Internacional

Vaticano: es necesario ver el rostro humano de la migración

27 millones de personas viven en condiciones de esclavitud. El observador permanente de la Santa Sede ante la ONU reflexiona sobre cómo afecta la globalización al fenómeno migratorio

Cuando la globalización “une las personas como socios iguales, crea resultados recíprocamente ventajosos” y fructíferos para todos. De lo contrario, esto agrava las desigualdades, generando “marginaciones, explotación e injusticia”. El arzobispo Bernardito Auza, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, ha sido el encargado de transmitir este mensaje en su intervención en Nueva York en la 69ª sesión de la Asamblea general de las Naciones Unidas sobre el tema: “globalización e independencia”. De este modo, monseñor Auza subrayó durante su discurso –publicado en parte en Radio Vaticano- el fenómeno de las migraciones y el rol de la cultura.

Así, el prelado recordó que “uno de los desafíos más grandes de la globalización es la migración”. Partiendo del desafío central para los objetivos de desarrollo en el 2015, es decir, garantizar a todos los beneficios de la globalización, el observador vaticano recordó que a día de hoy “solo una colaboración sistemática y activa entre los Estados y las organizaciones internaciones puede ser capaz de regular y gestionar de forma eficaz los movimientos migratorios”.

Por otro lado, recordó que el desafío de la migración afecta a todos, “no solo por la entidad del fenómeno, sino también por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que genera”. Asimismo, mostró su preocupación por “evidenciar los casos particularmente preocupantes de tráfico de seres humanos y de formas contemporáneas de esclavitud” generadas por las migraciones: 27 millones de personas viven en condiciones de esclavitud en todo el mundo, por explotación sexual, trabajo forzoso y negación de derechos fundamentales.

El prelado advirtió que se estima que cada año cerca de dos millones de mujeres son víctimas del tráfico con fines sexuales y muchas personas, incluidos niños, están en el centro del tráfico ilegal de órganos. Aún más son lo que trabajan en fábricas durante muchas horas, mal pagados y sin protección social y legal.

Por esta razón, monseñor Auza ha indicado que “estas formas de esclavitud son lo opuesto de una globalización guiada por la cultura del encuentro y de los valores de solidaridad y justicia”. A propósito, mencionó que el papa Francisco afirma que estas formas de esclavitud moderna “son un crimen contra la humanidad y una herida abierta en el cuerpo de nuestra sociedad contemporánea”.

Conociendo la complejidad del fenómeno migratorio, el observador Vaticano indicó que “siempre es necesario ver el rostro humano de la migración, ver al inmigrante como otro ser humano” dotado de nuestros mismos derechos y dignidad. Porque solo así –afirmó- se podrá “responder a la globalización de las migraciones con la globalización de la solidaridad y de la cooperación” acompañándola con “esfuerzos para llevar la paz en las regiones en conflicto y un orden más igualitario económico y mundial”.

Para concluir su discurso, el arzobispo explicó que uno de los motores principales de la globalización y de la interdependencia es la cultura. “El turismo cultural representa el 40 por ciento de las entradas turísticas en crecimiento en el mundo. Pero el acento no se pone sólo en los aspectos económicos, sino también en los beneficios intangibles y no monetarios”, observó. Como por ejemplo, lo que sucede cuando “se profundiza nuestro conocimiento sobre pueblos y lugares”, se promueve la “comprensión recíproca” y una “mayor inclusión social”, se amplía la conciencia de la necesidad de “proteger maravillas naturales”. En síntesis –precisó el arzobispo- la cultura es el vehículo privilegiado para expresar y compartir nuestra común humanidad”.