Internacional

Vallejo Balda confiesa haber filtrado documentos del Vaticano por «presiones» y «miedo»

El sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda confesó este lunes ante el Tribunal del Vaticano haber entregado documentos confidenciales al periodista italiano Gianluigi Nuzzi pero asegura que lo hizo por «presiones» y «miedo» a Francesca Chaouqui y a su marido, técnico informático contratado también por el Vaticano.

En los primeros interrogatorios, a cargo del fiscal y de su propio abogado defensor, el sacerdote español reconoció que «he entregado las claves espontáneamente pero no con completa lucidez». Se refería a 85 claves que permitieron a Gianluigi Nuzzi entrar en los ordenadores del Vaticano y descargar los documentos publicados en su libro, haciéndose culpable, por tanto, de un delito de robo en el territorio del pequeño Estado.

Pero la sorpresa principal fue que estas claves son válidas solo durante una semana y, según Vallejo Balda, el libro de Nuzzi publica versiones anteriores, obtenidas probablemente por intrusión en el sistema informático, denunciadas en su día por el sacerdote español.

La segunda sorpresa es que el técnico que instaló los sistemas de seguridad en esos ordenadores ha sido el marido de Francesca Chaouqui, la publicista italiana acusada en el mismo proceso. Su marido contribuía también a presionar a Vallejo Balda haciéndole creer que ella estaba muy despechada por no haber sido contratada permanentemente por el Vaticano, sabía cosas muy comprometedoras, podría hacer algo desagradable y pertenecía a los servicios secretos.

Vallejo Balda aseguró que Francesca Chaouqui le había dado a entender que ella era el «número dos» de los servicios secretos italianos y, aunque lo dudaba, «temía el mundo que estaba detrás de ella». Declaró también que en diciembre del 2014, cuando parecía que el trabajo de la comisión investigadora de las entidades económicas y financieras del Vaticano se atascaba, Francesca Chaouqui, que formaba parte de la comisión, le dijo: «Aquí tenemos que buscar ayuda y la única posible es la de la mafia».

La audiencia sacó a la luz que cuatro psiquiatras diferentes habían diagnosticado stress a Vallejo Balda en los meses pasados con miedo a que la publicista italiana publicase documentos o le hiciese daño de alguna manera, pues se daba cuenta de que el chófer que ella le había proporcionado le controlaba y pasaba información.

El cuadro descrito por Vallejo Balda hubiera llevado a cualquier cargo del Vaticano a cortar inmediatamente la relación profesional con esa mujer, pero el sacerdote español siguió jugando con fuego: con ella y con los dos periodistas italianos, que también le engañaban con historias inverosímiles para asustarle.

Las audiencias continuarán el martes y el viernes de esta semana, y el lunes y martes de la próxima. Las audiencias del proceso penal se habían suspendido a mediados de diciembre a fin de dar más tiempo a los cinco acusados para preparar su defensa, mientras los técnicos extraían de los respectivos teléfonos móviles y ordenadores del sacerdote español y la relaciones públicas italiana los mensajes intercambiados entre los dos principales acusados del robo de los documentos del Vaticano.

De esos mensajes, los ya filtrados a finales del año pasado a la prensa italiana revelan una relación extraña, que va pasando de la amistad a la corrupción mediante lujos poco indicados en un sacerdote, así como a los intentos de chantaje psicológico y a proposiciones sexuales muy explicitas respecto a una prima de la acusada.

Violó reglas del arresto domiciliario
El principal acusado, Lucio Ángel Vallejo Balda, acudió de nuevo a la sala desde la celda de la Gendarmería Vaticana, donde fue recluido nuevamente la semana pasado por haber violado las reglas del arresto domiciliario que le permitía vivir en una residencia del Vaticano, donde recibía visitas de familiares, consejeros espirituales, representantes diplomáticos y su abogada defensora, así como dar paseos por los Jardines Vaticanos acompañado de los Gendarmes.

Las reglas del arresto domiciliario, concedido por el juez el pasado 22 de diciembre, prohibían explícitamente, en cambio, las comunicaciones directas con el exterior, para impedir la eliminación o contaminación de las pruebas, o el intento de crear pruebas falsas para confundir al Tribunal.

Según un diario italiano, la Gendarmería Vaticana se dio cuenta de que Vallejo Balda estaba utilizando secretamente en su habitación un teléfono móvil para hacer llamadas de voz y enviar mensajes, directamente o a través de la wi-fi del edificio, pero le dejó actuar un cierto tiempo para obtener nuevos datos investigativos, que pueden ser útiles al fiscal y al Tribunal del Vaticano.

En medios vaticanos sorprende la capacidad del sacerdote español, arrestado el pasado uno de noviembre, para emprender conductas poco razonables, desde la contratación de Francesca Chaouqui o la filtración de documentos, hasta el intentar escoger abogados defensores que no estaban habilitados en el Vaticano en lugar de los que lo están, obligando al Tribunal a proporcionarle una abogada de oficio, Emanuela Bellardini.

A su vez, la empresaria de relaciones públicas Francesca Chaouqui ha aprovechado toda ocasión para hacerse publicidad en centenares de entrevistas, y continúa presentándose en su página de Facebook como un nuevo mártir de la intolerancia de la Iglesia, y espectacularizando en lo posible el juicio pidiendo que comparezcan para ser interrogados por la defensa personajes muy importantes como el secretario de Estado del Vaticano.

Su abogada es también experta también en dar la máxima publicidad de procesos. La semana pasada pidieron que el Papa le levante el secreto pontificio sobre su trabajo para poder defenderse, lo cual no es en absoluto necesario pero atrae mucho la atención de los medios.

Como Francesca Chaouqui está en el séptimo mes de embarazo –de un niño al que llamará Pedro-, el Vaticano coloca siempre una ambulancia a dos pasos del Tribunal por si necesitase algún tipo de atención. A su vez, los dos periodistas italianos -que publicaron en sendos libros los documentos de las auditorias económicas que les entregó Vallejo Balda-, no están acusados de hacerlos públicos en Italia –un derecho protegido por la ley italiana- sino de haberlos robado en territorio del Vaticano.

En paralelo a este caso, Francesca Chaouqui y su marido, técnico informático, figuran como acusados en otro proceso italiano independiente, por presunta intrusión informática e intento de chantaje a entidades eclesiásticas en Italia.