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Mons. Sergio Gualberti: “no es correcto dar en limosna lo que se debe por justicia”

En su homilía dominical Mons. Sergio Gualberti se refirió a la próxima celebración de la solemnidad de Todos Santos como un signo claro de vida y esperanza de que nuestros difuntos, siguen vivos en Dios.

Por otro lado convoco al pueblo de Dios a salir del conformismo de una sociedad de consumo que en estos días se prepara con “¡Cuánta facilidad en aceptar acríticamente una costumbre foránea como Halloween, muy lejana de nuestra cultura y del sentido auténtico de la fiesta cristiana de “Todos Santos”,

Asimismo exhorto al pueblo de Dios ha salir del anonimato de las masas, de las situaciones alienantes, de la pasividad y dar pasos decididos en la búsqueda del Señor.

HOMILIA DE MONS. SERGIO GUALBERTI
ARZOBISPO DE SANTA CRUZ
PRONUNCIADA EL DOMINGO 30 DE OCTUBRE DE 2016

El próximo martes 1° de noviembre nuestra Iglesia celebra la solemnidad de “Todos los Santos”, los canonizados por la Iglesia y tantos otros santos “anónimos” que con fidelidad y amor han servido y amado al Señor. Es la fiesta de los bautizados, todos llamados a ser santos como Dios. El día miércoles, es la Conmemoración de todos los difuntos, un día de oración intensa por los hermanos que han dejado este mundo.

En estas fechas, hay un gran movimiento alrededor de las tumbas de nuestros seres queridos, visitas multitudinarias a los cementerios, intenciones en las Misas de difuntos y otras manifestaciones de religiosidad de nuestras distintas culturas.

Estos gestos y nuestras oraciones no son solo expresiones del cariño a nuestros queridos difuntos, sino manifestaciones de nuestra fe en la resurrección, signos claros de “vida y esperanza” que revelan convicción de que nuestros difuntos, siguen vivos en Dios y que podemos entrar en comunión con ellos, a través de Jesucristo, la presencia de los ausentes y lejanos.

Es la esperanza cristiana que nace de la fe en la resurrección de Jesús y en la de los muertos en el Señor. La vida más allá de la muerte es el mensaje esperanzador en un mundo y una sociedad siempre más desorientados y sin esperanza. Esto nos tiene que mover a escuchar las palabras de vida eterna que nos ha dicho el Señor Jesús, nuestro salvador, liberando nuestro corazón de tantas seducciones pasajeras y orientándolo hacia los bienes venideros, que ahora no vemos pero que nos esperan y que durarán para siempre.

A la luz de este misterio de amor y de misericordia del Dios de la vida, que quiere compartirla para siempre con nosotros, nos acercamos al hermoso evangelio de hoy, que nos presenta el encuentro de Jesús con Zaqueo.

Este hecho, junto con las parábolas del samaritano y del Padre misericordioso, lo podemos definir “un evangelio en el Evangelio”, la buena noticia de la misericordia, porque pone de relieve los elementos fundamentales de la novedad cristiana anunciada por Jesús.

Zaqueo era un Jefe de los cobradores de impuestos que, en el desempeño de su oficio, se había hecho muy rico, seguramente no por su actuación honesta. Como hemos visto el anterior domingo, esta clase de personas eran consideradas pecadores públicos, excluidos de la vida de la comunidad judía y de la salvación. Zaqueo, para el evangelista Lucas, representa un caso extremo, un pecador sin posibilidad de redención destinado a ahogarse en la autosuficiencia de sus bienes.

No obstante, su posición económica acomodada no lo satisface del todo, la falta de sentido en su vida lo empuja a «buscar». “El quería ver quien era Jesús: ha escuchado hablar del Mesías que ahora está en su pueblo, siente que él puede ser la respuesta a su inquietud, por eso quiere «ver» “quien es Jesús”: buscar y ver indican el deseo de un contacto directo con la persona de Jesús.

A pesar de sus esfuerzos, a causa de la muchedumbre y de su baja estatura, no logra acercarse a Jesús. Estos obstáculos representan las preocupaciones que encierran a Zaqueo en si mismo y no le permiten elevarse ni conocer a Señor. Las seguridades y afanes en las que a menudo uno se encierra, son un obstáculo para ver y encontrar al Señor. Todos los seres humanos somos demasiado pequeños para ver la gloria de Dios, sin embargo Dios nos acepta como somos y solo nos pide que aceptemos humildemente nuestra condición de criaturas y que lo busquemos con sinceridad. Esta es la sola condición para ser parte del Reino de Dios, donde tienen cabida los pecadores perdonados, los sencillos, los humildes y los pobres.

Se adelantó y subió a un sicómoro. La salvación exige adelantarse, salir del conformismo de una sociedad de consumo que nos quiere uniformar a todos en moldes prefabricados.

Un ejemplo de estos días: ¡Cuánta facilidad en aceptar acríticamente una costumbre foránea como Halloween, muy lejana de nuestra cultura y del sentido auténtico de la fiesta cristiana de “Todos Santos”, promovida por los intereses del comercio a través de los medios de comunicación! Para ver y encontrar a Jesús, hay que salir del anonimato de las masas, de las situaciones alienantes, de la pasividad y dar pasos decididos en la búsqueda del Señor.

Jesús miró hacia arriba. Es un gesto exquisito de amor, Jesús desde abajo levanta los ojos. Es una actitud propia de una persona que ama, que considera al otro superior a si mismo y que lo mueve a ponerse a su servicio. Es el gran misterio de la humildad de Jesucristo, Dios hecho hombre, que se hace el servidor de todos y se anonada para salvarnos.

Jesús lo llamó por nombre “Zaqueo”, como a Pedro y a los demás apóstoles, es un signo de respeto, amistad y confianza. A nosotros también el Señor nos llama por nombre, conoce nuestro corazón y nuestra vida y nos ofrece su amistad.

“Baja rápidamente”. Jesús invita a que Zaqueo actúe con prontitud y urgencia, que no deje pasar la ocasión de abrir su corazón para acoger la salvación.

“Hoy tengo que quedarme en tu casa”. El Hoy, es el tiempo de la salvación, aquí y ahora Dios se manifiesta. En el “hoy” Dios quiere quedarse en nuestra casa y en nuestra vida de cada día, donde se juega la vida eterna. Por eso hay que acogerlo y alojarlo en nuestra vida ahora, no añorar el pasado o pensar en un sueño futuro.

“Tengo que quedarme”: Es una necesidad de quien ama el quedarse con la persona amada. Jesús se queda con y en nosotros, porque él es el Emmanuel, el Dios con nosotros.

En tu casa. La casa es el lugar de la seguridad, del encuentro, del amor, estamos a gusto en ella, y Jesús quiere quedarse en nuestros hogares, en nuestra vida cotidiana. Esto es posible solo si estamos dispuestos a acogerlo, a escucharlo y a estar unidos a él.

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Zaqueo no duda un instante y acoge a Jesús con mucha alegría. La acogida es el gesto fundamental de la solidaridad, de la disponibilidad y de la apertura hacia los demás, una experiencia que colma de alegría. Todo el Evangelio nos presenta a Dios que nos acoge y que quiere ser acogido.

Al verlo, todos murmuraban… se ha ido a alojar en casa de un pecador. Los judíos critican duramente a Jesús porque entra en contacto con ese hombre considerado impuro y pecador. Esclavos de sus prejuicios, no entienden absolutamente nada de Dios y se sienten con el derecho de constituirse como jueces y de condenar a los pecadores, marginándolos de la vida comunitaria, religiosa y destinándolos a la perdición. Jesús, por el contrario, poniendo en práctica la pedagogía misericordiosa del Padre, se auto-invita a la casa de Zaqueo, se sienta a la mesa y comparte como amigo con él.

Zaqueo, puesto en pie: Está parado, en actitud de servicio y presto para actuar. “Doy la mitad de mis bienes a los pobres.” Es un gesto concreto que confirma su conversión y que la presencia de Jesús ha llegado en lo hondo de su vida. Dar a los pobres es el primer y decisivo paso de solidaridad y de misericordia hacia los hermanos más sufridos, y al mismo tiempo el gesto que abre las puertas de la salvación, porque los pobres son la página central del Evangelio.

“Y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más”. Zaqueo se da cuenta de que no es suficiente la caridad, ésta no sustituye a la justicia; no es correcto dar en limosna lo que se debe por justicia. Reconociendo públicamente su falta de honestidad en el ejercicio de su oficio se compromete a reparar las injusticias cometidas, devolviendo más de lo que exigía la ley.

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también este hombre es hijo de Abrahán”: Palabras consoladoras y de esperanza: con Jesús ha llegado a la salvación Zaqueo y a toda la familia. Por el gesto de amor del Señor él es liberado de las cadenas del pecado y de la muerte y reconocido nuevamente como miembro de la comunidad de los salvados. Es el hoy de la conversión y de la vida.

En este hecho se manifiesta claramente que Jesús, “el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Estas palabras son la clave de lectura de la misión de Jesús, de su identidad y del misterio pascual. Toda la vida y el ministerio de Jesús, han sido una búsqueda de los pecadores y perdidos, para encontrarlos y salvarlos.

El libro de la Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta esa misma imagen de Dios que ha creado por amor y que quiere compartir su misma vida con nosotros. “Señor, tu amas la vida”. Nuestro Dios es el Dios de la vida, que ama a la vida y rechaza la muerte, la violencia y el odio. Y no podía ser de otra manera, visto que él mismo nos ha creado a imagen suya: “Tu amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho; porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado”.

Por eso el Señor cuida de la creación entera y en particular conserva y hace subsistir a los seres humanos. Su amor misericordioso hace que se compadezca de nosotros y que evite tomar en cuenta nuestros pecados y debilidades: “Tú te compadeces de todos,… y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan… y crean en tí”.

Esta mañana, Jesús por su actuación con Zaqueo, nos ha ofrecido el ejemplo del amor sin límites del Padre, siempre dispuesto a perdonar y a hacernos partícipes de su vida, un Dios que, como hemos orado en el Salmo: “Es bondadoso y compasivo… es bueno con todos y tiene compasión de todas su criaturas”. Amén