Análisis

P. Pedro Rentería: Vivamos “día a día” este 2017

De la serie: “A ti, joven campesino”

Estreno a tu lado, querido chaval del hogar-internado, el nuevo año 2017 con esta columna que quiere ser humilde encuentro periódico con adolescentes, jóvenes, papás y educadores. Con toda persona que tenga paciencia y buen humor para leerla.

Agradezco tantos mensajes recibidos en las últimas horas, que abundan en esos buenos deseos de felicidad y prosperidad para los próximos meses. Deseos, mil veces repetidos, que estoy seguro nacen de las mejores intenciones y bondades que albergan nuestros corazones. Aunque muchos digan que son palabras huecas, hijas de la costumbre, sin mayor significación, nacidas de la rutina y del mero “quedar bien” ante familiares y amigos.

Correspondo a tu mensaje, amiguito que me lees, en el que me deseas proyectos y desafíos bendecidos, además de recordarme lo mucho que me estimas. Y lo hago con otro sincero deseo de que vivas cosas bonitas, no dejes de sonreír y las esperanzas de futuro brillen en tu camino.

Es cierto que los pronósticos para este 2017 no son nada halagüeños. Así lo están manifestando con insistencia las gentes que se dedican al análisis de la actualidad, a la observación de tantas violencias y discrepancias como nos rodean. Parece que hay muchos predicadores de malos augurios y pocos que nos presenten un panorama más amable, positivo y esperanzador.

Te imagino informado de lo que pasa en nuestro entorno lejano y cercano: el terrorismo islamista que ha regado de miedo la vieja Europa, la interminable guerra en Siria, los miles de refugiados buscando un nuevo hogar, las víctimas de desastres climatológicos, los recientes desafíos que trae la cultura digital que nos va modelando… Más acá sigues observando la pobreza que se ceba en nuestros niños, la añeja escasez de trabajo digno y estable, las controversias en el mundo de la política a propósito del reemplazo en el poder o del eterno continuismo, la droga y otras adicciones que engañan y dañan a nuestros jóvenes, la falta de respeto a la vida desde la concepción…

Si no estás informado, te pido ese empeño que forma parte de tu educación y crecimiento como persona.

¿Será, padrecito, que el ser humano siempre estará en guerra, en violencia, en confrontación? -recuerdo que me dijiste un día con éstas o parecidas palabras.

Te respondí que esa es nuestra condición, nuestra fragilidad nacida en el comienzo de los tiempos. Así es nuestro eterno deambular por los siglos. También te dije cómo debemos ser responsables cada uno para comprometernos en mejorar, tan solo sea un poco, la realidad heredada.

Por eso hoy también te pido tu esfuerzo, junto al mío, para construir este 2017 y así hacer realidad -es lo que nos incumbe- los buenos deseos intercambiados en las últimas horas.

Imagino ahora tu pregunta desde la distancia: ¿Cómo conseguir eso, padrecito?

Y entonces… miro al cielo, rezo al buen Dios, leo su Palabra de Amor y me da por pensar que el cielo me devuelve una idea recurrente en mi corazón en los últimos tiempos. Me explico.

Aprendí, junto a mi padre enfermo durante muchos años, la importancia de vivir el “día a día”. Cada día trae su afán, nos recuerda el Evangelio y en el día a día debemos ser solidarios, positivos, alegres, puntuales, exigentes con nosotros mismos, disciplinados. Yo sé que esta idea me la has oído muchas veces.

Cuidando a un enfermo o realizando las variadas actividades de la vida ordinaria, el día a día nos anima a ser emprendedores y soltar la pereza que nos oprime, nos paraliza, nos hacer fracasar.

Me parece que la transformación global de nuestro mundo sólo se conseguirá acumulando las transformaciones de cada uno. Y mejor si esa ascesis personal la realizamos cooperando con los demás: familia, amigos, vecinos, colegas, comunidad, partido, movimiento.

Los individuos se conocen en el “día a día”. No hay otra. De visita, como se dice, todos somos buenos ciudadanos: simpáticos, colaboradores, risueños, generosos. Pero en la relación diaria, codo con codo, somos conscientes de lo bueno y menos bueno de los nuestros y de los otros. Ahí se ponen de manifiesto el esfuerzo y la flojera, el cariño y el desprecio, el equilibrio y la manía, la serenidad y el enojo, la palabra edificante y el grito destructivo.

Así que, changuito, ya sabes: vive “día a día” este 2017. Con humildad y sabiduría. Y si lo vas a vivir junto a este padrecito, ármate de paciencia y disponte a conocer mi colección de aciertos e incoherencias. Es el premio y el precio de la convivencia.

¡Feliz 2017!