La Paz

Aurelio Pesoa: En la vida el trigo y la cizaña están por todas partes, están en cada ser humano

 Es la afirmación de Mons. Aurelio Pesoa, Obispo auxiliar de La Paz y Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana, en su homilía desde la Basílica Menor de San Francisco, el domingo, 19 de julio: “El mal del mundo, los intereses particulares, las envidias, el afán de poder, la mentira, la competencia para ser más que los demás, el egoísmo”, son la ausencia de Dios, dice el Obispo a tiempo que asegura que “toda persona es una mezcla en la que hay presencia de Dios, el trigo, y presencia del mal, la cizaña”, “No obstante en esta vida nos decidimos por estar al servicio de Dios o al servicio del mal”.

En este sentido destacó la persona de Mons. Eugenio Scarpellini, agradeciendo a Dios todo lo vivido con él “…de haber gozado de su fraterna amistad, de su confianza, de su cuidado pastoral y encontrar la paz en el compromiso de continuar su obra de amor, de pacificación, de entendimiento entre todos, de construcción de un mundo en el que predomine el trigo bueno de Dios, el trigo del perdón, de la reconciliación y de la bondad”.

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (A) 2020

1.-  La Palabra de Dios este domingo es una proclamación que no deja lugar a dudas de la bondad de Dios. La presencia del mal en el mundo puede crear dudas sobre esa bondad divina, pero la Palabra sale al encuentro de nuestras dudas para proclamar con toda claridad: “Fuera de ti, Señor, no hay otro Dios que cuide de todos” “Juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia.  Al obrar así, Tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres”, como afirma el libro de la Sabiduría que hemos escuchado.

En el Salmo con el que hemos orado, en respuesta a la Palabra de Dios, se afirma también con toda claridad: “Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan.  Tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas. Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y fidelidad”

2.-..Queda fuera de toda duda que la presencia en el mundo del mal o de la maldad, no viene de Dios. Él no es cómplice del mal, sino que Él, como afirma la parábola, sembró buen trigo en este mundo. Hizo un mundo bueno, creó lo bueno del corazón humano, lo hizo todo para el bien, la creación expresa su bondad y su misericordia, ella es imagen de su bondad y su ser amoroso y misericordioso.

El mal del mundo, los intereses particulares, las envidias, el afán de poder, la mentira, la competencia para ser más que los demás, el egoísmo, la ausencia de misericordia y comprensión en el juicio a los demás, la cizaña en definitiva, no vienen de Dios. Son la obra de un enemigo que sembró algo sorpresivo y extraño en el campo de Dios.

3.-   En la vida el trigo y la cizaña están por todas partes, están en cada ser humano.  Toda persona es una mezcla en la que hay presencia de Dios, el trigo, y presencia del mal, la cizaña. Por ello, debemos ser muy pacientes, como paciente y comprensivo es Dios, porque solo al final se podrán separar de forma clara el trigo de la cizaña.

No obstante en esta vida nos decidimos por estar al servicio de Dios o al servicio del mal, uno de los dos predomina en nosotros. Dejamos que crezca el trigo o que crezca la cizaña, servimos a uno o a otro.

4.-   Quiero recordar hoy a alguien que, con su vida, fue imagen de esa bondad de Dios, alguien que se caracterizó por dejarse trabajar por Dios, que puso a Dios como lo primero de su vida, que fue buen trigo, expresión de la obra de Dios, Mons. Eugenio Scarpellini, el Obispo de El Alto, que nos dejó de forma sorpresiva e inesperada esta semana y que este Domingo, hoy, debía estar presidiendo esta Eucaristía.

Siento la ausencia de quien ha dejado un gran vacío.  Siento que nos ha dejado antes de lo que humanamente era natural, nos ha dejado con el vacío de las personas que son imprescindibles, esenciales.

El dicho afirma que nadie es imprescindible, y es verdad, todos somos prescindibles y tiene Dios poder, en su infinita sabiduría, para buscar sus instrumentos en cada momento de la historia.

Pero hay personas que, por su espíritu de servicio, por su dedicación al trabajo, por su inteligencia, por su entrega, por sus aportes continuos, por el amor que transmiten en todo lo que hacen, se convierten en fundamentales, esenciales, realmente importantes, cuesta mucho seguir caminando sin ellos, sin su presencia, sin sus consejos, sin su colaboración.  Eugenio fue una de estas personas.

5.-  Gracias a Dios por la presencia de Dios que he podido vislumbrar en Eugenio. Por el trabajo de Dios en Él, por la grandeza de la persona que he podido captar en él, por la pasión divina de sus palabras, de sus trabajos, de su dedicación pastoral, de su convicción.

Doy gracias a Dios porque he visto en Él, en su persona, en su vocación, en su ser de pastor entregado a la Iglesia, el trigo de Dios, la comprensión y humanidad del corazón de Dios, la paciencia de Dios.

6.-  He tenido la dicha de participar con Mons. Eugenio en los trabajos de pacificación del país, en momentos difíciles y complicados, momentos en los que no se podía dejar que los intereses particulares se impusiesen al interés común, o al sentido común, a la búsqueda del bien de todos, del pueblo boliviano.  Eugenio me ha mostrado siempre, en su rostro, en su sonrisa, en su reflexión, en sus palabras, en su pasión, en su incansable dedicación a la construcción de la paz, del entendimiento entre todos, un enorme amor a Bolivia y a los bolivianos.

Me ha dado lecciones a mí, boliviano, de amor a Bolivia, a mi patria. Realmente hay personas que aman más allá de las fronteras, de razas, de nacionalidades, de lenguas, de ser de aquí o de allá; personas que aman al ser humano, porque su humanidad es signo del Dios creador y dador de la vida a todo ser humano, más allá de las diferencias.

Ha sido un pastor de corazón universal, lleno de amor más allá de toda diferencia y más allá de toda cizaña. Trigo fecundo sembrado por el Señor para una cosecha divina en el Reino celestial.

7.-  Cuánto cuesta separarse de quien es persona y pastor, amigo entrañable y Obispo. Cuánto cuesta hacerse a la idea de que ya no estará entre nosotros. Cuánto cuesta encontrar la paz, en medio de sentimientos que se revelan a dejar ir a quien era una persona que transmitía seguridad y confianza.

Pero debemos dejar ir a Mons. Scarpellini, que ha sido llamado por Dios, cuando no lo esperábamos y encontrar la paz, en el agradecimiento por todo lo bueno que vimos en él, por el regalo de Dios que supuso el privilegio de haberlo conocido, de haber gozado de su fraterna amistad, de su confianza, de su cuidado pastoral y encontrar la paz en el compromiso de continuar su obra de amor, de pacificación, de entendimiento entre todos, de construcción de un mundo en el que predomine el trigo bueno de Dios, el trigo del perdón, de la reconciliación y de la bondad.

Lo apenas dicho, desde este lugar en donde él presidió muchas Eucaristías quiere ser un homenaje al sacerdote, Pastor y amigo.

Eugenio, hermano, ve en paz a gozar de Dios y acompáñanos con tu intercesión y con el mismo amor que siempre tuviste a este país y a esta Iglesia de Bolivia.  Así sea.

 

Fuente: Iglesia Viva