Análisis

P. Pedro Rentería: “Houston… ¡tenemos un problema!”

De la serie: “A ti, joven campesino”

A ver, padrecito… ahora ¿qué le ocurre con esa frase rara del título? Porque nos dijo que escribiría sobre el último Encuentro Nacional de Estudiantes Católicos en La Paz.

Es verdad, chicos del hogar-internado. Lo que pasa es que un día de estos, de repente, me acordé de esa popular frase pronunciada el 13 de abril de 1970 -aún no habíais nacido- cuando los tres astronautas de la NASA, en la Misión Apollo 13, dos jornadas después del despegue desde Cabo Cañaveral en Florida, se vieron obligados a abandonar sus planes de realizar el tercer alunizaje tripulado. Y es que explotaron sus tanques de oxígeno.

Seguimos sin entender mucho, pero parece una historia interesante…

Pues a 320.000 km de distancia de la Tierra fallaron las células de combustible que proporcionaban electricidad, agua, oxígeno y luz. A partir de ese momento su único objetivo fue regresar vivos a casa. Y lo hicieron mediante el módulo lunar “Aquarius”, como bote salvavidas. Era el módulo que formaba parte de la maquinaria necesaria para alunizar en nuestro satélite con los astronautas a bordo. La historia terminó feliz y fue uno de los triunfos más celebrados de los vuelos espaciales del siglo pasado.

La frase en cuestión se popularizó usándose para dar cuenta, de manera informal, del surgimiento de un problema.

Entonces… ¿qué problema, padrecito, le da vueltas en la cabeza?

Escuchad, chicos. Ahora sí me referiré al Encuentro en La Paz del pasado fin de semana. Creo que resultaron formativas las charlas que nos ofreció Mons. Bascopé, Delegado de Educación en la Conferencia Episcopal. Así como las diferentes actividades realizadas en varios ambientes que nos obligaron a caminar por la ciudad, dando un lindo testimonio de jóvenes católicos.

¡Qué decir de las muchas dinámicas de ambientación y danzas que animaron las jornadas!

El problema -que no tiene mucho que ver con el Centro Espacial Houston en Texas- me surgió en la mañana del domingo cuando la Empresa de Telefonía Móvil desplegó todo su arsenal de buenos consejos para vuestra seguridad en la Red Internet.

¿No le gustó…? A lo mejor no le pareció bien que casi todos teníamos el celular en la mano…

Sí, claro que me gustó. Me parecieron acertadas y convenientes todas las recomendaciones que nos ofrecieron. Además, os vi disfrutar tanto que, seguro, hubiéramos seguido allí, en el Salón del Colegio San Antonio, durante toda la mañana o todo el día. Sólo que eché en falta algo.

¿Qué cosa, padrecito? Díganos.

Intento referirme al asombroso cambio que las nuevas tecnologías han producido en nuestras vidas, tanto en adolescentes y jóvenes como en adultos. Incluso, en niños. Cambio realizado en pocos años. Quienes conocieron la máquina de escribir, el correo postal o las no tan lejanas cintas de cassette, me entienden bien.

Eché en falta el denunciar las posibles adicciones que nos trae consigo el uso del celular, como ocurre con la pornografía o los videojuegos. Lo compulsivo, lo que no se puede evitar, ha entrado en la atmósfera de tantos adolescentes y jóvenes que, parece, tienen ese aparato pegado en sus manos. Y en ocasiones no ven ejemplo en nosotros, los adultos, cuando vivimos en esa misma atmósfera.

Eché en falta, cómo no, una voz sensata que os aconsejara “limitar” el tiempo dedicado al amiguete móvil, en favor de tantas otras actividades que forman parte de vuestro crecimiento en madurez.

Por ejemplo, os quisiera ver muchas veces con un buen libro en las manos y soñar otros paisajes, otras historias, otras fantasías, otras melodías… todo eso que nos sigue ofreciendo el gran amigo de hojas de papel. El gran soñador.

Pero, claro, una enorme Empresa de Telefonía Móvil necesita vender megas…

Bien, chicos, seguiremos trabajando todo esto y buscaremos una mejor comunicación en vivo, en directo, cara a cara, con los demás y con Dios. Sin celular.

Será buena idea cambiar el título de una vez: Mamás y papás… ¡tenemos un problema!