Análisis

Rincón Vocacional / P. Pedro Rentería: “Busco chico”

De la serie: “A ti, joven campesino”.

Todos los días en la Eucaristía, y dentro de ella en la Oración de los Fieles, los padrecitos de Chuquisaca pedimos al buen Dios que nos envíe santas y fecundas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, consagrada y misionera. Yo añado, también, “para el matrimonio”, en estos momentos en que la fidelidad de muchas parejas sufre graves crisis.

Permíteme, chaval del hogar-internado, que hoy, en esta columna que es para ti, para los adolescentes, para los colegas educadores y para quien tenga unos minutos de paciencia con su autor, haga un poco de promoción vocacional. Es decir, quiera animarte a pertenecer a nuestro grupo de seminaristas que aquí, en el Seminario San Cristóbal de nuestra ciudad, desean forjar un proyecto, un destino, un sueño para su vida: el ser sacerdotes de Jesucristo, nuestro hermano mayor.

Por eso el título de hoy: “Busco chico…”

…que quiera soñar con llegar a tener un corazón generoso,

…que desee aprender a compartir sus cualidades con otros,

…que se esfuerce en limitar el uso de su celular,

…que esté dispuesto a ayudar a alguien cada día,

…que busque el tener gusto por leer buenos libros,

…que pretenda ser disciplinado en su estudio, en sus tareas de clase y de casa.

Busco chico…

…que no se avergüence por no fumar y no emborracharse,

…que aspire a sentirse a gusto entre pobres, excluidos, chicos de la calle…,

…que no tenga prisa para emparejarse y sí para aprender a amar,

…que quiera vivir los Sacramentos: Penitencia, Eucaristía. Y procure cada día unos minutos de oración,

…que siempre sea muy sincero,

…que persiga el buen humor, la sonrisa cálida y el abrazo inocente,

…que tenga un poco de poeta, de bohemio, de payaso…

Busco chico… que no sea perfecto y sí consciente de sus limitaciones.

O sea, busco chico…

…que no tenga miedo a plantearse el ser sacerdote de Jesucristo,

…y un día, por qué no, recorra caminos haciendo el bien,

…con mansedumbre y humildad,

…al igual que en otro día lejano lo hizo el Maestro de Nazaret.

No es que busquemos jóvenes perfectos. Tampoco nosotros, los sacerdotes, lo somos. Buscamos muchachos que quieran empeñarse cada día en llegar al fin que se propongan. Que, con ayuda de educadores que sepan ilusionar y encantar, no desfallezcan e intenten una y otra vez el conseguir esas metas apuntadas más arriba.

Bueno, pues si tú eres ese chico, ponte en contacto con tu párroco o llama a la puerta de tu Seminario más cercano.

Te espero. Te esperamos.