Cochabamba

San Joaquín, la festividad de Cercado que tiene alma migrante y rebelde

Desde el distrito 5, en la zona sur del municipio de Cercado, cada año y la última semana del mes de agosto, desciende hasta el centro de la ciudad, una caravana de bailarines ataviados con llamativos disfraces para derrochar devoción, fe y folclore. Así comienza la festividad de San Joaquín, catalogada como la mayor expresión de la migración interna que existe en Cochabamba y que tiene origen en los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí.

San Joaquín es la autorrepresentación de la zona sur, ritual de identidad que atrae gente del país y el extranjero, que se transforma cada año, que gana y pierde tradiciones, pero que se mantiene vital e incluyente, señalaron Geovana Mejía Coca, Mauricio Sánchez Patzy y Alber Quispe Escóbar, en una investigación que bajo el sugestivo título de Nudos Sur Urbanos, publicaron en 2008.

De hecho, la fiesta que nació en la década de los 40, del Siglo XX, en la emblemática e histórica zona de Jaihuayco, tuvo a paceños y orureños, fundamentalmente, como promotores, para que las clases sociales que convergen en la zona, por lo general, arrinconadas por la pobreza y falta de oportunidades económicas, puedan expresar la impotencia y frustración que tienen con una entrada folclórica que a lo largo de las décadas creció, significativamente, y ahora presume de superar incluso a otra similiar que anualmente se realiza cada 14 de agosto en el municipio de Quillacollo, con la afamada entrada de Urcupiña, señalaron al respecto los autores del estudio Nudos Sur Urbanos.

FIESTA PATRONAL

La fiesta patronal de San Joaquín, a lo largo de estos años, logró alcanzar el mismo prestigio que el carnaval orureño y la festividad de Urcupiña de Quillacollo, siendo por lo demás, parte inseparable del proceso histórico de la zona sur del Cercado de Cochabamba,

Pese a sus múltiples facetas, la fiesta de San Joaquín, el acontecimiento religioso-popular más importante de la ciudad de Cochabamba, “(…) sigue estando relegado a un lugar secundario, sigue siendo percibido por la cultura urbana dominante como una fiesta barrial y marginal (…)”, denunciaron los autores en el documento de investigación.

Esta aparente invisiblidad de la fiesta, a pesar de ser la mayor expresión cultural del municipio, al que hacen referencia Mejía, Sánchez y Escóbar, también fue certificada por Rodolfo Ramos, paceño y uno de los más antiguos protagonistas de la fiesta de San Joaquín en Jaihuayco.

“Mi padre, un suboficial de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) contribuyó también a que la fiesta perdure en el tiempo de la mano de los Tundiques, una danza afroboliviana que promovió en 1953, año en que llegó a Cochabamba como migrante desde la ciudad de La Paz”, relató Ramos con una pasión que desborda emoción y recuerdos.

Durante casi tres décadas, entre 1940 y 1960, la mayoría de las fraternidades dibujaban coreografías callejeras “acompañados solo con un bombo. No había, entonces, y por años, banda como tal”, aseguró.

Junto a la danza de los negritos, “surgió también la primera fraternidad de diablos bajo el influjo, entonces, del poderoso sindicato de trabajadores del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB)” comentó Ramos, quien además es el vicepresidente de la Asociación de Conjuntos Folclóricos de la Fiesta de San Joaquín en Jaihuayco.

LAS FRATERNIDADES

Año tras año, la fiesta deja el barrio y comienzz a llegar a la gran ciudad y para demostrarlo, Ramos dijo que desde hace 15 años la entrada inunda la capital en señal de que “está presente y decidida a quedarse para siempre en el imaginario popular de la gente”.

Esta presencia se hizo más elocuente por el número de fraternidades (34) que participan de la festividad y se incrementa cada año.

“San Joaquín comenzó con 5 conjuntos. Hoy tiene más de 30 y la visión es de seguir creciendo más en los próximos años”, reveló Ramos.

La apuesta es ambiciosa. San Joaquín debe emular lo que es Gran Poder en La Paz, afirmó el representante de la Asociación de Conjuntos Folclóricos.

Sin embargo, la festividad de San Joaquín es también una oportunidad para que los poderes urbanos busquen ganancias simbólicas con ella y una plataforma para acrecentar el capital social del consejo distrital, los dirigentes barriales, la Asociación de Fraternidades Folklóricas, la parroquia de San Joaquín, la Cooperativa de San Joaquín, quienes saben que la fiesta grande es un botín de imagen, prestigio y contactos, dijo Ramos en coincidencia también con los autores Mejía, Sánchez y Quispe.

Todo comenzó en Pucara

La fiesta de San Joaquín nació en la zona rural de Pucara, allí donde viven en las faldas del cerro, campesinos dedicados a la producción agrícola, reveló Rodolfo Ramos, vicepresidente de la Asociacion de Conjuntos folclóricos de Jaihuayco.

El párroco de San Joaquín, Miltón Claure Peredo, es más incisivo aún con la historia de la fiesta.

Señala que, en realidad, la expresión cultural comenzó en el Siglo XIX.

“De aquel tiempo contamos con registros, por ejemplo, de bautizos”, indicó el sacerdote.

Al igual que Ramos, está convencido que la festividad de San Joaquín echó raíces con más fuerza en el Siglo XX.

De hecho, el párroco Sebastián Soliz fue uno de los artífices para promover esta expresión folclórica junto a la parroquia, centro litúrgico que fue consolidado en la década de los años 1920, precisó la autoridad eclesial.

La fiesta posee un rico significado religioso y social ya que moviliza a un sinnúmero de personas que manifiestan su fe y su identidad socio-cultural en las celebraciones litúrgicas, señaló Claure.

Las variadas expresiones culturales y folclóricas son atractivas, por cuanto son una afirmación de la identidad de la gente, apuntó.