Análisis

Monseñor Jesús Pérez: “El paso”

Paso de Dios por la historia

En el mes de marzo escuché varias veces que me decían, más de uno, refiriéndose a la pandemia del coronavirus: “Monseñor, ¿dónde está Dios?” Les contestaba simplemente y con ironía: “Dios está donde le hemos puesto muchos: fuera de nosotros”. 

Iniciemos la tercera semana de Pascua, o sea, sigamos celebrando la gloriosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Deben seguir el cirio encendido, símbolo del Resucitado, el adorno exuberante de las flores frescas, los aleluyas más solemnes y repetidos. Seguimos celebrando la Pascua. Los fieles deben seguir colaborando al embellecimiento de nuestras celebraciones, especialmente en este tiempo pascual.

La palabra Pascua quiere decir, en su origen, “PASO”. Se trata del paso de Dios por la historia y la vida de las personas. Ese paso de Dios mueve a la persona a dar, a su vez, un paso decisivo hacia la libertad y hacia la comunión con Él. Dios está en el mundo. Dios habita en el corazón y en la vida de cada creyente. Dios quiere estar con nosotros. Aquella noche de la salida de los israelitas de la esclavitud de Egipto es el prototipo de ese paso salvador de Dios, que ama a su pueblo. En el mes de marzo escuché varias veces que me decían, más de uno, refiriéndose a la pandemia del coronavirus: “Monseñor, ¿dónde está Dios?” Les contestaba simplemente y con ironía: “Dios está donde le hemos puesto muchos: fuera de nosotros”.  ¿No es cierto que la mayoría no quiere a Dios en sus vidas y además lo quieren fuera de nuestras leyes?

A Dios quieren adjudicarle muchas cosas como si fuera obligación de Él. Cuando Jesús multiplicó los panes y comieron hasta hartarse, al día siguiente le buscaron los judíos y Jesús les dijo: “Ustedes me buscan porque les di de comer… Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna” (san Juan 6). Algunos piensan que es a Dios a quien le corresponde solucionar nuestros problemas de la vida, pero esto no es tarea de Dios. Así les hizo ver a aquella gente que lo buscaba por sólo sus intereses.

Con frecuencia pensamos que ese paso de Jesús, de la muerte a la vida con la resurrección, debiera realizarse en un solo momento. Pero no, el paso salvador de Jesús de la muerte a la vida, ocurrió, sin duda, en un momento. Un segundo antes, un cadáver exánime yacía en el sepulcro. Un segundo después, la piedra corrida proclamaba la definitiva derrota de la muerte. Pero olvidamos que si la noche de la salida de Egipto fue el paso del Señor, fue también el comienzo de un largo caminar “por el desierto y bajo el sol”. La Pascua es un camino, un proceso, una lenta maduración. La vida nueva de Cristo, que sale de su resurrección, no brota instantáneamente en nosotros: debe madurar trabajosamente en nosotros.

¿Cómo estás cultivando esa semilla divina sembrada en ti en el bautismo y que todos los cristianos hemos renovado en esta Pascua?

Sí, la Pascua es un camino en el seguimiento de Jesús, que no se consigue transitar en un día. Por eso, la liturgia quiere enseñarnos hoy, con el episodio de Emaús, que la paciencia es muy necesaria para recorrer el camino de la Pascua hasta el final. Te invito a preguntarte: ¿Cómo va madurando en ti el germen de la Pascua? ¿Cómo estás cultivando esa semilla divina sembrada en ti en el bautismo y que todos los cristianos hemos renovado en esta Pascua? ¿Cómo participas en nuestras celebraciones del “Día del Señor”?

Sucre, 26 de Abril de 2020

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

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