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El Cor Unum, Pontificio Consejo para la promoción humana y cristiana visita Filipinas para valorar los daños del tifón Haiyan

El cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, visitó las Islas Filipinas e inauguró un orfanato, que incluye una residencia de ancianos y una pequeña clínica, para los niños que perdieron sus familias luego del violento tifón que arrasó con el archipiélago hace tres meses. También se informó que el tifón dañó seriamente 70 iglesias.

La Conferencia Episcopal puso en marcha el programa ¨Adopta una parroquia” para financiar a distancia la reconstrucción de los templos; en tanto, el organismo pontificio coordina todas las organizaciones católicas en el país.

Escombros, basura y edificios destruidos es lo que todavía queda en las calles de Filipinas tres meses después de que la isla fuera arrasada por el tifón Haiyan. A pesar de la ayuda internacional, mucha gente sigue en situación de emergencia. Ante esta situación, el Pontificio Consejo Cor Unum visitó las zonas más afectadas para revisar los esfuerzos de reconstrucción de las organizaciones católicas, incluido un proyecto en nombre del Papa.

“Hemos prometido la construcción de un orfanato, porque hay muchos niños que se han quedado sin familias y hace falta un lugar donde recogerlos y empezar a ver un poco el futuro de estos niños”, confió el vicesecretario del organismo pontificio, monseñor Segundo Tejado Muñoz.

Por su parte, el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, inauguró en el trayecto de su visita un orfanato que incluye una residencia de ancianos y una pequeña clínica. En su visita a las instalaciones, el purpurado de Guinea presidió un momento de oración y manifestó a sacerdotes, obreros y familias afectadas que el “el Bien reside donde están los pobres”.

Estos proyectos son algunos de los muchos esfuerzos para reconstruir el país. Además del deterioro en casas y oficinas, Cor Unum informó que el tifón dañó seriamente 70 iglesias. Incluso el cardenal Sarah tuvo que celebrar la misa al aire libre, solo al resguardo de una carpa.

“Le preguntábamos a las personas qué era lo que les preocupaba más y decían la reconstrucción de la iglesia –confesó monseñor Tejado Muñoz-. Porque el templo en las Filipinas, un pueblo de una gran fe, hace de cohesión social. Es el lugar donde han encontrado el primer refugio, es el lugar donde han encontrado la primera comida, el agua potable”.

Entre las iniciativas para ayudar a reconstruir la isla, la Conferencia Episcopal de Filipinas puso en marcha el programa “Adopta una parroquia”. De esta forma, muchos pueden financiar a distancia la reconstrucción de iglesias concretas en las áreas afectadas, mientras el Pontificio Consejo Cor Unum coordina todas las organizaciones católicas en el país.

A pesar de los daños, la delegación que visitó Filipinas afirmó sentirse “impactada” por la profunda devoción que el pueblo filipino tiene. El Pontificio Consejo cree que la fe les guiará en el largo camino hacia la recuperación, con la ayuda de toda la comunidad católica.