Pando

Obispo de Pando celebra apertura del jubileo extraordinario de la Misericordia

La persona humana vive de signos y gestos; estos le ayudan a comunicar, a entrar en relación y construyen realidades. Así cuando alguien está de duelo se viste de negro, cuando nace un niño en la familia, hay quienes ponen un rosón azul si es varón o rosado si es una niña, ponen signos. Porque por medio de estos signos comunicamos, decimos algo. 
La Iglesia ha proclamado este año el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Hemos hoy entrado a nuestra Catedral por medio de una puerta que casi no se utiliza y que hemos hecho bautizar como la puerta del jubileo para recordarnos este gesto: nosotros hoy hemos entrado por esta puerta del Jubileo para decir que entramos a ser parte de este camino del Jubileo y de gracia de la Iglesia. Y entonces he pasado por esta puerta del Jubileo porque quiero ser parte de esta experiencia de gracia. Hoy entro como Iglesia por este camino de misericordia. 
¿De dónde nace el Jubileo? Está en la Biblia. Quien conoce el Antiguo Testamento lo recuerda. En el año del júbilo se entraba en la dimensión de la gratuidad, de la gracia, la dimensión de crear la comunidad, el renovar la alabanza a Dios por el don de la vida y la naturaleza. Cada cincuenta años todos, en conjunto, permitían a la tierra descansar, regenerar la fuerza. Y mientras regeneraba la fuerza la naturaleza, regeneraba la fuerza el espíritu de las personas que dedicaban un año a las experiencias que son importantes en la vida y que muchas veces postergamos porque tenemos ocupaciones, cosas que hacer. 
Nosotros hoy con esta celebración hemos empezado este año del Jubileo, este camino que quiere ser un camino de gracia, un camino para dedicarnos de aquellas cosas que son importantes de veras y que muchas veces por las preocupaciones prácticas y materiales la pasamos a segundo plano, o, en definitiva, olvidamos. Hemos puesto signos, hemos venido caminando hacia la puerta de la misericordia porque la vida es un caminar hacia el Señor, hemos pasado por la puerta porque Jesús es la puerta, porque queremos entrar en el corazón del Señor, queremos participar de su amor, de su vida. 
Hemos recibido al comienzo de esta celebración la aspersión con el agua en recuerdo de nuestro bautismo que nos ha colocado en esta casa no como huéspedes de paso, sino como hijos. Hemos renovado hoy nuestro ser hijos en el recuerdo de la gracia del bautismo.
El Papa nos ha dado facultades extraordinarias para perdonar las situaciones de mal y de pecado, que sea un tiempo de gracia, que sea un tiempo de renovación, que sea un tiempo que hace nueva todas las cosas, que el Señor nos haga capaces de escuchar, que nos haga capaces de ver, de ver las cosas que no vemos o de las que a veces fingimos no ver. Que este sea un año en el que caminamos, y que degustemos el gozo de caminar, de crecer, de avanzar, para que sea un año de gracia. 
María la llena de gracia, que ha vivido en plenitud el júbilo del caminar con Jesús, del estar con Jesús, nos ayude a vivir este júbilo de caminar con Él. Acercarnos a Jesús nos enseña a acerarnos a nosotros mismos, acercarnos a nosotros mismos también nos enseña a acercarnos a los demás, para esto tendremos ocasión de meditar todo esto en este año de gracia. Que sea de veras un feliz jubileo para todos.