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Transfiguración de Jesús: Un Llamado a la Conversión

Homilía para el 2do domingo de cuaresma – ciclo C

16 de marzo 2024

 

Estoy seguro que a todos nos ha pasado cuando éramos estudiantes y tomábamos notas en nuestros cuadernos, que de pronto nos llegaba el sueño y, entonces, nuestras notas y nuestra linda caligrafía iniciaban a dibujar líneas inconexas y medias palabras que mostraban el ritmo de nuestro sueño. Normalmente líneas hacia abajo. Actualmente, me pasa lo mismo con el computador, a veces estoy concentrado escribiendo y cinco minutos después me despierto frente a la pantalla del ordenador y veo una sola letra en toda la pantalla porque me había dormido apretando una tecla. ¿Les ha pasado?

 

Algo así pasa con Pedro, Juan y Santiago, ellos también estaban rezando junto a Jesús,  pero el sueño y el cansancio fue más fuerte. La primera enseñanza de este domingo es que mantener el corazón despierto no depende solo de nosotros: es una gracia, y hay que pedirla. Y también hay que pedir al Señor que no perdamos las cosas lindas de la vida, solo porque estamos cansados o porque hemos gastado todas nuestras energías en proyectos que aunque parecen urgentes no necesariamente son importantes.

 

***

 

Hoy que es el 2do domingo de Cuaresma, la Palabra del Señor no nos habla de penitencia y mortificación, sino de la transfiguración, de una luz radiante, de un estado superior y maravilloso. ¿Cuál es el mensaje de este domingo?

 

En este tiempo de cuaresma estamos llamados a la conversión, es decir estamos llamados a elevarnos con Cristo y entender el lugar hacia donde nos dirigimos en la Eternidad. Estamos llamados a recordar que nuestra existencia no termina con nuestro paso por este mundo.

 

Para entender mejor el parámetro de nuestra conversión, miremos la promesa que Dios le hace a Abraham, cuando le dice: “Tu descendencia será como las estrellas”. Dios  le promete una descendencia infinita, desproporcionada  a un hombre que hasta su vejez no había podido tener un hijo.

 

Así son las promesas de Dios. No las entenderemos con los parámetros humanos, pero nos indican la dirección o el destino al que estamos llamados.

 

En este sentido, la segunda lectura trata de darnos una explicación y nos dice que somos ciudadanos del cielo, que Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso.

 

***

 

Recordemos que somos peregrinos en esta tierra, en este camino, con  subidas y bajadas, a veces tenemos la posibilidad de subir a la montaña, de sentir a Dios mucho más cerca, y desde allí vemos el mundo desde otro punto de vista. Esto sucede gracias a la oración. La transfiguración acontece cuando Jesús está orando (un momento de profunda intimidad con Dios).

 

¿Cómo está nuestra vida de oración personal? ¿es solo un formalismo o es un diálogo con Jesús? Dios nos dice: Este es mi hijo amad, escúnchelo. Y uno de los mejores lugares para escuchar a Dios es la oración.

 

Sin embargo, que nuestra vida cotidiana, no transcurre en la montaña de la transfiguración, sino en la planicie o en la llanura de la normalidad, de nuestras rutinas y manías. Es normal. La montaña y la planicie se contraponen.

 

Pero si experimentamos un poco de esa transfiguración, entonces podremos caminar con esperanza y mirar con ojos distintos, porque muchas veces el mundo no lo vemos como es, sino como somos nosotros.

 

¿Con qué ojos estoy mirando el mundo en el que vivo?

 

Pidamos al Señor que nos saque de esa somnolencia que nos impide rezar y que podamos ver la realidad con los ojos de Jesús.

POR ARIEL BERAMENDI

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