Análisis

P. Pedro Rentería: “El niño de los ´chuches´ y la Mamita Gualala”

Niño vendiendo golosinas

De la serie: “A ti, joven campesino”

…Igualmente son mágicos los chuches. Detrás de ellos hay historias, pequeñas historias con grandes significados. Soy testigo de una de esas historias, tan sencilla e importante como su protagonista”.

El diccionario es un buen amigo. Inevitable en multitud de ocasiones. Por eso consulto ahora ese término del título: “chuches”. Me remite a la palabra “chuchería”, es decir, “golosina”.

Disculpen mis lectores este comienzo abrupto en la columna de hoy. Tan solo quiero convencer a mis destinatarios más jóvenes, los chicos del hogar-internado, de la necesidad de conocer vocablos para enriquecer nuestra comunicación y, de alguna manera, jugar con las palabras, con su sonoridad, con su baile mágico cuando están bien situadas en un texto. Algo necesario también para nosotros, adultos.

Igualmente son mágicos los chuches. Detrás de ellos hay historias, pequeñas historias con grandes significados. Soy testigo de una de esas historias, tan sencilla e importante como su protagonista.

Ocurrió hace unos días. En la novena que estamos viviendo los católicos sucrenses en honor de nuestra Madre, María de Guadalupe. Lugar: la linda Catedral Metropolitana. Avistado el protagonista desde el confesionario, donde estuve atendiendo a varias personas durante un buen tiempito.

Un niño, no más de 8 añitos, con una simpática gorrita ilustrada con la bandera americana, mochilita al hombro, ofreciendo a los fieles presentes sus chuches. Con poca suerte: durante los minutos que presencié su accionar no consiguió arrancarles ni una monedita. A una vuelta me miró con esa carita que ponen los niños cuando se preguntan qué hará ese hombre metido en tan extraño armario.

De fondo las palabras sugerentes del celebrante -un buen hermano sacerdote- en su homilía bien preparada y los cantos reverentes que le acompañaron durante la celebración. También nuestros seminaristas del San Cristóbal que ponían el tono juvenil y vocacional al gesto de cariño hacia la Patrona de Sucre.

Para que el pequeño trabajador de calle no marchara frustrado me acerqué a él y le compré un par de esas golosinas que hacen las delicias de niños y mayores. Me reconoció enseguida porque es uno de los comensales que recibimos en el comedor solidario de los sábados en el Coliseo del colegio San Cristóbal. Aprovecho estas líneas para hacer algo de propaganda: necesitamos colaboración en ese comedor. Cualquier sábado, a partir de las doce del mediodía, nos encontrarán en el Coliseo y podrán conocer un poco mejor la realidad de nuestras gentes trabajadoras en situación de calle.

La anécdota descrita, la historia de los chuches, tiene su significado importante. No es así nomás, como decimos en nuestras conversaciones.

Me pregunto, usando la imaginación, qué pensaría la Mamita Gualala de lo descrito en estas líneas. Ella, dócil joven de Nazaret, acostumbrada a precariedades y trabajos humildes, acompañando discretamente a Jesús en su “pasar haciendo el bien” por las aldeítas de Galilea. Qué pensaría del fervor que la dedicamos sus fieles hijos, de nuestras oraciones, peticiones y ruegos, de nuestras ofrendas de bonitas flores y cirios, de nuestras lágrimas también. Y, al tiempo, qué mirada tendría hacia el pequeño niño de los chuches que puso la nota de inocencia en la magnífica celebración de la Catedral.

Porque este niño nos recuerda que a los ojos de Dios quien es el olvidado, el excluido, el descartado de nuestros grupos o comunidades, es precisamente el elegido para unir la comunidad, para abrirla a la auténtica inclusión de muchos.

El pequeño de los chuches simboliza a las gentes que realmente son estrellas y brillan, modelando las conciencias y los corazones”.

Quien yace en cama, enfermo e impotente, quien malvive en la calle, quien constantemente recibe violencia y desprecio, quien no tiene importancia y miramos con indiferencia… todos tienen una misión incomparable que da sentido a nuestras vidas. Ellos iluminan las naciones con su testimonio y con la inocencia de sus vidas. Ellos nunca rebotarán el mal y llegarán a ser protagonistas de la no-violencia que forjó grandes personalidades en la historia de las culturas. Para nada, resentidos. Para nada, buscando protagonismos estériles: los de los poderosos de turno.

El pequeño de los chuches simboliza a las gentes que realmente son estrellas y brillan, modelando las conciencias y los corazones. Con su fragilidad y debilidad nos hacen más buenos, solidarios y participativos, rompiendo desencuentros y animando voluntades.

En cualquier esquina de Sucre, en cualquier rincón de nuestras calles, te encontrarás, amigo lector, con el niño de los “chuches”. Más allá de la monedita que le des, háblale, pregúntale con respeto a propósito de su familia o su escuelita, haz que se sienta importante…

…Y te iluminará con su inocencia, con su dignidad.

 

(P. Pedro es Comunicador Pastoral)

[Imagen: laverdadnoticias.com]