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Reflexión dominical: El Pan de los pobres, humildes y servidores

El día del Corpus

 

La celebración del Corpus Christi recapitula en un día de fiesta extraordinario la trascendencia de la Eucaristía en la vida de la Iglesia y el dinamismo del pan partido como sacramento que proclama y exalta la presencia del Señor Jesús, el cual se entrega a la humanidad para ser compartido como un don y signo decisivo del Reinado de Dios. En la fracción del pan, según Marcos, se dice: “Y, estando ellos comiendo, tomando pan, bendiciéndolo, lo partió y se lo dio y dijo: Tomen, esto es mi cuerpo” (Mc 14,22).

 

Panis Angelicus

 

Santo Tomás recogía el misterio en uno de sus hermosos himnos eucarísticos, Panis Angelicus:

El pan angelical se convierte en pan de los hombres,

El pan del cielo acaba con las antiguas figuras.

¡Oh, qué misterio tan admirable!

Del Señor se alimentan

los pobres, los siervos y los humildes

 

En tiempo de pandemia mundial

 

En este año 2021 seguimos en cuarentena por la pandemia mundial del coronavirus y por eso no es posible celebrar el Corpus en Santa Cruz de la Sierra en la forma como se ha hecho todos los años, menos el 2020. La Eucaristía, celebrada en el estadio de fútbol y adorada y exaltada por las calles de esta ciudad hasta la catedral, manifiesta siempre la alegría desbordante de la presencia del Señor en nuestras vidas y en nuestra historia y se convierte en el contenido central de la alegría misionera que renovamos todos los años.

 

La lección de Jesús en la Eucaristía

 

En la mesa eucarística Jesús se hace compañero en nuestro caminar, pero él es protagonista de los gestos primordiales que pueden hacer de la humanidad una verdadera fraternidad. Además de compartir, Jesús realiza y enseña lo que hay que hacer en la vida para transformar el mundo en un hogar para la familia humana. Al tomar el pan, Jesús acoge la espiga triturada y el pan amasado en el dolor, abraza el cansancio y las fatigas de los que sufren y asume en su amor inmenso los problemas de la humanidad atrapada en un sistema social que parece un callejón sin salida y en un pecado capital, la codicia, que parece no tener redención.

 

La institución de la Eucaristía

 

Los gestos y las palabras sobre el pan y la copa están contenidos en los relatos bíblicos de la cena pascual (1 Cor 11,23-26 y Lc 22,15-20; Mc 14,22-25 y Mt 26,26-29), de los cuales quisiera resaltar dos aspectos comunes: el gesto de partir el pan y las palabras de Jesús sobre el pan. La convergencia de todas las versiones neotestamentarias permite reconocer como gesto unánime de Jesús que él “partió el pan” que había tomado y lo acompañó con las palabras: “Esto es mi cuerpo”. La relevancia del gesto de “partir” (en griego klao) es trascendental. Cuando Jesús partió el pan lo vinculó estrechamente a su trayectoria de amor y de servicio que culminó con su muerte injusta y violenta en la cruz. Sobre este pan troceado es sobre el que Jesús declara esas palabras: “Esto es mi cuerpo”.

                           

El sacramento del pan partido

 

Ese pan, ya partido, prefigura lo que será su muerte como expresión de la vida que se entrega por amor. El pan partido es palabra que revela el amor hasta la muerte de Jesús. Es sacramento que transparenta y hace visible aquel amor. Es cuerpo que suscita en quienes lo comparten el dinamismo existencial de la entrega de la vida por el prójimo. Jesús hace de aquel momento el signo fundamental de su existencia. Su fuerza simbólica fue percibida desde el principio por sus discípulos y se convirtió en el memorial del amor sacrificial de Cristo, en anuncio de su resurrección de la muerte, en expresión de la comunión fraterna y solidaria entre los creyentes y en signo por excelencia del Reino de Dios. El pan partido es el Cuerpo de Cristo, vencedor del pecado y de la muerte. Al participar en esa comida los creyentes formamos parte de ese pan, alimentamos nuestro espíritu y estamos llamados a vivir su mismo dinamismo de entrega, de sacrificio y de amor, proclamando la inmensa alegría que suscita en nosotros la Eucaristía.

 

La fiesta del Pan partido

 

En Santa Cruz de la Sierra sigue siendo una gran fiesta aunque no se celebre en el estadio de fútbol con cuarenta mil participantes. Es día feriado y lo podremos celebrar en las parroquias con aforos limitados pero con los medios de las redes sociales de comunicación haremos lo posible para que la Eucaristía pueda ser vivida como centro de la vida cristiana, como cumbre y fuente de la evangelización.

 

La procesión es hermosa pero no es lo esencial

 

En la Iglesia somos muy conscientes de que  celebrar y exaltar hoy la fracción del pan como cuerpo de Cristo, crucificado y resucitado, no puede consistir sólo en hacer una procesión con el Cuerpo Eucarístico de Cristo, ni participar de una celebración hermosísima y multitudinaria, sino que debe consistir en seguir abriendo un camino eucarístico en la lenta marcha de la historia para que todos los cuerpos rotos del mundo encuentren en el Cuerpo amoroso y entregado de Cristo su comunión más solidaria y su transformación más profunda.

 

La comunión con los cuerpos rotos

 

Oremos y comprometámonos para que hoy todos los cuerpos rotos por el dolor, los de los enfermos y desahuciados, los de los pobres y desheredados, los de las prostitutas y de los inmigrantes, los de los niños de la calle y maltratados, todos los cuerpos dañados por el mal del coronavirus, del hambre y de toda injusticia, todas las víctimas encuentren en el Cuerpo de Cristo, partido por amor y compartido por su Iglesia, la esperanza de la liberación de esta coyuntura histórica agobiante y de este sistema social decadente y puedan experimentar la alegría de la redención de toda persona humana por medio Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre contituyen hoy la gran fiesta de la Iglesia. ¡Feliz día del Corpus Christi!

 

José Cervantes Gabarrón es sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura