Santa Cruz

“Sabiduría para escuchar al pueblo para servirlo, no para dominarlo o explotarlo” Mons. Sergio Gualberti

En la Homilía pronunciada este domingo 27 de julio, Mons. Sergio Gualberti exhortó al pueblo a entender la importancia del Reino de Dios por sobre todas las demás cosas “El Reino de Dios es un tesoro y un tesoro no es algo que todos encuentran en cualquier esquina y cada día”

Mons. Sergio acotó “el Reino de Dios es el verdadero tesoro que exige una decisión definitiva y valiente: Dejar todo lo demás porque ante este tesoro que nos da Dios todos los demás bienes son añadiduras”.

El Arzobispo explicó que el Reino de Dios no es para estar tristes, sino para estar alegres. Por ello evocó las palabras del Papa Francisco en su primera encíclica Evangelii Gaudium: “la alegría del evangelio llena el corazón y toda la vida de los que se encuentra con JESÚS” de esta manera explicó que con Jesucristo en la vida de cada creyente siempre nace y renace la alegría.

Mons. Gualberti recordó la sencillez del Rey Salomón que pidió solo lo esencial a Dios, “un corazón que escuche, no riquezas ni larga vida, tampoco aniquilar a sus enemigos” Con esta base Mons. Sergio acotó que el Rey Salomón entiende bien que un gobernante necesita sabiduría para escuchar a Dios y escuchar a la gente. Escuchar a Dios para discernir entre el bien y el mal y escuchar al pueblo para responder a sus necesidades, para servirlo, para juzgarlo con equidad e imparcialidad, no para dominarlo o explotarlo al estilo de los reyes de entonces…

Mons. Sergio al referirse a la Sabiduría del Rey Salomón expresó: “La sabiduría exige vigilancia ante la presencia del mal, vigilancia para ser fieles a la voluntad de Dios en ese contexto una convivencia justa y fraterna tiene que regirse por la moral y la ética”

Al finalizar su homilía Mons. Gualberti pidió al Pueblo que “Agradezcamos a Dios que nos ha llamado a ser parte de su reino y hagámoslo con las palabras del Salmo: El señor es mi herencia, yo he decidido cumplir tus palabras, para mi vale más la palabra de tus labios que todo el oro y la plata…

Amén.