Análisis

“Recen mucho por mí”, pide el nuevo Secretario de Estado del Vaticano

“Reza mucho por mí.  He visto que Papa Francisco siempre lo pide: que recen por él.  Qué bueno, porque es muestra de una clara conciencia de que sin el Señor no podemos hacer nada”.

Estas palabras que comparto las escribía hace unos días Mons. Pietro Parolin, quien fue oficialmente designado este sábado como Secretario de Estado del Vaticano.

Con sus 58 años de edad, es el diplomático más joven en ostentar el cargo desde los tiempos de Eugenio Pacelli, quien más tarde se convertiría en Papa Pío XI.

Don Pietro es un incansable y eficaz trabajador de la Iglesia Católica. Y gracias a su notable prudencia, casi siempre se mantiene fuera de los titulares.

Nació en 1955, en Schiavon, en la provincia de Vicenza, norte de Italia. Tras su ordenación, asumió estudios de Postgrado en Derecho Canónico.

Entró al servicio diplomático de la Santa Sede en 1986 a la edad de 31 años, y sirvió en las Nunciaturas de Nigeria, México y Venezuela; así como en Roma.

Además fungió como director para España, Alemania, Andorra, Italia y San Marino. Habla italiano, inglés, francés, español y latín.
En 2002, fue nombrado Subsecretario de la Santa Sede para las “Relaciones con los Estados”. Siete años más tarde, el Papa Benedicto XVI lo nombra su Nuncio Apostólico en Venezuela.

Conoce muy bien la realidad venezolana, pero también sus devociones. Hace poco estuvo en Isnotú (Trujillo), donde rezó por la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández.

“Es un gran hombre, un cristiano excelente (…) Un ejemplo de todas las virtudes humanas y cristianas. Venezuela tiene en él un tesoro preciado y un intercesor poderoso”, me dijo.

De acuerdo con sus palabras, aceptó la Secretaría de Estado “per la maggior gloria di Dio, il bene della Santa Chiesa e il progresso e la pace dell’umanità”.

Confiamos, como él, que la “Madonna”, a quien invoca como Virgen de Monte Berico, Virgen de Guadalupe, o Nuestra Señora de Coromoto, habrá de acompañarle en tan delicado encargo.

Al cerrar su primera declaración oficial tras su designación como el segundo del Vaticano, dijo en español: “Como se dice en Venezuela: ¡Que Dios les bendiga!”

Que Dios le bendiga a usted, monseñor. Que bendiga y acompañe siempre su fecundo episcopado y la noble labor que desarrolla en beneficio de nuestra amada Iglesia.