Análisis

Comunicación e interculturalidad

La historia de América está llena de hechos de (in)comunicación. Así, por lo menos, hace notar Jesús Martín Barbero (2003) cuando asegura que estas tierras heredaron una cultura de la incomunicación. Por ejemplo, en la historia de la conquista española no hay sólo una aventura política que ha sido en buena parte llamada “filosofía latinoamericana”; es decir, importación de las ideas de la ilustración, de un anacrónico romanticismo y un desvaluado positivismo. De ahí que nuestras instituciones, las formas de conducta, las costumbres, coincidan muchas veces con “esa entidad ambigua” que somos.

Democracia de “ficción”, libertad de prensa, administración de justicia, estándares de moralidad o valores sociales “de ficción”.

Por otro lado, Rosa María Alfaro (2006), asegura que la cultura se refiere a la organización de la vida diaria como a los niveles simbólicos y subjetivos vividos por la población, en interacción con la experiencia social más cercana y los medios masivos de comunicación. ¿Y lo intercultural?, dice Xavier Albó (2002), podrían ser el mapa y el paisaje pluricultural de una ciudad, región o país, el inventario de rasgos de cierto origen cultural presentes en otro medio cultural, el análisis teórico de las semejanzas, conflictos e intercambios entre determinados capítulos de dos sistemas culturales, la adopción, adaptación o rechazo, por parte de miembros de un grupo cultural, de elementos culturales de otros, con las motivaciones y factores que llevan a ello y otros.

Ahora, la comunicación intercultural, dice Alfaro, está subordinado a otros elementos; es decir, la cultura y la comunicación aparecen como dos campos secundarios y dependientes de lo económico y social, válidas más bien para la acción.

Al parecer la cultura sólo atañería, incluso, a las diferentes etnias y a los sectores populares como si los demás seres humanos carecieran de ella. De allí se transita a identificar la gestación de otros espacios culturales como el masivo, la importancia de hacer visible la pluralidad, de construir voces múltiples. Tal momento justifica la intervención cultural y comunicativa por sí misma deja de ser consecuencia y derivación mecánica de lo social. Los procesos objetivos-subjetivos son lo importante. Hacer comunicación significa involucrar la dimensión cultural, anotando asociaciones profundas entre ambas. La diversidad cultural no significa, por lo tanto, sólo un conglomerado de diferentes culturas sino una interacción entre modernidad y tradición como entre unas culturas y otras, creando diferentes sentidos sobre la comprensión del sí mismo y el de los otros. Pero, ¿cómo podemos ir visualizando lo intercultural en los medios?

De acuerdo a Alfonso Gumucio (2009), la radio ha sido y es el medio de información más común y abarcador en el territorio nacional, particularmente por tratarse de un país multiétnico y pluricultural. Bolivia es el país pionero en el mundo en materia de radios comunitarias. Ahora, esta realidad descrita se viene superando, poco a poco, en Bolivia; por ejemplo, la Red Erbol, Televisión Boliviana e incluso la Red Televisiva ATB tienen programas en quechua. Eso, es una forma de reconocer, lo que Alfaro llama al “otro” como distinto, culturalmente hablando. Estos temas y otros están siendo abordados en las “II Jornadas de Comunicación para el Desarrollo”, en la carrera de comunicación de la Universidad Autónoma del Beni, hoy viernes 23 y mañana sábado 24, organizado por el Colegio de Comunicadores Sociales de Bolivia y de Beni.

El autor es presidente del Colegio de Comunicadores Sociales de Bolivia