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Reflexión sobre la Alegría Cristiana en Adviento

 Homilía para el 3er domingo de Adviento, C

15 de diciembre 2025

 

Cada vez falta menos para celebrar la navidad y en este tiempo de preparación vamos subiendo como escaleras para acercarnos más al Señor. A veces, subimos un peldaño, bajamos dos, y luego subimos tres. Esa es nuestra vida de Hijos de Dios. Siempre en conversión.

 

Hoy es el domingo de la alegría y la Palabra de Dios y la liturgia nos invita a reflexionar sobre la alegría cristiana que nace de la esperanza, no es forzada, ni artificial.

 

En estos días previos a fin de año, al caminar por las calles, nuestra atención viene capturada por los maravillosos escaparates comerciales, las decoraciones navideñas, las luces y los aromas de las fiestas de fin de año. ¿Cómo impacta este ambiente en nuestros? ¿nos causa alegría, nostalgia, indiferencia, frustración por no tener todo lo que queremos?

 

Este domingo de la alegría, conocido como “Gaudete”, nos recuerda claramente que podemos y debemos “alegrarnos en el Señor”, y que tenemos que ser prudentes para valorar las cosas buenas y dejar de lado todo lo que es excesivo.

 

 

La primera lectura, nos recuerda que nuestra alegría se debe a que hemos sido liberados y que el Señor nos protege de nuestros enemigos. Por lo cual, nunca debemos perder la esperanza.

 

Los cristianos tenemos una relación distinta con la alegría y el sufrimiento, porque desde nuestra fe estamos llamados a ser solidarios con los que sufren, pero al mismo tiempo estamos llamados a ser portadores y repartidores de la alegría. Tenemos que vivir en un balance porque nuestra en nuestra vida, no todo es alegría o sufrimiento, y mientras más pasan los años lo vamos experimentando más y más.

 

 

En el Evangelio, Juan Bautista nos da consejos prácticos para nuestra vida:

–        Enderezar los caminos (una referencia a la moral);

–        Compartir los propios recursos (una referencia a la solidaridad);

–        Conformarse con el salario, es decir, ser justos y evitar la corrupción o la codicia de siempre tener más.

 

Tenemos el ejemplo de Juan el Bautista, quien nos enseña el espíritu de servicio. Él fue enviado a preparar el camino para el Mesías y lo hizo sin reservarse nada, él no estaba interesado en obtener prestigio o éxito y cuando lo confunden con el Cristo, claramente señala que viene uno más grande que él.

 

Preguntémonos si ¿somos capaces de hacer espacio para los demás? ¿De escucharlos, dejarlos libres, permitirles expresarse, sin atarlos a nosotros ni exigirles reconocimiento?

 

Por otro lado, Juan Bautista, quien nos prepara para recibir a Cristo en nuestras vidas nos aclara que la verdadera alegría trasciende las obras humanas, es decir nosotros nos ponemos nuestro esfuerzo pero también tenemos que estar abiertos a la gracia, ya que la verdadera liberación del mal proviene del poder de Dios a través de Jesucristo.

 

Por eso, el evangelio menciona a aquel que bautiza el Espíritu Santo y con fuego. Un fuego que purifica, consume, cauteriza, elimina.

 

El Espíritu Santo nos da la alegría de vivir la belleza de la salvación, y es Dios Espíritu Santo quien realmente puede salvarnos.

 

En este tercer domingo de adviento esforcémonos por subir un peldaño más hacia nuestro Señor, pero también abramonos a la gracia del Señor que supera todos los esfuerzos humanos.

POR: ARIEL BERAMENDI

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