Análisis

¿QUÉ TIPO DE MAGISTRADOS QUEREMOS?

Lo que el gobierno se propone con las elecciones judiciales no es tan inocente como cubrir las vacantes que, por cierto, se multiplicaron por el acoso gubernamental contra los magistrados insumisos al dictat político del Órgano Ejecutivo. El objetivo primario de esa consulta tampoco es aliviar la pesada carga procesal acumulada en años de  inoperancia funcional. Su real propósito es contar con una magistratura dócil a la suprema voluntad del poder central.

Aún así, el gobierno presume de que éste sistema de provisión de cargos judiciales por elección directa de la ciudadanía va ser una elección “inédita”, es una media verdad, tan sólo cuando se trata, por ejemplo en una pequeña comunidad en donde se eligen jueces de paz entre los ciudadanos probos o los ancianos prudentes. En el resto de los sistemas vigentes en el mundo, se exige que los aspirantes a loa puestos judiciales o – en algunos sistemas, a “la carrera judicial”, profesional e inamovible – se les exija una elevada preparación académica y una total transparencia en el ejercicio de su función, de tal manera que haga visible todas sus determinaciones y posible el control democráticos de la misma. Es más, en algunos sistemas de ingreso a la carrera judicial, sea por elección o por concurso de méritos, se da la oportunidad al postulante de recibir unos cursos de complementación destinados a impartir los conocimientos jurídicos especializados y su aplicación concreta en la inmensa variedad de conflictos que el nuevo magistrado tendrá que  resolver.

Lo que sí es “inédito” en el mundo de la judicatura democrática es la elección de los altos magistrados entre los postulantes preseleccionados por criterios políticos, sin haber dado oportunidad a otros aspirantes mejor preparados y políticamente  independientes.  Como está demostrado por la milenaria experiencia de la administración de la justicia, es que el control político de los tribunales origina automáticamente una drástica pérdida de independencia por parte de la misma.

Hablemos ahora de la papeleta electoral. Esta vez no es multicolor ni multisigno como era en las consultas “neoliberales”, lo cual fue un progreso metodológico del voto universal. Lo “inédito” de la papeleta para la elección judicial del día 16 de este mes,   consiste en la multifoto, elevada a la enésima potencia. Uno diría que esa exhibición de rostros se trata de un reñido concurso de “bellezas judiciales”. O una lista de ofertas en el “mercado forense” en tiempos de liquidación.

Conclusión. El gobierno plurinacional, socialista, comunitario ha perdido una oportunidad más de proporcionar a la ciudadanía un poder judicial independiente, confiable, libre de la instrumentalización del poder central, capaz de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado y merecedor del aprecio y confianza ciudadana, como responsables de la más alta y noble función del Estado.