Santa Cruz

Arzobispo de Santa Cruz agradece a voluntarios y comisiones que ayudaron en la visita de Francisco (Video)

Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, en la Santa Misa realizada en la Catedral de la Capital Oriental, agradeció a todas las personas que trabajaron en la organización de la visita del Papa Francisco; principalmente a esta jurisdicciòn.

Mons. Gualbertì planteó su eterno agradecimiento y aprovechó de recordar aquellos momentos y palabras que el Santo Padre expuso en su encuentro con la Iglesia de Bolivia.

Homilía de Mons. Gualberti (IglesiaSantaCruz.org)

Estamos celebrando esta Eucaristía en acción de acción de gracias a Dios por el don de la visita del sucesor del apóstol Pedro, el Papa Francisco, a Bolivia y en particular a nuestra Iglesia de Santa Cruz. Ha sido de verdad la “fiesta del encuentro” con el Señor en la persona de su enviado, el mensajero de la alegría del Evangelio y testigo del rostro misericordioso de Dios.

La visita ha sido precedida durante tres meses con tantas reuniones, actividades y trabajos, donde estuvieron involucrados muchísimas personas, grupos y comisiones de Iglesia, MCS, instituciones civiles, fuerzas del orden y gobierno municipal, departamental y nacional. Miles de voluntarios, de toda edad y profesión, gratuitamente han sacrificado tiempo, trabajo, familia, con generosidad y entrega admirables, sin que cuente el cansancio y el sueño. Cuantas familias, comunidades parroquiales y alojamientos han abierto sus puertas para hospedar gratuitamente y con mucho cariño a los numerosos huéspedes llegados de tantos lugares. A todos los que de alguna manera han colaborado al éxito de la visita del Papa, va mi profunda gratitud y la de toda la Iglesia con las bendiciones del Señor.

La unión, la entrega y compromiso generoso de todos ha permitido que miles y miles de personas, desde toda Bolivia y del exterior, hayan podido vivir personalmente o a través de los medios de comunicación, una verdadera experiencia de fe y la alegría de la comunión eclesial. Hemos sentido que no estamos solos, hemos tomado conciencia que somos Iglesia, el Pueblo de Dios y que nuestro Pastor está a nuestro lado, que conoce y comparte nuestras esperanzas y alegrías, pero también nuestras tristezas y sufrimientos. Han sido días que quedarán grabados no sólo en la historia de nuestro país y de la Iglesia a través de documentación escrita, fotográfica y obras artísticas, sino sobre todo en la memoria y más aún en el corazón de todos nosotros.

Mi agradecimiento sincero va también a todos aquellos que han participado con intensidad de los momentos inolvidables de la Eucaristía, de los encuentros con los movimientos populares y con los privados de libertad en Palmasola, a la multitud que se ha volcado en el parque lineal Mutualista, en las calles y avenidas de nuestra ciudad, para acoger, acompañar al Papa en todos sus desplazamientos y con el deseo de poderlo ver aun fugazmente, sentir su mirada, dejarse contagiar por su sonrisa apacible y recibir su bendición.

El Papa Francisco ha tenido palabras iluminadoras y directas que denotan su conocimiento profundo de los corazones de los bolivianos y de nuestra realidad, eclesial, social y política y además de mostrar su ardiente anhelo misionero de anunciar y testimoniar la palabra de Dios cautivadora y salvadora. Solo resalto tres palabras: pobres, misericordia y diálogo.

En sus discursos el Papa ha privilegiado una categoría de personas: los pobres, los ancianos, los enfermos, los privados de libertad, los niños huérfanos y de la calle y toda persona excluida de la sociedad. El Papa nos ha llamado a luchar en contra de toda exclusión, a solidarizarnos con las víctimas de las injusticas, a ser constructores de paz, reafirmando la centralidad y preeminencia de la persona humana, creada a imagen de Dios. «No es necesario excluir a nadie, no es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer».

Este compromiso conlleva nuestra solidaridad y el testimonio de la fuerza trasformadora de la misericordia y del perdón, animados también por el próximo Año jubilar de la Misericordia. “No tengo mucho más para darles u ofrecerles, pero lo que tengo y lo que amo, sí quiero dárselos, sí quiero compartirlo: es Jesús, Jesucristo, la misericordia del Padre que vino a mostrarnos, a hacer visible el amor que Dios tiene por nosotros. Por vos, por vos, por vos, por mí. Un amor activo, real. Un amor que tomó en serio la realidad de los suyos. Un amor que sana, perdona, levanta, cura. Un amor que se acerca y devuelve dignidad”.

El Papa, hombre de paz, nos ha indicado además que hay un único camino para una solución justa de las tensiones y conflictos a todos los niveles, tanto al interior como al exterior de nuestro país.
El “Diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas”.

El Papa en esas pocas horas pasadas entre nosotros, nos ha anunciado el Evangelio no sólo con sus palabras, sino también con los gestos y testimonio de vida, propios de un hombre de Dios, elegido y enviado por él a traernos la buena noticia del amor y la vida.

Estoy seguro que todos guardamos en nuestros ojos y en nuestro corazón, una imagen, un gesto que nos ha llegado en lo profundo de nuestro ser: su mano que saluda, su abrazo, su bendición. El Papa nos ha hecho experimentar la ternura y la caricia de Dios, en particular lo han sentido algunos niños discapacitados que Él ha bendecido y estrechado en sus brazos de padre, la niña en Palmasola que se ha abandonado en su regazo como de su madre, una pobre anciana que, al entregarle una florcita muy común, recibió un rosario, una religiosa, amiga de vieja data que ha recibido su abrazo, los padres jesuitas conmovidos por encontrar al hermano, el Cardenal Julio que lo ha recibido en la clínica, y tantos otros momentos cargados de esperanza y amor.

Un aspecto que no quisiera que pase desapercibido y del que he sido testigo, es su recogimiento al momento de rezar y de celebrar la Eucaristía, su actitud creaba un espíritu de silencio, un clima de desierto ante la distracción de tantas voces y ruidos, para favorecer el encuentro personal con el Señor.

Es mucho más lo que el Papa nos ha dejado y les invito encarecidamente a no dejar caer en el olvido, sino a hacer “memoria en camino” que transforme nuestra vida y la de la sociedad. La mano providente de Dios, la oración y la participación entusiasta de todos ha hecho posible que el Papa Francisco anuncie la alegría del evangelio, que su voz y testimonio salga a la luz y llegue a todo el mundo, más allá de nuestras fronteras. En el programa tan denso y cargado de compromisos que ha ocupado toda la semana del Papa Francisco en su visita a tres de los países más pobres de A.L. y la prioridad que ha dado a la gente más pobre y sufrida, veo un gran parecido con la actitud de Jesús, como nos narra el Evangelio de este Domingo.

Jesús está en tensión entre dos urgentes opciones: por un lado, la necesidad de estar a solas con sus discípulos y por el otro responder a la gente sedienta de una palabra de vida. Los apóstoles al terminar su primera misión regresan donde Jesús y le cuentan todo lo han hecho y enseñado. Jesús, con una atención muy humana, los invita a ir a un lugar tranquilo para descansar. Él se da cuenta que están cansados y que necesitan un tiempo para dialogar y evaluar los logros y fracasos de su primera experiencia misionera. Parten en una barca hacia un lugar desierto, pero la gente adivina sus intenciones y acuden por tierra a aquel lugar desde todos los pueblos cercanos.

Jesús, el Buen Pastor, al ver esa gran muchedumbre, siente compasión. Como nos ha recordado el Papa Francisco, compasión “no es lástima. “No existe una compasión que no se detenga, si no te detienes, no padeces con, no tienes la divina compasión. No existe una compasión que no escuche, no existe una compasión que no se solidarice con el otro. La compasión…, no es silenciar el dolor, por el contrario, es la lógica propia del amor, el padecer con. Es la lógica que no se centra en el miedo sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro por sobre todas las cosas”.

Esa compasión mueve a Jesús a elegir la necesidad más urgente y se pone a enseñar a esa multitud que está abandonada a sí misma, desatendida por los jefes del pueblo. Jesús no impone, enseña largamente al punto que no encuentra el tiempo para comer con tal de que la gente pueda entender.

Pienso de no equivocarme en afirmar que el Papa Francisco en su visita entre nosotros ha seguido muy de cerca esos pasos de Jesús el Buen Pastor, dando todo de sí, y pidiendo a cambio una sola cosa: “No se olviden de rezar por mi”. Y nosotros con gozo y gratitud rezamos fervientemente por Él y por su misión pastoral. Amén