Análisis

P. Pedro Rentería: “Crónica de un ingenuo”

Solo soy un padrecito español, misionero en Sucre desde 2004.

Me gustan estas gentes y estos lugares. Gentes acogedoras, emprendedoras, que saben de ilusiones, pero también de decepciones. Lugares lindos, llenos de historia y mostrando su hálito de nostalgia. Ciudad blanca, colonial, eterna, abierta a esos barrios periféricos tan populares y tan llenos, aún, de penurias.

Estudiantes mil por nuestras calles. Profesionales que van y vienen en lujosas movilidades. Doñitas vendiendo qué-sé-yo en cualquier esquina. Adolescentes bullangueros con sus mochilas a la espalda. Niños lustrabotas, niños malabaristas, niños limpiavidrios, niños pintores, niños canillitas… niños…

La cultura española, la mía, aterrizó aquí con particulares características. En el pensar, en el hablar, en el escribir. Esto a veces me cuesta. Me cuesta comprender, intuir, atisbar en el corazón de estas buenas gentes. Y es que el padrecito debe llegar al corazón. Otros, me parece, son charlatanes de superficialidades.

¿A quién no le duele lo que está pasando estos días en Sucre? Al día de hoy diríase que imperan el desencuentro, la cerrazón, el “yo tengo razón y tú no”. Incahuasi, con su reservorio de gas, se ha convertido en motivo de disputa y confrontación.

Los creyentes estamos rezando para que Diosito nos ilumine y se evite toda violencia, siempre estéril. Lo hacemos con nuestro Pastor a la cabeza, Mons. Juárez.

Yo no entiendo mucho de estas cosas. No soy técnico. Me enseñaron a leer, intentar vivir y compartir la experiencia del Evangelio. Es mi reservorio. Mi tesoro. Lo es para todos, sin fronteras, sin delimitaciones humanas, siempre frágiles.

Escucho, pregunto. Todos opinan… Límites de antaño. Mojones movidos. Campo compartido. Conciliación de límites. Nueva Ley de Delimitación. Vértices. Y, por supuesto, regalías.

Pero en este maremágnum de tecnicismos, de ideas, de intenciones, de descalificaciones, hubo dos palabras que me dieron un poco de luz: bien común. Pronunciadas, quizá, por alguien tan ingenuo como yo.

Bien común. ¿No es eso lo que necesita Bolivia? ¿No es mejor compartir tanta riqueza, ayudando a otros Departamentos para mejorar su nivel de vida? ¿O seguimos tolerando un país con las grandes diferencias económicas y sociales que existen hoy? ¿Qué país fragmentado, dividido, insolidario, queremos dejar a las generaciones venideras?

Aquellas primeras comunidades cristianas, después de la Muerte y Resurrección del Maestro, vivieron la comunión de bienes con entereza y sensatez. Todo lo tenían en común, nos dice el Libro Hechos de los Apóstoles. No permitían que alguien pasara necesidad. Y a lo largo de la historia de la Iglesia, tantos otros han vivido similar experiencia. También hoy. Es más, suele ser más generoso quien menos tiene, quien menos puede.

No quiero ser negativo. Y estoy seguro de que hay mecanismos de ayuda, de participación, que obligan a los Departamentos más acaudalados a compartir con los más quebradizos. Ojalá no sean las migajas.

Los creyentes seguiremos, no solo rezando, sino reclamando diálogo eficaz que mueva al mutuo entendimiento. Y reclamando que cada uno, también yo, nos preguntemos sobre la “verdad” que vivimos. ¿Cuál es nuestra verdad? ¿O nos mueven intenciones retorcidas que las llamamos “verdad”? ¿Cuál es nuestro grado de sinceridad o de manipulación para intereses oscuros?

La imagen que acompaño me resulta muy significativa. Me llegó a una conocida red social, pero desconozco su origen. Si alguien sabe, le agradecería que me lo dijera. Creo, eso sí, que está tomada en Plaza 25 de Mayo de Sucre. Es un niño pintor, ofreciéndonos esa dulce mirada del Cristo sufriente. Todo un mensaje en estos momentos de zozobra. Escena que rebosa candor e inocencia… Llamada de atención para los corazones corruptos. Palabra de ánimo para los cansados y deprimidos.

Mirada de perdón para todos.

P. Pedro Rentería Guardo

[Imagen: Internet]