Análisis

P. Pedro Rentería: “James Webb, porfa, ¡apunta hacia el planeta Tierra!”

James Webb

De la serie: “A ti, joven campesino”

Eres una maravilla de la habilidad humana. Dicen que eres lo más prodigioso en tecnología que ha construido nuestra civilización.

Antes de entrar en materia astronómica, quiero felicitar al Correo del Sur por sus 35 años de vida informativa, cumpliendo siempre el ideal de todo periodista de informar veraz y puntualmente, colaborando en la construcción de una mayor y mejor convivencia y democracia entre nosotros.

Y ahora, chicos del hogar-internado, permitidme que hoy dirija estas líneas… ¡a un telescopio! Es el famoso James Webb que surca los cielos en busca de secretos de galaxias, exoplanetas y singularidades de este Universo, obra de Dios para los creyentes, ante el que nos quedamos así, con la boca abierta, y repletos del encantamiento de esas distancias siderales en años luz que nos resultan incomprensibles e inalcanzables. Por ahora.

Eres una maravilla de la habilidad humana. Dicen que eres lo más prodigioso en tecnología que ha construido nuestra civilización. Junto a la NASA americana, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense, 14 países han colaborado en tu desarrollo. Naciste al espacio, al cosmos, un 25 de diciembre de 2021. Te valoran en unos 10.000 millones de dólares. Y hasta ahora no has hecho más que sorprender a los científicos y astrofísicos -a muchos de nosotros también- con tus asombrosas imágenes de lo que llamamos el “universo profundo”, allá donde están sus pilares, sus orígenes.

Todo esto está muy bien. Quienes somos solo aficionados, y no expertos, en la magia de arriba, quienes no entendemos, alcanzamos a vislumbrar, seguro, una mínima parte de tu grandeza. Por eso, desde esa ignorancia quiero pedirte algo que sé que es imposible: apuntar, dirigir, tus 18 espejos de oro hacia nuestro planeta Tierra. Digo imposible porque creo haber leído que no fuiste construido para enfocar nuestra casa común, en franco deterioro ecológico y humano.

Pero hoy hazlo, porfa. Te llenarás de sorpresas. Buenas y no tan buenas. Serás testigo de hechos cotidianos, pequeños detalles, enormes desafíos, insignes proyectos y personas de toda condición social. Y con tu información posterior nos ayudarás a mejorar. Alguien lo comentó en tu lanzamiento: queremos conquistar estrellas y nebulosas, conocer los secretos del Big Bang y todavía nos falta mucho por descubrir, intervenir y mejorar en nuestro hermoso planeta azul.

Observa nuestra incapacidad para dialogar. Para entendernos. Para llegar a acuerdos, defendiendo posturas propias, pero también cediendo en criterios, hasta llegar al punto de conseguir soluciones pactadas y válidas para el conjunto de los ciudadanos. Siendo no-violentos y accesibles. Tratando bien a todos. Quizá te sorprenda tanto dolor como es capaz de infringir el ser humano.

Dirige tu lente principal a alguna calle solitaria de cualquier gran ciudad. Es posible que encuentres un adolescente -chica o chico- andando con torpeza y pensando compulsivamente muchas cosas que pululan en su mente. No tardará en sentarse en el rellano de las gradas de cualquier portal y la obsesión por suicidarse irá tomando forma, con el inminente peligro de hacerla realidad. Te sorprenderá su soledad. Nadie a su lado. Nadie en su corazón. Nadie para escucharle.

Afina tus instrumentos para captar y enfocar, aquí en Bolivia, nuestro mundo de la calle…”

Apunta tus delicados sensores a la casa común -como la llama el Papa Francisco- que cité antes. Un tesoro que estamos malversando, produciendo por ello el cambio climático que nos pasará factura en breve. Llegará a sorprenderte la falta de sencillos gestos que podrían influir positivamente: no botar al suelo el papel que envolvió la hamburguesa, desechar el uso exagerado de bolsas plásticas, distinguir y separar en la basura para reciclar: el vidrio, lo orgánico, el papel, el aluminio, el metal… Pon tu atención en las Cumbres del Clima de Naciones Unidas que, con grandes decisiones, desafían a los países participantes a responsabilizarse del futuro del planeta.

Voy terminando James Webb. Afina tus instrumentos para captar y enfocar, aquí en Bolivia, nuestro mundo de la calle: niñas, niños y adolescentes trabajadores, otros en situación de calle radical, adultos mayores -abuelitos- mendigando en las céntricas esquinas, enfermitos que nos ofrecen su poesía o su música por una limosnita, menores abusados y violados reconstruyendo juegos y sueños, ladronzuelos buscando las mil mañas para quedarse con lo ajeno… Y no olvido a los perritos de la calle, también suplicando un trozo de carnecita y una caricia. Te sorprenderían tantas historias humanas y perrunas a pie de calle.

Gracias James Webb. Escribía un día el gran santo jesuita Ignacio de Loyola: “…contempla con profunda ternura la redondez de la tierra”. Es la ternura que necesitamos más allá de prejuicios, sospechas, rencores, tristezas. Al fin, que tu viaje por las estrellas nos ayude a ser mejores.

Y gracias, chavales del hogar-internado, por aceptar el no poder ser hoy los protagonistas de esta columna. Ojalá que alguno quiera ser astrofísico. Tendrá grandes experiencias.

 

(P. Pedro es Comunicador Pastoral)

[Imagen: space.com]