En el prólogo de la segunda edición del libro “Tito Solari La Fuerza de la Humildad, Historia de un Pastor” de Ariel Beramendi, el expresidente de Bolivia, Carlos D. Mesa, destaca el testimonio de vida del obispo, su humildad, su trabajo por la educación, su coraje por las luchas sociales y su convicción por la misión en un país ajeno al suyo.
Mesa recuerda que su primer contacto con Monseñor Tito Solari no fue nada cordial y de hecho hubo un ‘disgusto’ de por medio. Fue en una reunión del 2003, cuando Carlos Mesa ocupaba la vicepresidencia del Estado y Solari presidía la Conferencia Episcopal de Cochabamba, donde el prelado exigía al Gobierno aumento de ítems para maestros de colegios de convenio, demanda que jamás fue atendida debido al déficit fiscal.
“Hoy, a la distancia, comprendo perfectamente la postura de Tito Solari, cuyo objetivo y prioridades vinculadas a lograr una educación de calidad en un contexto de escasa o nula disposición del Estado, tenían un objetivo superior incuestionable”, confiesa trece años después de aquel episodio en el preámbulo titulado ‘Un Pastor’.
Mesa señala que el libro de Beramendi, es un retrato sencillo pero intenso de una vida dedicada a Dios sin retaceos. Destaca que el ‘bien hilvanado’ relato, da una sensación permanente de paz interior, aún en los momento más duros. “Se mira el alma de Solari en su vínculo con un padre poco convencido de aceptar a un hijo sacerdote y menos a uno misionero (hermoso es el reencuentro boliviano entre padre e hijo) y, a la par en una madre y una tía plenamente ligadas a la vida del pastor de almas”, comenta.
El reconocido periodista e historiador de Bolivia valora el hecho que a Solari le tocó el complejo tránsito que vivió la Iglesia Católica desde la posguerra hasta los turbulentos años sesenta y, que fue capaz de entender su transformación sin vincularse con el terremoto que marcó a tantos sacerdotes, el de una opción preferencial por los pobres vista desde la radicalidad de la acción, del compromiso político (por ejemplo, el de los Prats, Lefebvre y Espinal en el caso boliviano).
Mesa también destaca la primera misión de Tito Solari en el municipio de San Carlos, en la zona de la Yacapani. “Allí está su pasión joven, el impacto de la pobreza y la marginalidad…pero en ese pueblo Solari conoció, a pesar de todo, la inmensa alegría de vivir, la profunda fe, la ilusión de su utopía personal, la razón verdadera por la que había sido ordenado sacerdote”, explica el historiador.
Carlos Mesa sostiene que Monseñor Solari es un caso emblemático de vocación por los más pobres ‘sin demagogia, sin militancia de partido, sin panfletos, sin excesos, con valentía para hablar claro’. “Impresiona su decisión de ir a una misión para toda la vida, impresiona su convicción, el matrimonio con una sociedad desconocida que se volvió suya a fuerza de compartirla, sufrirla, disfrutarla y construirla”, opina el expresidente de Bolivia, sobre la vida de Solari, que también fue Arzobispo de Cochabamba.
A Tito Solari, según Carlos D. Mesa, como a tantos otros le ha valido la acusación desmesurada e injusta del gobierno del Presidente Morales porque libre y democráticamente expresa su opinión sobre el primer mandatario y su estilo personal, así como algunas acciones de su gobierno. “Este libro es un recordatorio, además de un testimonio, el de una sociedad todavía muy injusta y discriminadora, a la que le hace falta recorrer mucho camino, pero es sobre todo una señal de fe”, dice Mesa, al señalar que la vida de Solari, nos deja un hilo conductor, la humildad, el sentido profundo de lo humano y el compromiso con su espiritualidad como sacerdote. “En suma reafirma que el decir y el hacer deben estar intrínsecamente unidos”, puntualiza.


