Análisis

Roberto Flock: “Uno de ustedes me va a entregar”

Reflexión del obispo de San Ignacio en el día de Miércoles Santo.

Miércoles Santo 2020 – “Uno de ustedes me va a entregar”

Queridos hermanos.

Los cuatro evangelios cuentan la traición de Judas, con diversos detalles. El hecho de ser entregado por uno de los Doce Apóstoles, seleccionados por Jesús mismo, escandalizó a los demás. Todos coinciden en el precio de las 30 monedas de plata. Más que el valor del monto, hace recordar el relato en Génesis de la venta de José por 20 monedas de plata, traicionado por sus 11 hermanos. La traición de Jesús es el costo de un esclavo. Por otro lado, vale lo que Jesús comentó: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho” (Lc 16,10). Según San Juan, Judas manejaba la bolsa común y robaba de ella.

Yo he observado que entre mis sacerdotes algunos se quejan si hay una colecta especial, y los mismos tienen dificultad en distinguir entre su plata personal y el dinero de su parroquia. Y todos sabemos que cuando las personas corruptas llegan a las altas esferas del poder, sus estafas son millonarias, como, por ejemplo, el caso del Fondo Indígena y lo que sucedió en el programa Cotas por Cuotas. Corrupción es robo del pueblo, traiciona a la Patria y desprecio de Jesús.

Jesús sorprendió a los discípulos al anunciarles que “uno de ustedes me entregará”. Y preguntan: “¿Seré yo, Señor?”. Es interesante como Jesús identificó al traidor. En vez de identificarlo por nombre, dice: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo.” Se refiere a la relación de confianza y amistad. Más tarde le dirá: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?» (Lc 22,48).

Así es la traición. Una confianza especial es aprovechada y manipulada, hasta que se descubra la verdad, o hasta realizar la maldad. Es así con la infidelidad entre esposos, como también con el fraude electoral que vivimos recién en Bolivia. Se hace grandes esfuerzos para esconder la verdad, para engañar, proclamando amor, entrega y sacrificio, mientras todo el tiempo está persiguiendo otros objetivos para provecho personal o de grupo.

Jesús no se dejó engañar. Por eso llamó la atención en la Última Cena. Su objetivo no fue de condenar a Judas, aunque dijo: “Más le valdría no haber nacido”. Quita su máscara, le advierte las consecuencias, y le obliga a tomar una decisión final. O llevar a cabo lo planificado, o arrepentirse. Judas optó por la traición, y terminó ahorcándose. Su nombre, tan popular en aquel entonces por el recuerdo de Judas Macabeo, famoso libertador de Israel, ya no se pone a nadie.

Jesús tuvo otro objetivo. Hizo salir al traidor antes de instituir la Eucaristía. Esta cena no es para Judas. Es para sus auténticos discípulos y amigos. “Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Tomen y beban; es el cáliz de mi sangre. Hagan esto en conmemoración mía. Dichosos los invitados a la cena del Señor”.

Monseñor Roberto Flock

Obispo de San Ignacio