Oruro

Una Cruzada de Amor en torno a la Iglesia

Miércoles 16 de junio; son las 9 de la mañana y afuera hace una temperatura de -6o C- Me imagino que esta tarde como a las cinco, volverá a bajar la temperatura a este mismo nivel.

Es probable que hacen 96 años atrás, también la temperatura sería la misma.

Me pongo a rememorar aquel momento en el que una comitiva compuesta por el primer Obispo de Oruro, Mons. Abel Isidoro Antezana, el P. Ignacio Duña, que por entonces era el Párroco de Santo Domingo, el P. Félix Sola, Notario Eclesiástico, Roberto Zamorano, Canciller, ingresaban en la Calle Chimborazo a aquel convento que en 1912 fundaran las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, y que en el primer grupo, estaba –aún novicia- Sor Nazaria de Santa Teresa de Jesús March.

Hasta entonces, Nazaria era una de la comunidad que empleaba su tiempo para servir a Dios que tenía el rostro marcado por las arrugas del tiempo. Pero sintió que más allá de sus amores por los ancianitos, superaba en ella la necesidad de “bajar a la calle” para encontrarse con el hermano y hablarle de Dios.

El P. Abel Isidoro Antezana, conocía esos proyectos y también los hizo suyos vislumbrando un Instituto religioso misionero.

El 15 de marzo de 1925, en La Paz, y sumándose a las celebraciones del Primer Centenario de la Fundación de la República de Bolivia, eran consagrados cinco nuevos Obispos: Mons. Augusto Sieffer para La Paz, Mons. Julio Garret, para Cochabamba y para las recientemente erigidas el 11 de marzo de 1924 (Oruro, Potosí y Tarija), Mons. Abel Isidoro Antezana, Mons. Cleto Loaiza y Mons. Ramon Font (1). El nuevo Obispo de Oruro, junto al de La Paz y en Internuncio Felipe Cortesi, enterados del proyecto, recurren a Sor Nazaria Ignacia para “reformar” el Beaterio de las Nazarenas. Mons. Antezana, solicitará al Internuncio el permiso de salida de su congregación (2) y (3).

El 12 de mayo de aquel año, Sor Nazaria Ignacia es convocada a la Internunciatura para concretar el proyecto fundacional. En sus diarios, describía aquella conversación que tuvo en privado: “Ha llegado la hora de Dios y V (usted) deberá ponerse al frente de este nuevo Instituto, la Cruzada Pontificia… Cuántas veces me he puesto en la presencia de Dios, tantas he tenido la certeza que es su Voluntad Santísima. Pero sin embargo, me permití hacer una consulta a varios sacerdotes religiosos, los de más virtud y letras de La Paz; todos me ha dicho lo mismo. Es la voluntad de Duios, es la hora de que se forme ese nuevo grupo de almas misioneras. El camino es terrible, doloroso en extremo, Sor Nazaria, y V. (usted) tendrá que andarlo sola, ¡Sola!; pero ánimo, que trabajará V. (usted) por la Santa Iglesia, por la gloria de Dios, por las almas! Quiero antes de partir de Bolivia dejar todo arreglado, ésta tarde quiero hable V. (usted) con Monseñor Sieffer que ha sido uno de los que hace mucho tiempo, pensaba en fundar esta obra misma; quiero que hablen delante de mí en su palacio…”

Aquel 16 de junio, el Obispo y su comitiva, ingresaban al convento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados para dar inicio a la Cruzada Pontificia. Reunida la comitiva del Obispo con Sor Luisa del Carmen Rufo, Superiora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y su Comunidad, les fue leído los documentos por los que se ordenaba la salida de Sor Nazaria Ignacia para morar en el Beaterio de las Nazarenas (4) y (5).

Nazaria reflexionaba: “¿Qué pasó por mi corazón?. Sólo Dios lo sabe; jamás me costó un sacrificio lo que éste, las amaba tanto… ¿Cuánto me costó arrancarme de entre ellas!, sólo en el día del juicio se sabrá…”

Ya obscura la noche, partió hacia el Beaterio, a aquel cuartucho mal iluminado que la acogió. La Hna. Angelita Antezana, sobrina del Obispo (aún no era religiosa), me contó que esa noche le llevó un poco de comida; que mientras Nazaria cenaba, no cesaba de llorar. ¡Cuánto le costó aquella ruptura!

En muy poco tiempo, organizó a aquellas mujeres que vivían en una total indisciplina, preparando un reglamento y horario para la pacífica convivencia (6); y hasta el mes de septiembre de aquel año, ya tenía 10 postulantes para su primera Comunidad que la llamó: Las Misioneras de la Cruzada Pontificia.

NOTAS:

(1) Bula de erección de tres nuevas Diócesis

(2) Carta de Mons. Antezana al Internuncio Felipe Cortesi, solicitando licencia para Sor Nazaria Ignacia.

(3) Respuesta del Internuncio, Permiso para salida de Sor Nazaria Ignacia

(4) Decreto de salida de Sor Nazaria Ignacia

(5) Carta a la Superiora del Asilo para salida de Sor Nazaria Ignacia

(6) Decreto aprobación y Reglamento de las Recogidas