Análisis

A cuatro años de la partida del P. Francisco Dardichón

Hoy es un día lleno de sentimientos encontrados para recordar y honrar la vida de nuestro querido P. Dardichón. Hace cuatro años, su partida dejó un vacío profundo en nuestros corazones, pero su legado perdura en quienes tuvimos la dicha de conocerle.

 

P. Francisco Dardichón, sacerdote jesuita nacido en Barcelona – España, llegó a Bolivia el año 1963 a la ciudad de La Paz, luego fue enviado a la ciudad de Sucre, Santa Cruz, Oruro y desde 1973 permaneció en Cochabamba y por ello siempre expresaba que era “Kochala” y “Wilstermanista”. Estuvo más de 30 años en la parroquia San Pio X, su confianza plena en Jesús marcó la vida de sus feligreses, catequistas, estudiantes del colegio Italo Boliviano y en quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.

 

“Dardi”, como le decían algunos de sus fieles fue más que un simple párroco; fue un amigo, un guía espiritual, un confidente y un referente de vida cristiana. Su confianza incondicional por Dios y por su prójimo se manifestaba en cada acción, en cada palabra de aliento, en cada gesto de compasión y en la austeridad que siempre predicó con el ejemplo.

 

Un millón de amigos” de Roberto Carlos fue uno de sus temas musicales favoritos cuando estaba rodeado por quienes lo apreciaban, una expresión musical que ciertamente describe sus emociones, vocación y filosofía de vida. Ya sea con su columna de opinión en el periódico, sus libros, boletín parroquial, libros, charlas personales y publicaciones digitales creo que realmente él si llego a tener un millón de amigos; a quienes desde su carisma ayudó a seguir de cerca al “Gran jefe”, a nuestro Padre.

 

Aunque su partida nos entristezca, confiamos en que su alma descansa en paz junto al Señor, y que desde el cielo continúa intercediendo por nosotros. Que su memoria nos inspire a ser mejores cristianos, a amar y servir con generosidad.

 

En este día de aniversario, elevemos en algún momento de nuestra jornada una oración por el eterno descanso de su alma y por el consuelo de todos los que aún lo extrañamos. Que la luz de Cristo ilumine nuestro camino y nos dé fortaleza para seguir adelante, sabiendo que un día nos reuniremos nuevamente en la presencia de Dios.

 

Con cariño y gratitud,

 

Richard Romero S.

Ex catequista de San Pio X