Análisis

Editorial -Correo del Sur-: “El peligro del descontrol”

El ataque que sufrió ayer el Gobernador de Chuquisaca, como un capítulo más de la ya extendida historia del conflicto por el campo gasífero Incahuasi, es apenas una muestra de lo que puede ocurrir cuando una movilización, como la que se desarrolla en nuestro Departamento, no es manejada con el tino que amerita todo movimiento de gente.

Hay, en el fondo de todo esto, un sentimiento de frustración e impotencia. Chuquisaca, como los demás departamentos que no forman parte del eje central, lucha solitaria por su desarrollo. La deuda que tiene Bolivia con la región es inmensa pero no se la reconoce en su real magnitud. Baste decir, por ejemplo, que, más allá de los límites departamentales, a pocos les importa el hecho de haber despojado a Sucre de su condición de capital plena mediante una guerra que, pese a su brevedad, fue igual de sangrienta.

Despojada de su capitalidad –con el mero consuelo de ser sede del Órgano Judicial–, Sucre, de manera particular, y Chuquisaca, de forma general, debieron afrontar su presente y futuro mirando las espaldas de un poder central que se decantó por las regiones que, por su privilegiada posición geográfica, aprovecharon el comercio para labrar sus destinos.

Tanto este departamento, como los otros del sur del país, se vieron postergados en su desarrollo y, de esa manera, el país se convirtió en un Estado inequitativo en el que unas pocas regiones, las del eje, se beneficiaron en detrimento de las demás.

Por eso es que, cuando estalla un movimiento como el presente, las frustraciones se desatan y evitan que se tome decisiones racionales. La gente deja salir su rabia e impotencia y la refleja en las calles, ya sea impidiendo el paso de vehículos y otras personas o bien, como ayer, atacando a la figura más representativa del Gobierno al cual se le exige una reivindicación. Ahí es donde radica el riesgo. Cuando la muchedumbre se descontrola, puede causar daños físicos. Si el ataque de la víspera hubiese causado algún daño grave en la persona del gobernador, toda la unidad que se ha conseguido con esta movilización se hubiera trastocado. La región entera sería criticada por un acto que, más allá de justas reivindicaciones, se hubiese convertido en un acto de vandalismo o algo peor.

Por ello, quienes están a cargo de esta movilización deben tomar en cuenta este episodio para evitar que suceda algo parecido. De lo que se trata es de conseguir que el Gobierno, y el país entero, reconozcan los derechos que Chuquisaca tiene sobre el campo Incahuasi, no de causar daños físicos a personas, sean estas autoridades o no.

Hay que recordar que, al margen de los beneficios que reportan los hidrocarburos–que, finalmente, son recursos no renovables–, esta región aspira a vivir del turismo y, por ello, no se puede dar el lujo de maltratar a los eventuales visitantes que se quedaron varados como consecuencia de los bloqueos. Lo mejor es permitirles que salgan del Departamento y retornen a sus lugares de origen.

Está, también, el hecho de que Sucre es una ciudad estudiantil y alberga a una gran cantidad de universitarios provenientes del interior. La mayoría se quedó varada en la capital. Si se los retiene más tiempo, con la probabilidad de que no vean cómo abastecerse de alimentos, se corre el riesgo de dañar, quizás irremediablemente, la imagen de Sucre como un lugar apto para estudiar una carrera universitaria y eso causaría daño económico a la región.

Son estos algunos aspectos que se debe tomar en cuenta para evitar que una movilización así se desnaturalice o sea mal utilizada por elementos político-sectarios.

Cuando estalla un movimiento como el presente, las frustraciones se desatan y evitan que se tome decisiones racionales. Son muchos aspectos a considerar para evitar que una movilización se desnaturalice o sea mal utilizada por elementos político-sectarios.

[Fuente: Correo del Sur]

[Imagen: opinion.com.bo]