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Virginia Blanco, vida de una Boliviana, pronto a ser Beatificada

Nació en el seno de una de las familias más aristocráticas de Cochabamba, pero apostó por la fe y la solidaridad hacia los más pobres y enfermos.

Virginia Blanco Tardío, reconocida por sus obras sociales, su carisma y por su humilde forma de vivir, está hoy camino a convertirse en la primera santa boliviana, después de que el pasado 22 de enero el papa Francisco la declarara ‘venerable sierva de Dios’ y reconociera sus ‘virtudes heroicas’.

El camino hacia la santidad en la Iglesia católica tiene varias etapas: la primera es ser reconocido ‘venerable siervo de Dios’, la segunda ‘beato’ y la tercera ‘santo’. En ese sentido, para que un ‘venerable’ sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro atribuible a su intercesión y, para que sea canonizado (declarado santo), es necesario un segundo milagro, obrado después de su beatificación.
De acuerdo a la información difundida desde el Vaticano, ‘Venerable Siervo de Dios’ es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce haber vivido las virtudes de manera heroica.

Extra visitó a la familia de esta laica entregada genuinamente al prójimo y que, luego de haber fallecido hace 25 años, le sobrevive solo una de sus tres hermanas, Teresa Blanco, y sus sobrinos.

El primer registro de su vida es su certificado de nacimiento que marca el 18 de abril de 1916.

Es la segunda de cuatro hijas del matrimonio entre Luis Blanco Unzueta y Daría Tardío Quiroga. Dos de sus ancestros fueron presidentes y su abuelo, Benjamín Blanco, miembro de la Real Academia Española y compositor de la letra del himno al departamento de Cochabamba.
Virginia murió el 23 de julio de 1990 y, según relatan sus familiares, a su entierro acudió una multitud que “paralizó la capital cochabambina”.

Un momento que recuerdan con emoción. Virginia recibió la comunión de manos del papa Juan Pablo II cuando el pontífice visitó Bolivia, en 1988. Asistió vestida de blanco y amarillo, con un sombrero de ala ancha. “He sentido tanta emoción. Dios mío, qué co

Un momento que recuerdan con emoción. Virginia recibió la comunión de manos del papa Juan Pablo II cuando el pontífice visitó Bolivia, en 1988. Asistió vestida de blanco y amarillo, con un sombrero de ala ancha. “He sentido tanta emoción. Dios mío, qué cosa más maravillosa”, cuentan que expresó en esa oportunidad.

Sencilla y fiel a sus creencias
La ‘Vichy’, como le decían, no llamaba la atención a primera vista. Era bajita de estatura, vestía con extrema sencillez y llevaba el cabello siempre recogido en un moño.

En todo momento se mostraba como una mujer luchadora y fiel a sus causas, lo que delataba el temple de su carácter.

Devota y entregada a la caridad, no era la típica señorita de sociedad. “Dedicó su vida a servir y amar a los demás”, relata su hermana Teresa que a sus 92 años la recuerda con fervor.

En la casa se observan varias fotografías y pinturas coloniales con marcos dorados de los ancestros de Virginia, testigos silenciosos de todo el entorno en que vivió esta mujer.

“De niña era la más aplicada del Colegio Irlandés. Sacaba siempre cinco, que era la nota más alta. ‘Tú eres mi hijita’, me decía. Y es que me quería tanto”, cuenta Teresa con emoción.

La memoria no es frágil en la familia Blanco. “Las manualidades para sus obras sociales las hacíamos en casa y las vendíamos para reunir fondos”, explica.

Virginia evitaba bañarse en las piscinas, rehuía los bailes y los espectáculos, y hasta vivió el amor y la castidad en absoluta comunión con su fe, de acuerdo con el testimonio de quienes estuvieron cerca de ella.

“Recuerdo que tuvo un pretendiente que era médico y la visitaba por las noches. Le gritaba: ‘Una bendita caridad’ y Virginita le respondía: ‘Tenga la bondad de irse porque no le haré caso'”, relata Teresa entre sonrisas. Y es que ella siempre tuvo sus ideas claras: “Sabía que no tenía vocación para monja pero tampoco para el matrimonio”, cuentan.
Carlos Sarabia, hijo de Teresa, quien compartió cinco años de su vida con la ‘tía Vichy’ porque sus padres estaban exiliados en Chile, guarda también muchos recuerdos de ella.

“Era seria pero permisiva. Llenaba la casa de gente que la buscaba muchas veces simplemente para conversar”, dice cuando se le pide describirla.

La familia cobija celosamente algunas de sus pertenencias en el mismo aparador que ella utilizaba cuando estaba viva.

De los cajones salen estampitas, rosarios, decenas de billetes desvalorizados en latas de chocolates Mackintosh, libros, poemas religiosos escritos con el puño y letra de la Vichy además de unas tijeras.

“Las tijeras las llevaba siempre en el faldón porque se la pasaba costurando. Es de esos objetos de los que uno no quiere deshacerse nunca porque son como una parte de ella”, narra Carlos.

Junto a su hermana menor, Teresa Blanco. De una familia reconocida en la ciudad de Cochabamba. Solo sobrevive Teresa, una de sus tres hermanas. Dos de sus ancestros fueron presidentes y su abuelo miembro de la Real Academia Española y compositor de la let

Junto a su hermana menor, Teresa Blanco. De una familia reconocida en la ciudad de Cochabamba. Solo sobrevive Teresa, una de sus tres hermanas. Dos de sus ancestros fueron presidentes y su abuelo miembro de la Real Academia Española y compositor de la letra del himno a Cochabamba.

La casona de la plaza

Virginia pasó su vida en la casona natal ubicada en el número 310 de la calle Nataniel Aguirre esquina Santibáñez, frente a la plaza principal de Cochabamba.

Su casa construida en 1850 era una de las más elegantes de la época, fue herencia familiar y el lugar donde se gestaron sus principales obras sociales.

Actualmente la vivienda tiene un nuevo dueño, ajeno a la familia, quien mantiene la mayoría de la veintena de habitaciones con llave y todavía no decide el destino de la infraestructura.

Pese a que fue remodelada entre 1994 y 1996, la mansión conserva su magnificencia. “Dicen que el balcón sigue siendo el más largo de toda Cochabamba. La capilla y la biblioteca están intactas de cuando vivía acá la señorita Virginia”, comenta Sergio Borda, cuidador de la casona.

Obediencia y fidelidad
Esta laica cochabambina consideraba a la Iglesia católica como una columna fuerte de su espiritualidad y se concentraba en la oración. Vivió profundamente la fe en Dios y mantuvo una vida de obediencia a sus principios.

Asistía todos los días a misa en la iglesia Compañía de Jesús y rezaba varias horas en su propia capilla ubicada en el segundo piso de la casona familiar, al lado de su habitación.

En 1950 fue recibida por el papa Pío XII en Roma. La experiencia la llenó de emoción porque él le encomendó la misión de ser apóstol de Acción Católica, encargo que ella se tomó muy en serio.

Desde entonces, fue militante de Acción Católica y durante muchos años, presidenta diocesana de la Asociación de Mujeres Católicas.

También era una mujer muy instruida. Al margen de fundar en 1937 la Juventud Femenina de Cochabamba, poseía un amplio conocimiento bíblico y teológico, lo que le permitió convertirse en la primera profesora de religión de Cochabamba.

Impartió clases en el conocido colegio Adela Zamudio durante 40 años y en varias escuelas fiscales, sin retribución alguna.

En 1962 fundó el grupo de Oración y Amistad Nuestra Señora de La Merced, dedicado a la misión pastoral y fue su Directora hasta su muerte.

En 1988, Virginia Blanco Tardío recibió la comunión de manos del papa Juan Pablo II, vestida de blanco y amarillo, con un sombrero de ala ancha.

“He sentido tanta emoción, Dios mío, qué cosa más maravillosa … “, le confió la propia Vichy a la Hna. Celina Ezquerdo Espinoza, según un testimonio que prestó al Grupo Postulador de la causa de su beatificación.

Un mural en la escuela
Durante la inauguración del año escolar, la hermana Carmen Martínez, directora del Colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús de Cochabamba (conocido como colegio Irlandés), descubrió un mural con la historia de Virginia, la cual resumió con las siguientes palabras: “Los valores que transmitió son los mismos que rigen nuestra escuela. Su vida y obra son ejemplares. Para nosotros ya es una santa”.

Obras para los pobres
La Iglesia universal pondrá como ejemplo de vida a Virginia Blanco que experimentaba en su corazón una profunda compasión y sentía en carne propia el sufrimiento de los pobres.

Al margen de la cocina popular y de los comedores populares, que fundó en los años 50, en 1977 abrió en su casa natal el policonsultorio ‘El Rosario’, que estuvo dedicado a la atención de personas de bajos recursos.

Aprovisionó ese centro con varios medicamentos considerados de primera necesidad en la atención de la salud primaria.

Con oración y apertura al espíritu dictó, además, catequesis de preparación para los sacramentos del bautismo, comunión y matrimonio. También enseñó a leer y escribir a niños y jóvenes en Cochabamba.
Todas esas iniciativas solidarias las financiaba con sus propios recursos y comprometiendo a innumerables benefactores que apoyaban su causa.

El camino a la santidad

La investigación sobre la vida y obra de Virginia se inició en 1996, cuando sus familiares empezaron a recoger información en Cochabamba junto al Rvdo. P. Javier Baptista, investigador histórico que conocía a la laica. Asimismo, algunos fieles señalaron la fe que le profesaban.

En 1998 el grupo de Oración y Amistad Nuestra Señora de la Merced se encargó de promover su causa, nombrando al Rvdo. P. Víctor Blajot, ex provincial de la Compañía de Jesús en Bolivia, como postulador oficial.
En 2000, los sacerdotes investigadores dictaminaron que las pesquisas y 45 testimonios recolectados estaban conforme a la Iglesia y se dio curso a la carta dirigida a la Congregación para la Causa de los Santos, donde nadie objetó la postulación.

El exarzobispo de Cochabamba monseñor Tito Solari Capellari inauguró el proceso de beatificación, el 30 de enero de 2001, y nombró al Grupo Actor conformado por el Delegado Episcopal, P. Miguel Manzanera y el Promotor de Justicia, P. Santiago Suñer.

Ambos debían recoger todos los documentos relativos a la causa y tomar declaración a nuevos testigos procesales.

En 2005, el Grupo Actor nombró postulador en Roma al P. Paolo Molinari y enviaron la documentación recopilada en cinco pesados tomos. En 2009, tras el retiro del P. Molinari se nombró al P. Manzanera como nuevo Postulador ante Roma, así que éste se trasladó a la Santa sede para la presentación final de los documentos recolectados.

En enero de este año, el papa Francisco autorizó la promulgación del decreto sobre el avance de la beatificación de Virginia, primer paso hacia la santidad, y resaltó sus ‘virtudes heroicas’.

“Constan las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad hacia Dios y el prójimo y otras virtudes anexas en grado heroico, de la Sierva de Dios Virginia Blanco Tardío, fiel laica cristiana boliviana”, señala el documento firmado por el Sumo Pontífice