Análisis

Nataly Carrasco: Santas de la puerta de al lado

Ser santa o santo, no significa ocupar altos cargos en la jerarquía eclesiástica, o tener dones sobrenaturales, el Papa Francisco nos habla de otro tipo de santidad, “santas y santos de la puerta de al lado” personas que siguen el camino de Dios, lo escuchan a través de su palabra y llevan el evangelio sirviendo e incluso dando la vida a favor del prójimo.
En el mundo, hoy más que nunca, se ha escuchado el grito de dolor de los enfermos del COVID 19, pobres, abandonados y necesitados del afecto que les ha sido negado. Ese grito se hizo eco en el corazón de Sor Teresa Ruíz religiosa de la congregación Siervas de María Ministras de los enfermos en la ciudad de Sucre, Bolivia.
En el hospital San Pedro Claver, relata Sor Teresa, cada día es un sobre salto, “estamos en riesgo constantemente, pero sabiendo que estamos en las manos de Dios, todo en paz. Nosotras ponemos los medios, Dios decide, él es nuestro refugio y nuestra roca, su palabra no falla nunca.
No tengo miedo a la muerte porque yo creo firmemente que tendré que morir un día exacto, está en la mente de Dios, no se adelantará, ni un día, ni se atrasará ni un minuto; y si está en los planes de nuestro padre Dios que sea en este tiempo, bendita sea su santa voluntad, estoy en sus manos, pero no me replegaré, sé que estoy expuesta y mis hermanas también, por el hecho de vivir en el hospital.
Ya comenzó está guerra, pero es una guerra sin armas y, aun así, no nos rendiremos, no abandonaremos a los enfermitos, ni a los que perseveran hasta el final. Si papá Dios, nos da la fuerza y permite continuar en la lucha. Lo digo de corazón mi deseo es morir de pie y dar la vida en el intento de ganar la batalla a este virus con las armas de la fe, esperanza y amor, como nos enseñó Jesús”
El hospital San Pedro Claver es uno de los centros hospitalarios en el país destinados, recientemente, a la atención prioritaria de personas víctimas de la mencionada pandemia.
Hoy más que nunca, se hace necesario dejar de lado quejas y reclamos por no poder salir de nuestros hogares y pensar en estas religiosas que en Bolivia y en el mundo, ofrecen su servicio y la vida misma en el cuidado de los enfermos y ahora , de los pacientes del COVID 19. Son esos espejos para mirarnos de cuerpo entero, santas de la puerta de al lado.
Hace más de un siglo, las llamadas hijas de María Soledad Torres Acosta, viven ese tipo de santidad, atendiendo a ancianos sin familia o abandonados. Niños, jóvenes o adultos con alguna enfermedad terminal. En hospitales, en comunidades campesinas, siempre calladas, amando sin fronteras, no las ves protagonizando videos que se viralicen en las redes sociales, luchan contra otro tipo de virus, esos que no solo terminan con la vida de los seres humanos, sino que pretenden alejar a los pacientes del amor de Dios, los denominados males de la sociedad moderna: la soledad, depresión y abandono.
La habitación del enfermo se convierte, para ellas, en un Santuario de amor donde Cristo es inmolado y en ese clima de oración, realizan su ministerio. En palabras de su fundadora, Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía sino de poder y amor.