Análisis

TEA DE MURILLO DESAPARECIÓ

Cuando me aprestaba a marchar con patriótico entusiasmo al tradicional Desfile de Teas en homenaje a Don Pedro Domingo Murillo, quien antes de ser ahorcado por las autoridades españolas dijo: “ciudadanos yo muero pero la tea que dejo encendida nadie la apagará”, pedí a mi protectora que me acompañara al paceñísimo desfile pero ella se negó a hacerlo y me dijo: “Lo siento mucho, compadre, pero quiero comunicarle que la tea de Murillo desapareció hace varios años y a mí no me vienen con cuentos”.

Ante una declaración tan insólita pensé en que mi pariente espiritual había enloquecido, y haciendo burla de sus palabras me atreví a decirle: “No me venga ahora, en esta fecha, con ese cuento, a no ser que la tea de Murillo se la hubiera robado algún cochabambino”.

Ella reaccionó violentamente ante mi burlona observación y me dijo con fuerza unas frases en quechua que no alcancé a comprender, para luego decirme en perfecto español, aunque con tono quillacolleño: “usted es lerdo de entendederas, compadre, pues no he querido decirle que la tea de Murillo ha desaparecido físicamente, ni que se la hubiera robado algún ladronzuelo, sino que los paceños actuales, como usted y millares de sus paisanos, parece que perdieron su fervor por la libertad y ahora son indiferentes ante toda clase de avasallamientos, como el de aquellos alteños que para exigir a sus autoridades locales la dotación de algunos servicios básicos, bloquearon todos los caminos dejando a la población paceña sin gasolina, ni diesel, ni gas licuado, ni transporte público durante 48 horas. ¿Acaso protestó el Alcalde de La Paz? ¿Acaso defendió a La Paz el Gobernador del Departamento? ‘Nadies’ dijo una sola palabra. Es que la Tea de Murillo ha desaparecido”.

Las palabras de mi comadre cochabambina avecindada en La Paz, tenían toda la razón.

La valerosa cochabambina continuó demostrándome que la rebeldía y el valor de los paceños parecían valores diluidos ante los atropellos que diariamente se producen en contra de la Libertad por la cual murieron Murillo y sus compañeros.

Quise abrazar y besar a mi comadre cochabambina pero ella me contuvo y me dijo: “nada de tocaditas ni besuqueos en esta fecha tan gloriosa porque hace pocas horas que la mayoría socialista de la Asamblea Legislativa acaba de aprobar las listas de los candidatos a magistrados y luego nos exigirá ella (la Asamblea) que todos los ciudadanos, no sólo de La Paz sino de Bolivia, votemos por los que ellos eligieron, mientras que el Tribunal Supremo Electoral ya lanzó sus amenazas de encarcelar a quienes se opongan a tales ‘elecciones judiciales’”.

Callé como buen paceño pues mi comadre cochabambina me había convencido de que la Tea de Murillo se ha pirdiú.