Análisis

Un año más… ¡su carita de niña!

A ti, joven campesino.

No se olvide, padrecito, del artículo que escribe todos los años poniendo como protagonista a nuestra Virgen de Guadalupe.

Si ya digo yo que no dejo de sorprenderme con vuestros comentarios tan certeros, chicos del hogar-internado. El pasado fin de semana no faltó la anterior observación para que haga notar en esta columna la presencia discreta y cariñosa de nuestra Virgen Patrona, la Mamita Gualala.

Es verdad. La Iglesia de Sucre ha vivido unas ajetreadas jornadas centradas en la Novena que anualmente regalamos a la Madre del cielo. Los fieles chuquisaqueños han dirigido cientos de oraciones, de pensamientos, de miradas, de lágrimas, a su bella imagen. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos y abuelitos han encontrado en la ingenuidad de su carita de niña, un consuelo, un ánimo, una fuerza, una respuesta. Sí, una respuesta que quiere alejar miedos, abandonos, incomprensiones, errores, soledades…

En medio de la algarabía de acontecimientos que vive nuestro pueblo, esos que frecuentemente provocan divisiones y discrepancias, la Mamita quiere ser motivo de encuentro y abrazo fraterno entre nosotros. El encanto y el ímpetu de una Madre son capaces de conseguirnos el milagro de la unidad. A creyentes y no creyentes. A quienes pensamos y votamos diferentes opciones. A todos los que, con sinceridad y honradez, estamos empeñados en construir una realidad más justa e incluyente. Empeño para el que hacen falta todas las manos.

Algo más quiero compartir con vosotros, queridos chavales. Me refiero a ese otro milagro que es la escucha. De él os he hablado y escrito en hartas ocasiones. Somos personas, y personas profundamente humanas, cuando sabemos escuchar en cualquier lugar y circunstancia. Escuchar a todo aquél que necesite nuestra solicitud y cariño. Escuchar sin prisa, también con la atenta mirada. Escuchar al pobre y al rico. Al niño y al viejecito. Escuchar sin interrumpir, sin querer abrumar a quien nos habla con nuestro particular problema.

Escuchar no para dar soluciones o recetas facilonas. Hay situaciones tan intrincadas que tienen muy difícil remedio. Es entonces cuando el silencio, que favorece la escucha, se transforma en delicada palabra de coraje. De valentía para enfrentar la confusión, la división, la enfermedad, la muerte.

Los sacerdotes de Sucre, como en otros años, hemos estado a la escucha de quienes han necesitado confiarnos sus quebrantos. El Sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, se convierte en útil diálogo de amistad, en el que creemos que Dios hace su tarea: acercarnos a su corazón de Padre, o de Madre, y abrazarnos con su infinita ternura.

Han sido muchos los adolescentes y jóvenes -también vosotros- que se han acercado a contarnos sus inquietudes. Algunos no lo hacían desde mucho tiempo atrás. Sus historias de vida han ido desfilando, apasionadas, rompiendo silencios y ataduras de momentos pasados que prefieren ya olvidar.

La lenta y difícil comunicación con los padres y familiares, las amistades peligrosas que ponen en jaque salud física y equilibrio interior, los espejismos afectivos que no permiten disfrutar sanas y fecundas relaciones personales, el sinsentido de estudiar o trabajar sin ilusión y plegándose a la flojera.

No falta ese alejamiento de Dios, a quien no le permitimos iluminar nuestros días. Su Palabra ya no es la alegría del corazón, como diría el profeta. Sus caricias -los Sacramentos- pasan a segundo plano, urgidos como estamos de tantos reclamos, prisas y penalidades. Es inevitable que toda clase de miedos y demonios hagan mella en nuestra vida.

Ojalá que dispongáis los jóvenes de esos adultos sensatos y prudentes que quieran y sepan escucharos. Que sean límpidos puntos de referencia en las encrucijadas de los caminos. Forjadores de aventuras y amantes del buen humor. Con la necesaria generosidad para acompañaros en vuestros sueños.

Que la Mamita nos bendiga. Que Ella haga el milagro. Que nos consiga días mejores. A nuestro Departamento y a nuestro querido país. Ella, que un año más nos llega… ¡con su carita de niña!