La Paz

Nueva imagen de los niños para la Noche Buena

En 30 minutos, Virginia Mancilla recibe en sus manos delicadas y cálidas a al menos seis Niñitos Jesús. En algunos casos, les faltan deditos y una buena peinada; en otros, manos y pies enteros deben ser intervenidos de urgencia.
“Desde muy niña trabajo en esto. Todo el año retocamos imágenes de santos, pero en épocas de Navidad el trabajo es exclusivo para los Niñitos. Nos esmeramos para que los Niños estén sanitos y churros para la noche del 24 de diciembre”, comenta.

Su habilidad y paciencia -convertida en arte- es la herencia que sus bisabuelos transmitieron a sus abuelos y luego al padre de Virginia, quien ahora comparte el legado con ella. “Es más de un siglo de tradición en la familia. Ahora, con mi hijo de 20 años que ya trabaja con nosotros, entramos a la quinta generación”, dice airosa.

Manteniendo el lazo familiar, Virginia, su padre y su hermana trabajan frente a frente en dos puestos de la Feria de Navidad del Parque Urbano Central. Allí se forman “largas filas de última hora” de paceños que llevan a sus Niños para que reciban curaciones y un cambio de apariencia, con nuevos peinados y hasta pestañas rizadas. Hasta la fecha, los Mancilla han recibido 500 imágenes, de todo tamaño, que serán entregadas en tandas hasta la tarde del 24 de diciembre.

El trabajo de la familia de artesanos es muy fino por lo que la mayoría de los clientes llega por recomendación de otros. “Lo sencillo lo hacemos acá, en la feria, en cuestión de horas; pero hay cosas muy morosas y difíciles que deben hacerse en el taller de la Jaimes Freyre. Sobre todo en el caso de los Niños de cera que deben repararse al frío y al calor”, explica mientras acaricia el cabello de un Cusqueño original que recibió hace poco.

Las cicatrices de anteriores curaciones, el polvo en su rostro, sus cabellos opacos y desaliñados son las marcas de la antigüedad en la imagen eternamente infantil. “Como éste, he visto Niños de más de 200 años que son reliquias y que ya no existen. Si los dueños me dieran permiso sacaría un molde para volver a hacerlos”, dice mientras observa que en un buen trabajo las curaciones no deben notarse.

La reposición de cada dedito en una imagen tiene un costo de 20 bolivianos. “Parece fácil, pero no es así; en los deditos hay que hacer hasta el detalle de la uñita, el del doblez de la piel y del color para no desentonar. Otros restauradores cobran más barato pero hasta miga de pan usan en vez de masilla y dañan la imagen”, argumenta dulcemente.

Algunos clientes muestran recelo antes de dejar a sus “bebés” en los talleres; pero, otros los abandonan sin remordimientos en manos de la restauradora. Los dejan para ser acicalados y nunca regresan por ellos.

“En casa tenemos un pesebre hermoso y enorme y ahí acojo a todos los Niños abandonados. Hasta la noche de Navidad los pongo aún más guapos, les curo hasta el último raspón y luego les busco una familia que los quieran mucho”, cuenta la restauradora. Los candidatos para tan especial regalo son generalmente parejas jóvenes y cariñosas.

Virginia cuenta que por las noches, en su casa llena siempre de Niños, se escucha pandillas de niños reir de sus travesuras en el patio del taller familiar. En sus habitaciones, papá, hija y nieto no se sorprenden pues saben que la fecha es especial y que los pequeños enfermos y sanos salen a jugar. “Por eso hay que guardar a los Jesusitos en cajas separadas, sino habrá que volver a retocarlos”, comenta divertida.