Análisis

P. Pedro Rentería: “¿Será que no tienen mamá?”

Será que no tienen mamá
De la serie: “A ti, joven campesino”
Al finalizar el mes de Septiembre, dedicado en Sucre a la veneración de su Patrona, Virgen de Guadalupe

“…en la guerra y en la peste, en el hambre y en la sequía… todos a ti recurrimos”  

Como cada año, la Novena y Fiesta de la Virgen de Guadalupe, nos centra en la vivencia de la veneración a nuestra Madre y Patrona de Sucre.

En este 2020 todo es distinto debido a la pandemia que nos rodea, pero no queremos los sucrenses ser distantes a esta advocación que en otros años nos animó a asistir gozosos al Santuario de la Mamita y también, presumiendo de ella, a recorrer las calles céntricas de la ciudad en el día de su Fiesta.

Quienes hemos venido de lejos, quienes llevamos años viviendo en esta hermosa capital, ya consideramos a María de Guadalupe, convencidos, nuestra protectora y la elevamos una oración en favor de los nuestros que nos recuerdan desde la distancia.

Este año, que prometía ser mágico, allá cuando nos felicitábamos el primer día de enero, trajo consigo un desastre. Nunca lo pudimos imaginar. Ahora, en septiembre, ojeando hacia atrás esos meses duros de cuarentena vividos, entrando en el misterio de la Fe y desde múltiples evidencias de las que soy testigo, siento que la protección de la Madre ha estado presente en todo momento. Es cierto que no siempre se cumplieron nuestros deseos. Aprendimos a vivir gratuitamente la voluntad de Dios, dejando en sus manos aquello que nos duele entender y aceptar. ¿Qué mejores manos?

Yo sé que son miles las oraciones confiadas, elevadas a nuestra Gualala. Las redes sociales -ya nuestras buenas amigas- nos sirvieron para contemplar una vez más esa carita de niña, sonriente, de mirada penetrante, que recogía nuestros ruegos para ponerlos en la presencia de Papá-Dios.

Con lo escrito, los católicos no quitamos importancia a la acción salvadora única de Jesucristo. Lo que hacemos es celebrar la realidad que manifiestan las palabras del Evangelio de San Lucas: “Me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48). Y en eso estamos.

Ya adivino, cómo no, la pregunta que seguramente quisieras hacerme, changuito del hogar-internado, también desde tu alejamiento, desde tu casa. Y espero que pronto podamos vernos y regresar a esa normalidad, ahora añorada, de clases, juegos, música, rezos… De amistad.

A ver, padrecito, siempre le pregunto por los títulos: ¿quién es ahora el que no tiene mamá?

No dudes de que, si te escuchara en vivo, soltaría una sonora e inocente carcajada. Tan acostumbrado estoy a vuestras preguntas, sin duda “perspicaces” (ya sabes: diccionario).

Mira, amiguito, si tú tienes mamá, eres suertudo, como se dice en nuestros ambientes. Porque la mamá es refugio, cobijo, dulce sonrisa. Y también corrección en jornadas perdidas. La mamá es anhelo de días mejores y consuelo en situaciones familiares dolorosas. La mamá es seguridad en los trances que nos acercan a la enfermedad y la muerte.

La mamá, tu mamá, con su pollera de mujer campesina, es un mar de dignidad, me ha gustado siempre escribir. Cada arruguita de su rostro y cada gesto de su semblante nos transportan a un mundo seguro, donde los sueños son posibles porque no faltará su ayuda, su empuje, su sabiduría leída y aprendida en el libro grandote de la vida.

Quisiera pedirte buen chaval que, en la carita dulce de María Gualala, nuestra Patrona, vieras reflejada también la expresión sacrificada y luminosa de tu mamá. Sé que tu momento adolescente no es amigo de ciertas sensibilidades y cariños que te pueden avergonzar. Entiendo. Pero también sé que en ese tu corazón, todavía infantil, hay un rinconcito que la mamá ocupa con gracia y belleza.

Por eso hay gentes que, parece, no tienen mamá. Respondo a tu pregunta. Son quienes invocan la violencia y todo tipo de desajustes para conseguir sus metas. Quienes orgullosamente proclaman sus consignas, vaciando de contenido las de los demás. Cuando nos envuelve la mentira, el revanchismo, la corrupción, cuando negamos el diálogo y favorecemos el desencuentro… será porque no tenemos mamá. Esa mano fuerte, pero tierna, que nos pone en nuestro sitio, el que merecemos.

“María de Guadalupe, en la guerra y en la peste, todos a ti recurrimos”

 

[Imagen: latercera.com]