Análisis

Roberto Flock: “El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto”

5º Domingo de Pascua – 29 de abril 2018

“El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto”

Queridos hermanos.

Anteayer se celebró aquí en San Ignacio el 29 aniversario de la Fundación de Ayuda Social San Ignacio de Velasco (FASSIV).

Además de los justos reconocimientos por todo el bien que se ha hecho durante estos años, ha sido ocasión para bendecir nuevos ambientes de fisioterapia, que estarán al servicio tanto de las personas con discapacidad, como también externos que desean acudir. La invitación para el evento incluía mención de la “Misión” de FASSIV en estos términos:

 

Rehabilitar, educar e incluir a las personas con discapacidad mental, física, visual, auditiva y/o múltiple, de la Provincia Velasco, para que mejoren sus condiciones de vida.” Una cita de Irmengard de Prestel explica su filosofía de trabajo: “Lograr que la gente del lugar asuma el trabajo”. Percibo que FASSIV es un motivo de orgullo para todo el pueblo y con justa razón. Como Obispo, me alegra ver semejante esfuerzo precisamente porque sin ser una obra de la Iglesia, es una expresión concreta de los sentimientos del pueblo católico. La gente del lugar están asumiendo el trabajo. Es un ejemplo de lo que Jesús dice en el Evangelio de hoy: “La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.”  Pues, durante sus 29 años de servicio, FASSIV, ha dado frutos abundantes en la promoción de la dignidad, del bienestar y de la mayor capacitación de las personas con discapacidad.

 

No me convence la designación: “Personas con capacidades diferentes”, pues todos tenemos capacidades diferentes. Tampoco “especiales”, pues todos somos especiales. Estas frases intentan esquivar la imponente  realidad que se quiere enfrentar y superar, que desafortunadamente, algunas personas sufren dificultades por algún defecto. Son personas con discapacidad. Se define así: “Falta o limitación de alguna facultad física o mental que imposibilita o dificulta el desarrollo normal de la actividad de una persona.”  

 

Sin embargo, como el lenguaje es importante para superar prejuicios, es bueno que se tome conciencia que ciertos términos comunes son inapropiados, como por ejemplo: “minusválidos” e “inválidos”, ya que es inhumano implicar que la persona valga menos.  Incluso, debemos evitar el término “discapacitado”, porque la discapacidad no equivale a la incapacidad. Así nos dijeron en un encuentro con el empresariado en Cochabamba, donde compartieron experiencias exitosas de inclusión laboral, que junto con la inclusión social, es importantísima para la dignidad.

 

Jesús, en el Evangelio nos habla de capacidad y de discapacidad: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.” Detrás de esta afirmación hay la conciencia de que toda la humanidad sufre una especie de discapacidad. Aunque Dios nos creó en su imagen y semejanza, y Dios mismo vio que su creación era buena y el ser humano buenísimo, todos somos afectados por el pecado. Pues, con excepción de la Virgen María, sin pecado concebido y llena de gracia, y Jesucristo, Hijo Único de Dios, todos nosotros somos limitados en nuestra capacidad de amar con todo el corazón, toda el alma, toda la mente y todas nuestras fuerzas. Es la discapacidad más grave. Somos personas con discapacidad espiritual.  Somos pecadores.

 

Pero discapacidad no es incapacidad. Hay un remedio frente a esta triste realidad, que convierte todo el mundo en valle de lágrimas por la orfandad espiritual y por todos los sufrimientos y crueldades que nacen del pecado y del mal. El remedio está en nuestra unión con Cristo: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.” Jesús es la razón de nuestra esperanza. Unidos a él podemos superar el pecado; con su gracia y su amor, pues, nos capacita para el bien. Pero sin Jesús, o se rinde a la indiferencia y el cinismo –los verdaderos opuestos a la fe– o se pelea desde ideologías reduccionistas y con políticas sucias para imponer supuestas soluciones que en realidad marginan a un grupo en favor del otro, siempre presentándose como mesías salvador, cuando en realidad es una persona más o un grupo de personas con discapacidad espiritual, necesitada de Jesucristo, la vid verdadera.

 

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía». Ustedes ya están limpios por la palabra que Yo les anuncié.” Podemos entender que a veces hay actitudes, hábitos y hasta vicios que perjudican nuestra capacidad de dar los frutos deseados, por lo que necesitamos purificación, o limpieza, que viene a través de su Palabra. Captamos que nuestra unión con Cristo no es una simple pertenencia por el Credo y el Bautismo. También supone un proceso de escucha, de conversión, de aprendizaje y constante renovación. Por eso nos da los Sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación. De esta manera nos hace “terapia espiritual” en forma permanente. Así insiste:

Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.” Para esto nos toca ser fieles a la Misa dominical, escuchando la Palabra de Dios y recibiendo la Santa Comunión. Así, los buenos frutos, como vemos con el FASSIV, se multiplicarán, para gloria de Dios Padre y para el gozo nuestro.