Homilía para el Domingo de Pascua
20 de abril 2025
Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Pascua!
Hoy celebramos el domingo de Resurrección, un tiempo luminoso y festivo que durará 50 días.
¿No les parece curioso que en el Evangelio de hoy, domingo de Pascua, no veamos a Jesús Resucitado?
Los personajes de este Evangelio nos ayudan a entender mejor nuestra fe en el Resucitado. Por un lado, la figura de la mujer, María Magdalena, muy valiente, que va al sepulcro tres días después de que su maestro ha sido enterrado, de algún modo quiere cuidar y respetar los restos mortales de su maestro, y no tiene miedo. Además, María Magdalena asume el rol de anunciadora de que la tumba está vacía.
Por otro lado, tenemos a los dos apóstoles: uno que representa la juventud, lleno de entusiasmo y energía, pero que no tiene seguridad, no tiene experiencia, y por eso, cuando llega al sepulcro vacío, no entra. Mientras que el discípulo más anciano corre más lentamente, camina con paso firme y entra al sepulcro para constatar y entender lo que está sucediendo.
Todos estos personajes entendieron después que el amor de Dios es más fuerte que la muerte.
El Evangelio nos presenta algunos signos importantes. Solo hay algunas telas y el sudario, que están puestas en orden, allí donde Jesús había sido enterrado. Todos los signos hacen referencia a que Jesús ya no está muerto.
Así como no vemos el amor, sino que vemos los signos de quien nos ama. Así como no vemos el concepto de la amistad, pero sí vemos los signos de amistad de nuestros amigos.
También hoy vemos los signos del Resucitado y creo que el sepulcro vacío es el mejor sermón sobre la Pascua.
La gran piedra que tapaba el sepulcro es el primer signo de que Él ya no está allí porque algo importante ha sucedido, pues la tumba está vacía.
La primera reflexión es que también en nuestras vidas podemos tener algunas piedras que impiden encontrar a Jesús Resucitado. Rocas pesadas que cierran las esperanzas de la humanidad[1] y que impiden entender y creer que la humanidad ha sido salvada.
Cristo Resucitado ha movido la piedra del sepulcro, y si no hubiese sido removida, continuaríamos buscando a Cristo entre los muertos. Nuestra fe estaría también muerta y nosotros seguiríamos moviéndonos entre las tumbas, que son la representación de la falta de vida, de alegría y de esperanza.
Pero Él verdaderamente ha resucitado. Solo Él es capaz de quitar la enorme piedra del sepulcro. Solo el perdón de Dios puede quitar las piedras de nuestros sepulcros personales.
Como dice el Papa Francisco: “Sin el perdón de los pecados no podemos escapar de cerrazones, de prejuicios, de sospechas mutuas, de presunciones que siempre nos absuelven y acusan a los demás. Solo Cristo Resucitado, dándonos el perdón de los pecados, abre el camino a un mundo renovado.” [2]
En este Evangelio vemos que los discípulos no habían comprendido lo que decían las Escrituras sobre la Resurrección. También nosotros podemos tener dudas, y no tenemos que tener vergüenza o sentido de culpa, porque es lícito preguntar al Señor sobre aquello que nuestra mente no entiende. Lo importante es buscar constantemente signos del Resucitado en nuestras vidas.
Pidamos al Señor que seamos capaces de creer y proclamar con nuestras vidas que verdaderamente Él ha resucitado. Amén.
POR ARIEL BERAMENDI
[1]Cf. MENSAJE URBI ET ORBI DEL SANTO PADRE FRANCISCO. PASCUA 2024. Domingo, 31 de marzo de 2024
[2] Idem.


