Internacional

Celebran con Misas los 100 años de proclamación de Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba

Con Misas en el Santuario del Cobre (Cuba) y en la Ermita de la Caridad de Miami (Estados Unidos), los fieles cubanos celebraron ayer martes los 100 años de la proclamación de la Virgen de la Caridad como Patrona de la isla.

La celebración Eucarística en el santuario mariano del Cobre fue presidida por Mons. Dionisio García, Arzobispo de Santiago de Cuba y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, acompañado por los obispos del país y cientos de fieles venidos de diferentes partes de la isla.

El 24 de septiembre de 1915 un grupo de veteranos de la guerra de independencia firmaron en el Santuario de la Virgen de la Caridad, en Santiago de Cuba, una carta dirigida a Benedicto XV para solicitarle que proclamara a esta devoción mariana como Patrona de la isla. El pedido fue recibido con agrado por el Pontífice quien, también a través de una carta, hizo la proclamación el 10 de mayo de 1916.

La carta de los veteranos de la independencia y fragmentos de la misiva de Benedicto XV fueron leídas durante la ceremonia.

Misa en Miami

Por su parte, los fieles residentes en Estados Unidos se reunieron en la Ermita de la Caridad en Miami para celebrar este centenario y recibir en procesión la imagen de la Virgen de la Caridad que el Papa Francisco trajo en 2015 de parte de los cubanos de la isla para sus hermanos en el exilio.

La Eucaristía en la Ermita fue presidida por el Arzobispo de Miami, Mons. Thomas Wenski, quien afirmó que la imagen traída desde la isla es “un hermoso gesto de unidad, en el amor a esa Madre celestial que a todos nos cubre bajo su manto”.

En su homilía el Prelado reflexionó sobre el pasaje evangélico de la Anunciación y la visita de María a su prima Isabel. “La figura de María entra así en la historia del pueblo creyente. De la misma forma que llegó hasta la casa de su prima, llega también en silencio a nuestra casa para arrimar el hombro y darnos una mano (…), para escucharnos, para consolarnos, para compartir nuestras penas y nuestras alegrías; para estar a nuestro lado en todo momento y en todo lugar”, afirmó.

En ese sentido, Mons. Wenski recordó el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad por dos indígenas y un esclavo en la Bahía de Nipe 1612. “Llegó a Cuba como una celeste misionera balsera, empinada sobre un frágil madero”, vino para quedarse para siempre en la historia del pueblo cubano y “sigue sosteniendo la esperanza de los balseros, que hoy continúan enfrentando el peligroso mar que los separa de la ansiada libertad”.

“Y es que María de la Caridad no deja de interceder por nosotros. Como en las bodas de Caná, ella sigue diciéndole a Jesús: Hijo, a los cubanos les falta el vino de la esperanza; necesitan regresar a los valores del espíritu; no permitas que les falte la alegría, ni el don de la solidaridad; no permitas que olviden sus raíces o que las frustraciones, el tiempo y la distancia les amarguen el corazón”, expresó el Arzobispo.

“La Virgen de la Caridad se puso en camino hace más de cuatro siglos para visitar a un pueblo y se quedó con él. Ella, pequeña y callada, pero firme y tenaz, ha mantenido vivo el fuego de una fe que ninguna de las tormentas que ha azotado al pueblo cubano ha podido apagar. Ni siquiera la más agresiva campaña atea del gobierno comunista pudo sacarla de lo hondo del corazón de su pueblo, que hoy la aclama con las palabras de Santa Isabel: ¡Bendita tú entre todas la mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”, añadió.

Antes de culminar su homilía, Mons. Wenski invitó a los cubanos a ponerse en camino como María y ser “una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación”.

“Santa María de la Caridad, escucha al pueblo que esta noche has venido a visitar una vez más, y adelanta para Cuba la hora de la reconciliación en la verdad, acompañada de la libertad y la justicia. Que por la intercesión de María los cubanos sepan transitar ese camino estrecho entre el miedo que cede al mal y la violencia que bajo la ilusión de luchar contra el mal solamente lo empeora. Virgen de la Caridad del Cobre, ¡cúbrenos con tu manto! Amén”, culminó el Prelado.