Cochabamba

Recordando al Tata Rosales

Su apostolado se encarnó en la sociedad cochabambina por la hondura de su palabra y su proverbial sencillez, que se inició en el acendrado amor por su familia, por su pueblo, por el deporte y por los soldados que asistió como sanitario durante la campaña del Chaco y como prisionero en el Paraguay. La devoción de su familia y del sacerdote jesuita Javier Baptista reunió en cinco libros una biografía (El Sacerdote de Cochabamba) así como compilaciones de sermones, homilías, discursos y responsos que dedicó a personajes conocidos.

Nació en Tolata un 2 de enero y fue el menor de 5 hermanos: Lucía, Baldomira, Constantina, Luis y Walter; sus padres fueron Víctor Rosales y Lucía Claros. La iglesia parroquial de Tolata fue construida en predios de la familia Rosales, al lado de la antigua iglesia donde Monseñor fue bautizado, construida por el fundador y primer párroco de Tolata, Máximo Rosales, hermano de don Víctor.

Walter vivió en la casa familiar de Cochabamba, ubicada en la Avenida Aroma esquina Ayacucho; estudió la primaria en la Escuela Modelo “B”, hoy Mariano Ricardo Terrazas. Se aficionó al fútbol en la Pampa Carreras, hoy Avenida Aroma, en la Plazuela San Sebastián o en el Acho, hoy Coliseo José Casto Méndez, donde se celebraban corridas de toros para la Fiesta de San Sebastián, del 20 al 24 de enero, y se armaban wallunk’as y se armaba competencias de sortija para San Andrés, el 30 de noviembre.

A los 13 años ingresó al Seminario San Luis (Perú esquina Baptista) y allí estudió la secundaria. En 1934 se alistó como enfermero del Hospital Militar y en junio de ese año partió a la Guerra del Chaco como sargento de sanidad en el Regimiento Loa y en el Regimiento Campos. El 16 de noviembre cayó prisionero en Cañada Carmen y fue residenciado al Cuartel Tacumbú, donde hizo trabajos forzados para construir caminos. Allí servía de peluquero y escribía cartas por encargo de los prisioneros bolivianos y los soldados paraguayos. Una oportuna intervención de Monseñor Tomás Aspe, Obispo de Cochabamba determinó que Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, Arzobispo de Asunción, ordenara su paso al seminario de los padres lazaristas, donde ofició de telefonista, de sacristán y fabricante de velas antes de ser alumno.

Repatriado a Cochabamba, se reintegró al Seminario San Luis a proseguir sus estudios de filosofía y teología. Se ordenó de diácono y recibió su ordenación sacerdotal en 1939 en La Paz, de manos de Monseñor Bogarín, su protector en Asunción. Celebró su primera misa cantada en Cochabamba el 4 de junio de ese año; el periodista Arturo Zambrana publicó un artículo en El País, que recordaba las visitas del novicio Rosales al campo de concentración en estos términos: “Allí con alguna frecuencia se presentaba Walter Rosales Claros, estudiante de teología en Cochabamba. Amable, dicharachero y jovial, nos endulzaba la vida con unos instantes fugaces. Su vida era más grata y tranquila que la nuestra, en medio de la paz mística y conventual”.

Aquel año le habían otorgado una beca al Colegio Pío Latinoamericano en Roma, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que viajara y fue designado prefecto de disciplina y profesor de geografía e historia del Seminario San Luis(1940-1943). En el período fue capellán del Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y fue designado Vicerrector de dicho Seminario. En el período 1941-1943 atendió las parroquias de Tolata y San Benito y, entre múltiples obras, abrió el camino Tolata-Cliza, que hoy lleva su nombre.

En el período 1943-1966 ejerció de canciller de la curia diocesana, fue asesor de la Junta Diocesana de Acción Católica e hizo trabajo pastoral en la ciudad de Cochabamba. En 1944 tenía sólo 29 años de edad cuando fue nombrado Canónigo Diaconal de la Iglesia Catedral; en esa condición pronunció su célebre sermón de las tres horas el Viernes Santo de 1946, que impresionó al poeta Gregorio Reynolds a tal punto que lo invitó a integrarse a la Sociedad de Escritores y Artistas de Cochabamba.

En 1958 el Papa Pío XII lo nombró Prelado Doméstico de Su Santidad y desde entonces llevó con humildad el título de Monseñor. Un año después fundó el Colegio Pío XII, que dirigió hasta 1968. En 1964 el Papa Pablo VI lo nombró Deán del Cabildo Eclesiástico y en 1966 Monseñor Gutiérrez Granier lo designó Vicario General de la Diócesis. En 1971 el Papa lo nombró Protonotario Apostólico Supernumerario, con derecho a usar mitra y en 1980 el Cabildo Eclesiástico lo eligió Vicario Capitular hasta la llegada de Monseñor Genaro Prata, Arzobispo de Cochabamba.

Las instituciones cochabambinas reclamaron que se lo designara Obispo Auxiliar y protestaron cuando esa dignidad le fue otorgada al sacerdote Abel Costas. Nunca fue designado Obispo. Armando Montenegro sintetizó el sentimiento regional con estas palabras: “Muchos de los que rindieron homenaje a Monseñor Rosales le dieron el tratamiento de “Obispo Auxiliar” de Cochabamba. Y aunque estaban equivocados, decían la verdad, porque la palabra “obispo” viene del griego “epískopos” que significa “supervisor”, que se puede traducir también por “vigilante, guardián, cuidador, observador”. Y todo eso es Monseñor Rosales, como el jark’asiri que vigila los maizalos, a ratos desde la altura de la chapapa y a ratos caminando en medio de los maizales mismos.”

En 1975 la Alcaldía lo designó hijo predilecto de Cochabamba. Como resume el Padre Javier Baptista, “Muchos le dicen Tata Rosales. El término “tata” viene indudablemente del quechua y significa “padre”, pero también es “señor”, y antepuesto a un nombre “don”. (…) Al decir “Tata Rosales” el cochabambino quiere significar algo más que “Padre Rosales” o “Monseñor Rosales”. Usa el término dándole el sentido de cariño, familiaridad, confianza y respeto al mismo tiempo.”