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Nadie tiene que arrodillarse ante el poder político ni aceptar sumisión alguna que melle la dignidad de la persona: Mons. Sergio Gualberti

Al comenzar su homilía, Mons. Sergio Gualberti anunció que hoy es el DOMUND o domingo mundial de las misiones y “estamos animados por el lema: Atrévete, anuncia el evangelio”. En ese contexto recordó las palabras del Papa Francisco que dice “la humanidad tiene una gran necesidad de alcanzar la salvación que nos ha traído Cristo”

Mons. Gualberti al rememorar el encuentro de Jesús con los fariseos en el que estos intentaron maliciosamente inducir a Jesús a brindar una respuesta que pueda comprometerlo, recordó también que Jesús instauró un dicho que tiene mucho peso en la Historia de la Fe: “Den al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” En otras palabras devuelvan al César lo que es suyo, pero el pueblo es de Dios.

El prelado explicó que Jesús aclara que el Señorío político, “de ninguna manera puede ponerse en el mismo nivel de Dios. Y esta afirmación es una novedad que quita a los adversarios toda posibilidad de replicar y que pone todo el actuar humano y político bajo la influencia de Dios”. “Jesús no acepta alternativas: o Dios o el César, sino que pone las cosas en su lugar”

Lo último y esencial para el ser humano, no es el César o el poder político, sino DIOS.

Mons. Gualberti denunció que “la divinización del poder político sigue siendo la gran tentación del mundo de hoy” manifestó también que los césares del mundo buscan constituirse en señores del mundo construyendo reinados totalitarios y poniendo a todos a pensar y actuar a la manera de ellos. Gualberti recordó que “en este aspecto el Señor es tajante: Yo soy el Señor no hay otro”

El Arzobispo anunció al pueblo de Dios que “nadie tiene que arrodillarse ante esos poderes ni aceptar sumisión alguna que melle la dignidad de la persona. Nuestro amor y entrega total se lo debemos solo a Dios, incluso en caso de que el poder político impidiera conocer a Dios como la última referencia en la vida personal, entonces el cristiano tiene la obligación de no acatar esas pretensiones.”

Mons. Gualberti demandó al pueblo de Dios a “obedecer a Dios antes que a los hombres”, reconocer a Dios, no significa denigrar para nada el ámbito político. No hay nada fuera de Dios. Para ejercer una política sabia hace falta respetar las leyes fundamentales que el Señor ha puesto en el interior del ser humano como el respeto de las personas, de la vida, los derechos humanos, la justicia y la verdad y la promoción integral del ser humano y de todos sin discriminación. Todos deberíamos reconocer su señorío, y por lo tanto quien ejerce el poder político sobre los demás nunca tiene que olvidar de dar a Dios lo que es de Dios.