Análisis

El Desarrollo y la Educación en Valores Humanos

Somos testigos del incremento de la violencia y la inseguridad que vulneran nuestros derechos y afectan al desarrollo. Vivimos con temor y zozobra; la crisis económica, moral y espiritual ensombrece nuestra vida y futuro. Se clama por soluciones y se manifiestan reacciones de indignación y rechazo a los agravios a la vida.

A pesar de algunos cambios positivos y avances normativos e institucionales, falta mucho por hacer en un contexto globalizado y de grandes diferencias, caracterizado por individualismo, relativismo y permisividad.

El país aún se destaca por tener altos índices de pobreza, desempleo y mala redistribución del ingreso; baja calidad e insuficiente acceso a servicios básicos, salud educación, capacitación técnica y profesional. Se percibe inseguridad, una administración de justicia ineficiente, poca credibilidad y ausencia de una visión de país desarrollado y estable democráticamente e integrado en la diversidad cultural donde se respete la dignidad humana.

¿Seremos culpables de actitudes o de negligencia al no cumplir las normas, el respeto a las leyes y dejar libres los caminos a delincuentes y corruptos, permitiendo la contaminación y decadencia de nuestros estamentos sociales y políticos?

Es vital proponer soluciones y es un desafío que hay que afrontar asumiendo una actitud activa ante lo que se considera injusto y perjudicial, más aún si se atenta contra la vida. Debemos asumir con valor nuestra corresponsabilidad en los destinos de la sociedad y admitir la realidad, plantear soluciones ante los múltiples escenarios que precisan de atención, y hacer conciencia de cumplir las propuestas.

Se destaca ahora la importancia de la enseñanza de valores humanos. Con la mano al pecho, si pretendemos hacerlo debemos empezar por nosotros, los responsables de la educación de nuestros hijos y de futuras generaciones que aprenderán de nuestro ejemplo. La gran masa estudiantil debe ver en los mayores un buen ejemplo y modelo de ciudadanos responsables y solidarios. Una buena educación debe comenzar en la familia y continuar en la escuela con profesores idóneos.

Enfoquemos la atención en la formación de personas competitivas, emprendedoras y creativas, con valores y principios. Solo con el esfuerzo de todos, familia, instituciones y gobierno, lograremos ser gestores de una cultura humanística caracterizada por el respeto a la persona humana y a la justicia, para lograr nuestro desarrollo en armonía y paz social.