ni tampoco una manzana, que es la que perdió a Adán…”

Montamos en mi motocicleta Harley Davidson y en pocas horas arribamos a la ciudad de El Alto, dirigiéndonos al naiclú “Malena”, donde mis amigos yatiris y otros amigos masistas, devotos seguidores del alcalde Patana celebrarían el Día del Árbol, mientras algunos nos antojábamos.

Nos invitaron a sentarnos a la mesa del yatiri Wayruru, Calimán y Titirico, donde Calimán dijo en palabras elocuentes:

“Hermanos y hermanas celebremos con gran alborozo estos seis años de vida y placer, no exentos de algunas preocupación que vivimos en las ramas de este árbol maravilloso que es el Árbol del Poder e invitemos a nuestros amigos a compartir un poco la felicidad que nos embarga”. Y empezó a correr el “champú”.

Wayruru me relató los muchos viajes que había realizado por el mundo acompañando unas veces al presidente Evo y otras al canciller Choquehuanca, explicándome sus largos itinerarios a bordo del moderno y carísimo avión presidencial.

Mientras Titirico le contaba a Macacha que cuando estás viviendo en ese árbol milagroso no tienes problemas de ninguna clase y todo se resuelve fácilmente: dinero a discreción, documentos oficiales al instante, y cariño y adulaciones en todo lugar del territorio nacional.

Wayruru nos explicó que, también, estás obligado a realizar algunas tareas, pero todo se hace fácil cuando estás en el árbol.

Bailamos hasta el amanecer y Macacha me dijo al salir: “Vámonos de este árbol porque vivimos en otro”.