Análisis

P. Miguel Mazanera: Jubileo Extraordinario de la Misericodia, parte 1

El Papa Francisco por medio de una Bula con fecha 4 de abril de este año 2015, anunció el Jubileo Extraordinario de la Misericordia a iniciarse el próximo 8 de diciembre, Seguramente muchas personas, se preguntarán qué significa ese Jubileo y qué ventajas traerá para los católicos, para la Iglesia y para el mundo actual.

La fecha de inicio, el 8 de diciembre, ha sido propuesta por ser la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la elegida para ser la Madre de Jesús, el Redentor del hombre. En ese día el Papa abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano para que sea la Puerta de la Misericordia a través de la cual todos los fieles peregrinos puedan obtener el perdón y la amistad con Dios. El día 13, domingo,3° del tiempo del Adviento, se abrirán también las puertas santas de la Catedral de Roma y de otras basílicas papales. El Papa invita a los Obispos católicos para que hagan también lo mismo en todas las catedrales del mundo. La clausura del Jubileo será el 31 de noviembre de 2016, fiesta de Cristo Rey.

A continuación hacemos un resumen comentado de la Bula de la Misericordia con 25 acápites. Ya el Papa Francisco en muchas ocasiones durante su breve pontificado se ha referido a la misericordia como la síntesis del misterio de la fe cristiana. “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr. Jn 14,9)”. La misericordia es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón humano a la esperanza de ser amados no obstante los propios pecados. La misericordia sintetiza el misterio de la Santísima Trinidad y es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

Francisco, atento observador de los signos de los tiempos, ha captado la urgente necesidad de proclamar el Jubileo de la Misericordia como un tiempo propicio para que los creyentes den un testimonio más fuerte y eficaz. Además este próximo 8 de diciembre se celebra también el 50° aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II, donde los padres congregados experimentaron un verdadero soplo del Espíritu que les impulsó a hablar de Dios a los hombres en un modo más comprensible, conocido como la Nueva Evangelización.

El Papa recoge los testimonios de sus predecesores en el pontificado. San Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II y afirmó que la Iglesia, como Esposa de Cristo, prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad. Igualmente el beato Pablo VI en la clausura del Concilio en 1965 proclamó que “la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad… La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio”.

Francisco invita a todos los creyentes a atravesar la Puerta Santa, como símbolo de la misericordia divina que de ninguna manera es un signo de debilidad, sino más bien es la cualidad de la omnipotencia de Dios. Por ello en una de las oraciones más antiguas de la misa se le invoca con estas palabras: “Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón”. Dios está siempre presente, cercano, providente, santo y misericordioso para la humanidad sufriente.

La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor visceral que proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón. “Eterna es su misericordia” es el estribillo que acompaña cada estrofa del Salmo 136 donde se narra la historia del pueblo de Israel. Jesús lo recitó con sus discípulos antes de su pasión, mostrando así que Dios es amor (1 Jn 4,8.16).

El mismo Jesús reveló que la misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus hijos. Estamos, pues, llamados a vivir haciendo misericordia, porque en primer lugar se nos ha aplicado a nosotros. El perdón de las ofensas es la expresión más evidente del amor misericordioso. Para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. “Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia” (Mt 5,7)

Por eso debemos encomendar a la Señoría de Cristo la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos, pidiéndole que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para construir en el próximo futuro una historia fecunda, con el compromiso de todos. El Papa exclama: “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!”. Invita a dar a conocer a todos, creyentes y lejanos, el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios, ya presente en medio de nosotros. El Espíritu Santo será la guía y apoyo de los fieles para que colaboremos en la obra de la salvación.

El Papa nos recuerda que tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de promover la misericordia. Por una parte, la tentación de luchar siempre y solamente por la justicia nos ha hecho olvidar que ésta es el primer paso, necesario e indispensable. Pero la Iglesia necesita, además, ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa. Francisco lamenta que en nuestra cultura la experiencia del perdón se está desvaneciendo cada vez más. El Papa recuerda la gran enseñanza de san Juan Pablo II con su Encíclica “Rico en Misericordia” en 1990, donde ya constataba el olvido de la misericordia en la cultura presente. (Proseguirá).