Análisis

Virgen de la Candelaria, Reina de Perú y Bolivia

En el subyugante escenario altiplánico, dominando el lago sagrado de Titicaca, destaca Copacabana, uno de los centros religiosos más importantes en la época precolonial, habitado por los yunguyos, kollas de lengua aymara, puquinas y urus y más tarde, a finales del siglo XV e inicio del siglo XVI, colonizado por los incas con mitimaes de lengua quechua. Entre sus ídolos destacaba uno de rostro deformado sin manos y sin pies con cuerpo pisciforme, venerado como dios(a) del lago y de la sensualidad, al que ofrecían sacrificios humanos de niños y doncellas. Investigadores actuales han descubierto la existencia en el fondo del lago un ídolo de oro, arrojado allí seguramente por los mismos indígenas para evitar que fuese arrebatada por los españoles, ávidos de riquezas.

Los incas al invadir gran parte del territorio que hoy es Bolivia para unificar el imperio combatieron los cultos ancestrales telúricos e implantaron el culto al sol. Sin embargo, no consiguieron erradicar algunas creencias más profundamente arraigadas. Los misioneros españoles a su llegada y más tarde el clero local, hicieron lo posible para liberar a los indígenas de sus cultos idolátricos.

Francisco Tito Yupanqui, descendiente de familia incaica, convertida al cristianismo, fue inspirado por Dios para evangelizar a sus paisanos. Con una tenacidad admirable y después de una larga odisea consiguió tallar y dorar la imagen de la Virgen de la Candelaria que pudo ser entronizada en el templo de Copacabana el 2 de febrero de 1583. Su hermosa faz autóctona se convirtió en un poderoso imán de los todos habitantes de aquella zona, atraídos por el rostro maternal de Dios, reflejado en María, la Madre de Jesús, el Hijo de Dios.

Esta venerable imagen fue el instrumento elegido por Dios para conceder toda clase de gracias sobre sus devotos. Los milagros de la Virgen de Copacabana alcanzaron una magnitud impresionante. Pedro Calderón de la Barca, famoso literato español de la época, le dedicó el auto sacramental titulado “La Aurora en Copacabana” (1688) donde narra poéticamente la predilección de Dios que derrota a la idolatría por medio de la imagen de la Virgen de la Candelaria que lleva en el brazo izquierdo al niño Jesús y en el derecho un cirio como símbolo del verdadero Sol de justicia que viene a iluminar todos los hombres y devolverles su dignidad.

En tiempos coloniales, el Arzobispo de Lima, Toribio Mogrovejo (1538-1606) proclamó a la Virgen de la Candelaria en Copacabana como “Patrona del Reino del Perú”, según testifica fray Gabriel de León en su obra con ese título, publicada en 1663. Desde entonces la Virgen de Copacabana sigue siendo el centro de devoción de muchos creyentes. Por ello el 1 de agosto de 1925, año del centenario de la República, fue solemnemente coronada como Reina de Bolivia por el Presidente de la República, Bautista Saavedra, oficiando el acto religioso Mons. Augusto Sieffert, Obispo de La Paz, y Mons. Gaetano Cicognani, Nuncio Apostólico del Papa Pío XI.

Si bien el pueblo devoto desde siempre ha venerado a Francisco Tito Yupanqui, como el artífice de la milagrosa imagen, recién en el año 2007 el Obispo de El Alto, Mons. Jesús Juárez ha conseguido oficialmente la autorización para iniciar el proceso de su beatificación. Los datos históricos existentes sobre el inca Tito Yupanqui, más numerosos que en el caso de San Juan Diego el catequista de la Virgen de Guadalupe en México, permiten sustentar que fue un cristiano fervoroso, elegido por Dios para llevar la fe cristiana a los pueblos sudamericanos a través de la devoción  a la Virgen María.

Quiera el Señor concedernos esa gracia que serviría para enfrentar a los graves desafíos que atraviesan Bolivia y otros países latinoamericanos. La cultura globalizante de tinte laicista amenaza con entronizar al nuevo ídolo del poder, del poseer y del placer con las tristes secuelas de adictos al alcohol, a la droga y al sexo. Se ha producido un rebrote indiscriminado de mitos y ritos idolátricos al sol, a la pachamama o a otros entes telúricos, incompatibles con la fe cristiana.

En medio de estas amenazas la Virgen María es hoy el gran signo de esperanza (cfr. Apocalipsis 12). Una muestra visible de esa presencia esperanzadora puede verse en la majestuosa imagen de la Virgen de la Candelaria en Oruro, entronizada el 2 de febrero de 2013. La imagen de 45 metros de altura, una de las mayorese imágenes de mundo, verdadero alarde de arte y tecnología, protegerá desde el cerro de Santa Bárbara a toda la población no sólo orureña, sino también de Bolivia y de muchos países que acudirán a venerarla.