Análisis

Nestor Mora “Cuaresma Práctica: Limosna”

¿Limosna? Pero si eso ya está pasado de moda. Lo que impera ahora es la “solidaridad”. La limosna se entiende como un tipo de vasallaje denigrante, que los desfavorecidos tienen que aceptar para poder comer. ¿Cómo es posible que la Iglesia nos indique la necesidad de dar limosna cuando tenemos la solidaridad?

Solidaridad, filantropía, voluntariado, son palabras modernas que suplantan las que el Evangelio nos ha legado. Las palabras evangélicas tienen una fuerte carga de amor, cercanía, afecto y compromiso. Las palabras modernas, hablan de exterioridades que son importantes, pero que no llegan a transformarnos.

Muchos dan la limosna exteriormente, y, sin embargo, no la dan interiormente; éstos son los que quieren aparecer misericordiosos por ambición o por algunas otras miras temporales. #SanAgustin (Sermón de la montaña 2, 2, 9)

¿Cuál es el objetivo de la limosna? ¿Dar al que no tiene? Cierto es un objetivo importante, ya que aliviar el sufrimiento de un hermano siempre es bueno, pero la limosna es más que eso. Conlleva mover un elemento humano: misericordia y uno sobrenatural: donarse.

Aunque compartir los bienes terrenales sea bueno, Cristo quiere algo más de nosotros. Quiere que nos compartamos nosotros. Quiere que compartamos lo que cada uno de nosotros somos y los talentos que El nos ha dado. Una sonrisa es a veces más misericordiosa que un billete de gran valor. Con el billete se cubren las necesidades físicas. Con la sonrisa se transmite dignidad y valor a quien la recibe. Ojo, esto no quiere decir que no aportemos nuestro dinero y bienes a quienes lo necesitan, sino que además de esto, es necesario dar ese algo más que Dios nos ha dado.

El problema es que somos tremendamente avaros con los dones que Dios nos ha dado. Si somos inteligentes, utilizamos la inteligencia para nuestro provecho. Si somos buenos comunicadores, buscamos rendimiento de este don. Si tenemos don de gentes, lo utilizamos para ser considerados en la sociedad. Si tenemos voluntad, la usamos para nuestro beneficio personal. ¿Por qué no compartir estos dones? ¿No es eso lo que Cristo nos pide al decirnos que nos neguemos a nosotros mismos?

El reto del cristiano del siglo XXI es aportar a la sociedad lo que las ONGs, colectivos sociales y asociaciones no pueden aportar: sobrenaturalidad. ¿O se nos ha olvidado que el Reino de Dios no es de este mundo?