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REFLEXIÓN DOMINICAL: TÚ ERES “PEDRO”

En el centro del evangelio de Mateo que vamos leyendo a lo largo de este año se encuentra el pasaje de este domingo (Mt 16,13-20). En él Jesús plantea abiertamente la cuestión de su identidad, pero reclama, sobre todo, la respuesta personal de sus discípulos. Destaca la confesión de fe de Pedro, profundamente creyente, que reconoce en él al Mesías y al Hijo de Dios vivo. A esa confesión de fe de Pedro corresponde Jesús con una triple indicación: la felicitación por haber recibido de Dios la revelación que le ha llevado a profesar su fe, la elección particular de Jesús para que Pedro desde su fe constituya el fundamento sólido de la única Iglesia de Cristo y la concesión de toda la autoridad, mediante la entrega de las llaves del Reino, para ejercer su misión al servicio del mismo con la potestad de atar y desatar.

Especialmente resuena la correspondencia entre las palabras de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” y las de Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

La confesión de Pedro, decidida y audaz, impulsa a Jesús a conferir a Pedro una misión y un estatuto especial en el interior de su Iglesia. Una bienaventuranza tan personalizada y singular no es habitual en los textos bíblicos, los cuales dirigen este tipo de felicitaciones a grupos o categorías de personas. Lo extraordinario de la expresión atrae la atención sobre la figura y la misión de la persona de Pedro, cuya primacía entre los discípulos queda patente a lo largo de todo el Evangelio. La bienaventuranza dirigida a Pedro muestra que el origen de su conocimiento es el resultado de una verdadera revelación del Padre.

Mediante el juego de palabras, Pedro y Piedra, Mateo justifica el cambio de nombre de Simón, pues, al llamarlo así, Jesús transforma su identidad personal apuntando a la misión específica que va a tener en la construcción de su Iglesia. La piedra es símbolo de la estabilidad, de la solidez y de la durabilidad. En el Antiguo Testamento se aplica a Dios (Sal 18,2) y al Mesías (Sal 118,22-23; Is 28,16-17), y a Abraham en cuanto cabeza del pueblo Israel (Is 51,1-2) y en el Nuevo Testamento a Jesús (Rom 9,33; 1 Cor 3,11; 1 Pe 2,4-8). De este modo el nombre de “Pedro” refleja su misión y su función en la Iglesia. Con este fundamento, el Señor Jesús fundará y construirá la Iglesia. Es una acción futura que realizará Jesús en persona consolidando una comunidad mesiánica, no reducida ya al grupo histórico de sus discípulos sino, sino abierta a todas las gentes (Mt 28,16-20). La Iglesia es la comunidad asamblea de los llamados y convocados por Dios para vivir en su Alianza de amor. Esa comunidad mesiánica trasciende las fronteras nacionales, étnicas, culturales y lingüísticas y constituye el nuevo Pueblo de Dios de carácter universal. De esa Iglesia Pedro es el fundamento sobre el que Jesús erige una comunidad viva, que anclada en la fe petrina confiesa a Jesús como Mesías e Hijo de Dios vivo y participará de su victoria definitiva sobre el mal y sobre la muerte.

Con la entrega de las llaves del Reino a Pedro se subraya la autoridad recibida por parte de Jesús en el servicio al Reino con la tarea eclesial de atar y desatar, es decir, de interpretar y llevar a cabo el proyecto de Dios sobre la humanidad, revelado en el Evangelio. Esta misión de atar y desatar pertenece también a la Iglesia (Mt 18,18) pero tiene en la figura del apóstol Pedro su primacía. La presencia del sucesor de “Pedro” en Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud es un motivo de inmensa alegría pues a través de él, de su palabra sabia e iluminadora, sigue consolidándose la fe entusiasta y comprometida de la Iglesia y de los jóvenes del mundo en torno a Jesús, Mesías, el Hijo de Dios. Gracias a Dios porque “Pedro” está entre nosotros y nos infunde ánimo y esperanza.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura