Análisis

Si “somos lo que comemos” entonces ¿Qué somos?

Al viajar las horas parecen no pasar nunca. Miro en mi computadora portátil el archivo de “vídeos insólitos” para matar el tiempo y dejar que el avión siga su curso pues tengo la impresión de que cuando estamos suspendidos en el aire, el tiempo se congela.

Algunos de esos vídeos muestran grandes almacenes de pollitos que después de 21 días son succionados por un tubo de un mamarracho enorme y supertecnológico que en 5 minutos entrega por otro tubo una especie de líquido denso que serán empaquetados como hamburguesas precocidas; otros vídeos me sugieren que en países lejanos las pobres vacas no ven el sol en toda su vida y encadenadas, extrañas máquinas, son ordeñadas 24 horas al día hasta que se secan.

Y trato de encontrar una postura menos incómoda a los espacios cada vez más pequeños de estos cubículos aéreos; y pienso que todos esos vídeos no pueden ser reales, me consuelo con el recuerdo de mi madrina Arminda que nos traía cada tarde un frasco de leche fresca que su marido agrónomo, el “barbas-rubias” mandaba a ordeñar; porque, agrónomo como él era, criaba un par de vacas para probar fortuna.

Cierro los ojos, buscando a acomodar mi mente a la nueva zona horaria que me espera, y me distraigo convenciéndome que algún movimiento ecológico, que no tiene nada mejor que hacer, estará difundiendo una campaña de desprestigio en contra de las empresas alimenticias internacionales.

Dos horas antes de llegar a destino, la noche se hace día con las luces del avión, aunque fuera de las ventanillas el sol acaba de esconderse; la azafata sonriente sirve a todos “¿pasta o pollo?, pollo o pasta?” Finalmente, “¿te o café?, café o té?” y la sonrisa bilingüe de la señorita añade “La leche la tiene en el sobrecito”.

Ya convencido de las bondades de la cadena alimenticia que me nutre, quiero finalmente rematar mis seguridades que “somos lo que comemos”, y leo en voz baja los ingredientes del sobrecito de leche que estoy diluyendo en mi incipiente café:

“Jarabe de Maíz, Aceite de soja y cánola parcialmente hidrogenados.
Emulsificantes: Caseinato de Sodio (derivado de la leche), Fosfato de Dipotasio. Estabilizantes: Mono y Diglicéridos.
Colores artificiales: (Curcuma)
Antiaglutinante: Dióxido de silicio.
Antiaglutinante: Leticina.
Sabores artificiales: vainilla”

Buen provecho!